EL DÍA DEL MAESTRO
Echamos de menos a Fernández en la tertulia mañanera, pensamos en un alifafe pasajero o en algún encargo repentino de alguna de sus hijas. Me dio gusto encontrarlo al día siguiente en el puesto de Jóse del mercado semanal. Los dos somos adictos a los tomates Raf que con una cebollica dulce, unas olivas cornicabras y un buen chorreón de aceite de la almazara del tío José María constituyen un manjar inmejorable. —Ayer te echamos en falta. —Era un día nefasto —Y eso? —El día del maestro Caí en la cuenta de que era 27 de noviembre, pero ni idea de que tuviera que ver algo con el magisterio. Fernández, siempre locuaz, no estaba ese día de humor, así es que recurrí al fondo de empatía y le propuse un descanso propiciador en el banco del cercano jardín de ‘los cuarticos’. Una vez las bolsas en reposo le di pie. —¿Que tiene de especial el día? —Me trae malos recuerdos, de tristes épocas pasadas. —¿Tuyas? —No, de mi abuelo. Fernández, una vez que se pone en marcha, aboca. Es cuestió...