JESUITAS Y DOMINICOS
E sta es otra de esas historietas que uno escucha por ahí y siente la necesidad de repetirla. Cuentan los viejos de mi lugar que hace años, cuando se puso de moda el hoy tan denostado uso del cigarrillo, éste se extendió muy pronto a los religiosos cuya parte humana era harto proclive a los pequeños placeres de la carne. Superiores exigencias les hacían renunciar a los de mayor cuantía, por entenderse que estos han de entrañar necesariamente el aborrecible pecado. El placer, según ellos, es el engañoso camino por el que el maligno encamina a las almas confiadas hasta los abismos del infierno. Y dicen que dos venerables miembros del clero secular, jesuita uno y dominico el otro, presas ambos del brumoso hábito, decidieron consultar con el Santo Padre sobre lo procedente de incluir el uso del tabaco en sus actividades cotidianas. Llegados a Roma y recibidos por el pastor universal, el jesuita, que por su antigüedad fue el primero en despachar, le planteó la cuestió...