ASCETAS
Me dijeron: ‘Si quieres comprender, sube a la montaña donde moran los ascetas entregados a la meditación y al ayuno, ellos poseen la sabiduría. Conocen el pasado y el futuro de los hombres, nada les es ajeno ni oculto’. Llevaba tanto tiempo buscando, que unas jornadas más de recorrido no tenían importancia. Me dirigí a la montaña de las nieves eternas que alimentan a la madre Ganga. Alli encontré un hombre que jamás habia cortado sus cabellos y envolvía su escuálido cuerpo en harapos. —Dime, padre santo, cual es el objetivo de la vida. Permaneció en silencio, absorto en sus meditaciones tres días, al cabo de los cuales me respondió, con un soplo de voz: —La vida tiene un solo objetivo, que comienza y acaba en ella misma. Seguí ascendiendo la montaña y encontré a otro hombre santo que mantenía su puño cerrado, a través del cual habían crecido las uñas hasta traspasar la palma. —Dime, padre venerable, ¿Cuál es el objetivo de la vida? Meditó durante un día y me respondió...