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sábado, 16 de mayo de 2026

CUESTAS ARRIBA Y CUESTAS ABAJO

En materia de abuelos no tuve mucha suerte. Los años de estúpida guerra civil y de penosa posguerra incivil bajo una todavía más estúpida y cruel dictadura, hicieron estragos en aquellas generaciones. Solo llegué a conocer a una abuela, ya longeva. En eso si tuve suerte, era instruida para su tiempo, aunque no llegó a la universidad -que no era para mujeres-, pero tenía una formación autodidacta suficiente y, sobre todo un sentido común y la inevitable experiencia que ya quisieran para sí doctos pensadores o pensadoras de la época.

Me ha venido el recuerdo de mi abuela Joaquina a las mientes después de un suceso que ahora no tiene importancia, si no fuera porque me ha proporcionado la oportunidad de compartir con ustedes su teoría de las cuestas.

Decía mi abuela que en la vida hay trechos planos, cuestas arriba y cuestas abajo, y que por todos hay que transitar inevitablemente. Para los trechos planos, cualquiera sirve, para las cuestas abajo con mayor razón, pero para las cuestas arriba ya es harina de otro costal. Y lo decía, refiriéndose a la compañía adecuada para cada ocasión.

—¿Entonces, abuela -le decía yo-, hay que escoger gente que sirva para echarte una mano en las cuestas arriba?

–No, si fuera así estaríamos limitando mucho el campo, porque en el mundo, como decía el torero, hay gente pa tó y no a todo el mundo se le puede exigir más de lo que está dispuesto a dar. Hay mucha gente adecuada para los trechos planos, gente con la que puedes relacionarte sin complicaciones, amigos o amigas con los que compartir momentos agradables, conversaciones instructivas, conciertos y excursiones, vida placida y agradable.

—¿Y para las cuestas abajo?

—Lo mismo. Hay mucha gente interesante para las cuestas abajo, las que te mantienen informado y te ilustran, las que están dispuestas para acompañarte a una fiesta o a una merienda, personas simpáticas con las que se pueden pasar ratos tranquilos e instructivos, pero no les pidas más, porque no pueden o no quieren darlo.

—Hay que prescindir de esas.

—No, esas también forman parte de tu vida, nadie tiene derecho a desechar a nadie, todo el mundo puede aportar algo a los demás de la misma forma que tu puedes aportarles algo a ellos. Recuerda lo que decía el bachiller Sansón Carrasco, que no hay libro por malo que sea que no tenga algo bueno. Con las personas pasa algo parecido. No te debe sorprender que unas sean buenas para las cuestas abajo y otras más adecuadas para las cuestas arriba, tienes que aprender a distinguirlas y no pedirle a las de las cuestas abajo que te acompañen en las cuestas arriba. Eso, además de inútil, sería injusto. Tendrás que decidir a qué clase perteneces y que pueden esperar de ti los demás, si eres útil para las cuestas arriba o para las cuestas abajo.

 Lo que son las cosas, ahora que soy más viejo que mi abuela, todavía la recuerdo, y procuro poner en práctica su teoría de las cuestas arriba y abajo.

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