¿NO ES NO?
Cuentan que su majestad Felipe II, en cuyas posesiones jamás se ponía el sol, tenía a gala resolver personalmente los asuntos de su reino. A cuyo efecto, disponía los legajos, expedientes, peticiones y memorándums en un montón que situaba a su diestra, con un letrero que decía “asuntos a resolver”. A su siniestra mano, otro montón, algo más menguado con la leyenda “asuntos resueltos”. Su habilidad como estadista consistía en, pasado el tiempo suficiente, trasladar los asuntos del uno al otro montón. Dicen de algunos presidentes de gobierno,que entre su escasa base de datos históricos, figura la anécdota que acabo de relatar, aplicada con tan exactitud que mejora en tercio y quinto a la de su Majestad Católica. Y mientras, la oposición que lucha por seguir siéndolo en exclusiva, huérfana de líder, se escinde en múltiples fracciones dando el lamentable espectáculo de no saber si debe consultar a los representantes democráticamente elegidos, a las bases, o a Santa Rita de Casia, pa...