OPERACIÓN CATARATA
Era una tarde plácida que invitaba a la meditación. Había decidido visitar la cercana ciudad, sus calles céntricas por las que transcurrió parte de mi feliz infancia ya no me recordaban aquellos momentos, el tiempo que todo lo muta y enrarece, las había trocado en fachadas multicolores y diminutos comercios que me resultaban extraños. Aun así, el transcurso por ellas era placentero y aleccionador. La gente seguía transitando, quien, plácidamente recreándose en los escaparates siempre novedosos, quien apresurado y sudoroso como si fuera a extinguir un fuego existente en su imaginación. El mundo del farrago multitudinario de aquellas calles recoletas parecía no haber cambiado sino en los atuendos, ahora variopintos e imaginativos, ropas elegantes y olor a colonias exóticas. La pobreza ya no existía. Yerra quien cree que el entorno ha de mantenerse inmutable como intentamos que permanezcan nuestros recuerdos; sin nuestro concurso va adaptándose a circunstancias que los tiempos imp...