SENSACIONES
Ya sé que es solo una sensación vaga, imprecisa, sin fundamento, pero a veces me dejo llevar por ella y mi estado de ánimo se inclina peligrosamente a la zozobra en el proceloso mar de los delirios imaginados. Desde hace un tiempo –ya demasiado- a esta parte, me parece que todo a mi alrededor se va volviendo cutre, miserable, minúsculo, como si me hubiera sumergido de improviso en una obra de Jonathan Swift. Los niños y las niñas vuelven a estar separados en los colegios, como en mi infancia, y lo que es más grave, subvencionados por el Estado. Tenemos un rey anciano y achacoso que arrastra penosamente su humanidad intentando hacer buena letra para enmendar trapacerías recientes. El príncipe, cuya preparación ha sido minuciosa y completa, se está convirtiendo en un funámbulo pacienzudo que no sabemos si acabará haciendo el ridículo como su primo inglés, esperando heredar después de jubilado. La Constitución se nos ha quedado obsoleta por la desidia inmovilista de...