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jueves, 25 de junio de 2026

RELEYENDO EL INFINITO EN UN JUNCO

VALLEJO, IRENE, El infinito en un junco, Siruela, 2019

Por fortuna estamos rodeados de libros, no siempre fue así. (En nuestro siglo XXI,  la catarata de letra impresa desborda todos los diques de la mesura. Se publica un nuevo título cada medio minuto, ciento veinte cada hora, dos mil ochocientos al día, ochenta y seis mil al mes. (263). Han proliferado ferias y escritores hasta el punto de que uno se pregunta si habrá más de un lector por cada uno de los escritores que pueblan las innumerables casetas de esos eventos. Eso es bueno, en cualquier caso, es una muestra de que la familia cultural está viva y en ebullición, pero dada la limitación de las cosas humanas se impone la selección. Si, además, el lector pertenece a la longeva clase de los que se sienten irremisiblemente tentados a la relectura de textos cuyo recuerdo se va opacando entre las telarañas del olvido, es imprescindible una cuidadosa elección de los ‘libros de cabecera’. Supongo que cada uno tenemos la nuestra, un número de autores seleccionados sobre los que volvemos una y otra vez sin que ninguna de ella salgamos defraudados porque -como diría el filósofo-, el libro ha cambiado y nuestros ojos también, nunca se lee dos veces el mismo ejemplar. Algunos de esos libros fueron descubiertos en la juventud ávida de conocimientos. Otros más tarde, y algunos cuando ya el lector andaba en las postrimerías y pensaba -con la ignorancia que nunca desechó-, que nada le quedaba por ver.

A esta última clase de libros quería referirme: a El Infinito en un junco de Irene Vallejo.

Un comentario pausado sobre este excede con mucho mi capacidad, el libro me resulta inabarcable para una reseña, así es que me centraré a modo de disección, en los párrafos referidos al relato de algunos pensadores griegos. Me limitaré a señalar una serie de citas que excusan cualquier comentario, ya que, Los griegos siempre tuvieron fama de grandes charlatanes y de litigantes inagotables - los que cumplían los requisitos de ser libres y hombres-, tenían la posibilidad de hablar ante sus conciudadanos en la Asamblea, donde se votaban las decisiones políticas. (203)

Los griegos, amaban las palabras y los argumentos incisivos. Por eso eran capaces de crear poemas de bellísima orfebrería verbal, pero también de convertir cualquier discusión en una riña estéril y destructiva. En ausencia de leyes contra los libelos y agravios, los oradores se maltrataban unos a otros con un verdadero lujo de injurias. En los tribunales –todos compuestos por jurados-, las cuestiones legales importaban menos que la astucia de la argumentación. (204)

Como resulta imprescindible, se hace en el libro mención al mito o alegoría de la caverna que Sócrates explica a Glaucón. Hay en este relato una bellísima invitación a dudar, a no conformarse con las apariencias, a romper las ataduras y abandonar los prejuicios para mirar la realidad cara a cara. (209)

Platón imagina una gruta en la que están encadenados, inmóviles desde la infancia unos hombres que solo pueden mirar fijamente la pared que tienen delante. A su espalda, un fuego proyecta sombras movedizas de los hombres cargados de objetos que discurren como en una procesión. Para los prisioneros inmovilizados, esa es la única realidad que existe, no han conocido otra.

Uno de los prisioneros se libera de sus cadenas, se gira y ve una situación distinta a las sombras que se proyectaban sobre la pared, pero si alguien le dijera que esta que ve ahora es la realidad, no lo creería. Intentaría volverse de nuevo a su antigua posición desde contempla lo que él considera la auténtica realidad. Platón imagina que el hombre sale al exterior y queda momentáneamente cegado por la luz del sol, pero poco a poco sus ojos se van acostumbrando a la claridad y percibe una nueva situación y un conocimiento del entorno diferente a la percepción que tenía dentro de la cueva. Le es dado conocer la situación de seres reales, del firmamento, de la luna y el sol. Piensa que esa existencia es superior a la que conocía en la caverna y decide compartirla con sus compañeros de cautiverio, sacarlos a la luz del sol, darles a conocer la verdad que ha descubierto. El prisionero liberado se ha convencido de que el mundo que ha descubierto es superior al que estaba acostumbrado a ver en la cueva, estaría satisfecho de su descubrimiento, se compadecería de los demás y querría llevar a sus compañeros encarcelados en la caverna fuera de ésta, hacia la luz del sol, hacia el mundo real.

Vuelve a la caverna, pero sus ojos, acostumbrados a la luz exterior no pueden percibir nada en la oscuridad. Sus compañeros creen que su ceguera ha sido provocada por su salida y lo matarían si no estuvieran encadenados, matarían a cualquier persona que intentara alterar su situación dentro de la caverna, de ninguna manera querrían salir al mundo exterior.

La alegoría da para mucho, tanto que lleva dando vueltas por las facultades del mundo entero desde el siglo IV antes de nuestra era y proporcionando abundantes quebraderos de cabeza a los estudiantes de filosofía que se tropiezan con ella en las aulas.

Sin embargo, nos dice la autora, las enseñanzas de Platón siempre me han parecido asombrosamente esquizofrénicas en su explosiva mezcla de libre pensamiento e impulsos autoritarios. (209). En su opinión [de Sócrates], se debe procurar que los jóvenes mueran gustosamente en la batalla “Haremos muy bien –afirma- en suprimir los lamentos de los hombres ilustres, para atribuírselos en cambio a las mujeres”. (210)

Descubrimos que en Platón late un riguroso censor que propone una policía poética para vigilar la nueva literatura que algunos jóvenes poetas se aventuran a poner en circulación. El poeta no podrá componer nada que contradiga lo que la ciudad considera legal, justo, bello o bueno; una vez escrito su poema, no podrá darlo a conocer a ningún particular, antes de haber sido leído y aprobado por los jueces que para ello hubieran designado los guardianes de las leyes (…) y aquel al que escogimos como director de educación. (210) Aunque Platón sigue fascinándonos porque, al contrario de lo que prescribe, es agudo, paradójico e inquietante. (212)

Sabemos que Platón era contrario a la democracia ateniense que había sido la inductora de la muerte de Sócrates, del que toma la responsabilidad de hacerlo hablar después de muerto, probablemente hubiera querido instaurar un modelo político inmutable, en el que no hicieran falta nunca más cambios sociales ni impúdicos relatos que socavasen los cimientos morales de la sociedad. Deseaba estabilidad, deseaba el gobierno de los sabios y no el de la necia mayoría. (211)

Al parecer, ya en su tiempo los escritos de Platón referidos a Sócrates eran motivo de discusión y controversia. Relata Calimaco, un escritor miembro del Museo de la Gran Biblioteca de Alejandría que un joven lector, Cleómbroto de Amgracia, se lanzó al vacío desde lo alto de las murallas después de leer un tratado de Platón.

Como vemos, las figuras de Sócrates y su escribano Platón siguen estando vigentes dos mil quinientos años después de la desaparición de sus autores debido, sin duda, a ese artilugio que la llegado a nuestras manos en diversas modalidades agrupadas con el nombre de libro. Que proliferen tanto que resulte al común de los mortales abarcar siquiera una ínfima parte de ellos no debe resultar frustrante, de la misma forma que hemos de conformarnos con la propiedad –a ser posible- de algunas pepitas de oro sin envidiar por ello la posesión de la enorme cantidad de ellas esparcidas por la faz de la Tierra.

Y quizás sea cierto que sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer un libro; hay mucha más pedagogía en la inquietud que en el alivio. (213)

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 21 de junio de 2026

BRUJERÍA E INTOXICACIÓN DEL BULO

 

La brujería establecida en Europa como fenómeno de masas durante los siglos XV al XVIII constituye un efecto social, cultural y religioso completamente vacío de constructos reales o comprobables que, sin embargo, ha dejado un consistente poso en la literatura, el arte y las tradiciones de las sociedades europeas actuales.

En su libro Nexus, Yubal Harari cita esa cuestión como ejemplo de manipulación toxica sin base real que, sin embargo, puede alcanzar proporciones capaces de alterar la convivencia y acarrear graves daños a las sociedades afectadas.

Los orígenes de la brujería pueden rastrearse hasta la antigüedad clásica. Griegos y romanos emitieron leyes al respecto dejándonos amplia documentación, pero tuvo su máximo apogeo en Europa hacia finales de la Edad media que se prolongaría durante más de doscientos años. Se extendió la idea de que las brujas -casi siempre mujeres, a las que se atribuía cierta debilidad de caracter y propensión a prácticas esotéricas-, obtenían una serie de poderes mágicos mediante pactos con el diablo. Se desarrolló una potente mitología tras la que se ocultaban delaciones por crímenes y abusos reales o supuestos asociados con varias sectas heréticas practicantes de orgias, canibalismo, infantilismos rituales y otra serie de barbaridades que tenían fácil asiento en el ambiente crédulo e ignorante de la época. La quema en la hoguera era el castigo generalmente empleado para las acusadas de brujería que, sometidas a tormento, acababan confesando cualquier crimen que les sugirieran sus verdugos y delatando a otras personas sin motivo. Dado que sus bienes (aunque casi siempre exiguos) iban aparar a verdugos, acusadores y jueces, el sistema proliferó de forma extraordinaria.

La caza de brujas se intensificó a partir de la aparición en 1486 del Malleus Maleficarum (Martillo de brujas) del dominico Heinrich Kramer, en el que se mezclaban en un totum revolutum la brujería con las practicas satánicas en contra de la religión católica propiciadas por las herejías albigenses, dulcinistas, fraticelli, prisciliacenses y otra larga serie de ellas aparecidas en el sur de Francia, Alemania e Italia. A pesar de su gran incidencia y difusión, el libro fue rechazado pronto por la jerarquía eclesiástica y después de 1580 los jesuitas sustituyeron a los dominicos en la caza de brujas.

La iglesia católica, con la Inquisición propiciada en España por los Reyes Católicos en 1478, tuvo parte importante en la caza de brujas donde se mezclaban brujería con herejía sosteniéndose mutuamente para no dejar escapar del inflexible castigo -casi siempre definitivo- a la víctima una vez que había caído en las garras de los inquisidores. (Inevitable la referencia al libro de Umberto Eco El nombre de la rosa y a la película protagonizada por Sean Connery y Christian Slater entre otros)

Lo interesante a remarcar del fenómeno de la brujería que durante años estuvo vigente en nuestra cultura mediterránea dando lugar a tanta agitación social, promulgación de leyes, procesos inquisitoriales, muertes y conmoción social, es que se nutría esencialmente de chismes, bulos, sospechas sin justificar o rumores recogidos no se sabe dónde de incierto origen y objetivos interesados. Ninguna base cierta y real.

En palabras de Yubal Harari:

    Supuestamente había una conspiración mundial de brujas lideradas por Satanás              que  constituía una       religión anticristiana institucionalizada. (155)

La gente comenzó a denunciarse, unos a otros de brujería partiendo de pruebas inconsistentes, a menudo por venganzas personales o para obtener ventajas económicas o políticas y una vez iniciada la investigación oficial los acusados eran condenados con frecuencia. Si la persona acusada confesaba que era bruja, era ejecutada y sus bienes repartidos entre el acusador, el verdugo y los ejecutores (160)

 Los fenómenos sociales son producto de cada una de las comunidades en que se producen. En nuestros días la información de todo tipo, escrita, oral, visual, se ha multiplicado de tal suerte que consigue producir desinformación y nadie se encuentra a salvo de ella. Por mucho que se pretenda seleccionar, la pérfida información que oscuros poderes tienen dispuesta para que nos asalte, se cuela por los intersticios de nuestra intimidad como insuperables ninjas adiestrados en la lucha nocturna. Quiérase o no, acaban penetrando nuestras defensas y logrando -siquiera fugazmente- su objetivo. Lo grave es que esa información no siempre es leal y contrastada, sino que en momentos de populismo como los que padecemos, gran parte de esas redes de información proceden de estamentos que aprendieron las técnicas de manipulación informativa de tiempos que creíamos –erróneamente- enterrados en el olvido para siempre. Personajes perversos que ingenuamente pensábamos que era imposible que existieran entre nosotros, han vuelto a renacer merced a la repugnante semilla que los manipuladores de opinión que condujeron a la Segunda Guerra Mundial habían esparcido. Esos personajes manipuladores, perversos, populistas en definitiva, descubrieron que era suficiente tejer una tupida red de relatos que tergiversaran la realidad para que una parte importante de la sociedad la adoptaran con la fe ciega del poco informado y la defendiera a capa y espada, convencidos de que era fruto de su propia reflexión.

La democracia se basa en la voluntad de la mayoría expresada en las urnas mediante elecciones libres y periódicas. El principio parece albergar una perfecta salud social, pero el sistema democrático lleva implícito su propio caballo de Troya: el populismo. La historia susceptible de ser manipulada como tantas veces, nos demuestra a poco que profundicemos en ella, que en numerosas ocasiones basta una campaña de bulos bien orquestada para orientar el voto de una mayoría suficiente en el sentido que un partido populista se propone. Una vez logrado eso, controlar el poder judicial y los medios de comunicación es cuestión de hábiles maniobras y tiempo.

No me resisto a terminar con estas palabras de Harari que suscribo plenamente:

 Como en las democracias solo el Pueblo habría de tener el poder político, y como supuestamente solo los populistas representan al pueblo, se deduce que el partido populista habría de tener todo el poder político. Si algún otro partido gana las elecciones, eso no quiere decir que este partido rival haya ganado la confianza del pueblo y tenga derecho a formar gobierno. Quiere decir que las elecciones han sido robadas o que el pueblo ha sido engañado al votar de una manera que no expresaba su verdadera voluntad. Hay que subrayar que, para muchos populistas, esta es una creencia genuina más que una táctica de propaganda. Incluso si solo obtienen una parte pequeña de votos, los populistas pueden continuar creyendo que ellos son los genuinos representantes del pueblo. (204).




 

miércoles, 10 de junio de 2026

UN LEÓN EN EL CONGRESO

No soy creyente, ni en la religión en que fui bautizado ni en ninguna otra. He tenido tiempo suficiente para estudiar alguna de las que me son próximas y he llegado a esa conclusión. En cierta manera envidio a los creyentes que, con un acto de fe, se evitan el cumulo de preguntas sin respuesta a los que estamos abocados quienes optamos en su momento por el camino de la reflexión.

Creo que la parafernalia organizada por las clases sacerdotales que descubrí en mis visitas a Egipto -que sobrevivieron más de 3 000 años con excelentes resultados-, son parecidas a las de iglesias que nos rodean en la actualidad, revistiéndose de formas y modelos adaptados a los tiempos. Todas se basan en modelos arcaicos, vestiduras ultramontanas, rituales repetitivos mágico-espirituales y cualquier tipo de escenificación mayestática que produzca en el adepto la sensación de irrelevancia que solo puede verse aliviada en la seguridad de la grey. ‘Somos muchos, todos decimos lo mismo, luego esa es la verdad’ decía Rudyard Kipling por boca de los monos en el Libro de la selva.

He llegado a la convicción de que el pensamiento involucionista y dogmático no solamente es nocivo, sino peligroso por antinatural. Nos aleja del don envidiable con que nos ha dotado la naturaleza: la capacidad del libre raciocinio, la libertad de pensamiento. Iglesias y sectas (¿qué diferencia hay entre ellas, sino el número de adeptos?) nos dan una solución inmediata y perversa: ‘no pienses, todo está revelado en este o aquel libro sapiencial escrito hace miles de años. Si tanta gente lo cree y ha sobrevivido hasta ahora ¿Cómo es posible que no sea cierto?’ Palabra de dios, amen. Llegué a pensar que la solución de nuestra especie podría venir de una catástrofe como la del Yucatán en la que un mundial reseteo le permitiera comenzar de cero.

Esta breve declaración de principios baste para conducirnos hasta el objetivo de mi reflexión: la visita y las actuaciones del papa León en España. Dicen que es un acontecimiento histórico, como si la historia no hubiera aparecido con Heródoto hace un porrón de años y todo lo que acontece de relevante con posterioridad no formara parte de ella. Tras lo manifestado más arriba, se entenderá que las actividades del personaje, en principio no fueran de mi interés. Sin embargo, sometido al bombardeo informativo inevitable, he ido tomando cercanía con sus actuaciones y discursos, recibiendo la agradable sorpresa de escuchar conceptos y reflexiones que echaba de menos, es más, echaba a faltar entre la clase política de este país. Ya sé que meter a todos los políticos en el mismo saco es, además de una injusticia, una irrealidad, pero entiéndaseme, esto no es una clase de filosofía política sino una reflexión que quiere compartir un ciudadano de a pie. Que cada uno tome el rábano por las hojas que más justas le parezcan.

Decía que he escuchado con placer y asentimiento las reflexiones que este papa ha venido haciendo ante los diversos auditorios, incluido la Cámara de mayor representatividad del país. Y me ha admirado. Ha de ser un hombre muy hábil para rodearse de un equipo ‘invisible’ capaz de llevarlo en volandas de una a otra situación más o menos comprometida y salir airoso de todas ellas. Ha hablado de pobres, de migrantes con derechos, de diversidad y convivencia, de justicia social, de reparación y plaga (esto último con la boca pequeña, me parece),  de comprensión con las presas, en general de convivencia lejos de la estúpida polarización que nos amenaza. Algo se ha quedado en el tintero: matrimonio igualitario, aborto, eutanasia, igualdad de la mujer en la iglesia, quizás el tiempo que inaugura vaya limando asperezas. Le ha leído la cartilla a la Conferencia que, como moderno Sanedrín, pretenden ser los detentadores de la ortodoxia, pero parece que los mantiene a raya.

Los discursos medidos, sin una palabra de sobra, la dicción impecable, el aguante físico, sobrehumano. Que los congresistas lo escucharan reverentes y aplaudieran a rabiar, lo demuestra. Que después cada uno interprete lo que sus adeptos desean oír, era lo esperado. Hasta los más recalcitrantes y antisociales han encontrado migajas del discurso que llevarse a la boca. El Congreso actual no da más, para desgracia nuestra. Lo importante –a mi juicio- es que, se crea en su mensaje evangélico o no, León se ha postulado como el importante referente moral en un mundo que ha hecho de la ética un objetivo vacío, irrelevante, inútil. El nocivo ejemplo de nuestros líderes ha cundido. Lo que prima es la zafiedad que nos demuestran cada dia desde las más altas instancias, lo vulgar, elemental, grosero, agresivo. León les ha dado un motivo de reflexión.

Por eso el lenguaje del papa –que hasta habla catalán-, me ha parecido una bocanada de aire fresco en medio de este marasmo de fetidez, cosa que debemos agradecerle profundamente. Le ha faltado poco para invocar el viejo deseo revolucionario: ‘libertad, igualdad, fraternidad’, pero su mensaje ha estado muy próximo.

Papa León, desde mi libre pensamiento, cuente con mi admiración y reconocimiento. 

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