UN SAN JUAN ZURDO
En mi pueblo se vive la semana santa, como en muchos de la región, con una mezcla de fervor religioso, tradición, pinceladas folklóricas, y muchas ganas de fiesta; cada uno se los administra en la proporción que considera más oportuna. Quizás ahí radique el éxito de nuestras famosas procesiones: unas están llenas de recogimiento, oración y silencio; otras de arte imaginero; las de más allá de juguesca bullanguera y colorista; muchas de caramelos, monas con huevo y habas; y todas de una tradición de años (a veces siglos) que parece haberlas asentado per in saecula saeculorum . Cada uno de los que van a presenciar los desfiles juega, con toda la libertad de que hoy gozamos, al palo que más se adapta a sus creencias y gustos. Es condición de todas sacar en ”desfile procesional” a las representaciones de santos y divinidades que en cada parroquia existen, las unas más afamadas y meritorias, de autores consagrados, las otras más discretas de artesanos poco o nada conocidos, algunas f...