ADIÓS, ESTADO DE DERECHO
A SS., con mi respeto y afecto. Creímos que habíamos tocado fondo, después de ver como se desmantelan los pilares básicos de la sociedad del bienestar que habíamos imaginado – ¡ilusos!- consolidados para siempre. Sin una sanidad universal, sin una enseñanza publica, sin la posibilidad de empleo y sin una investigación razonable que nos permita competir con los demás países, estamos condenados a la ruina. Nos acercamos, peligrosamente, a cualquiera de los países del sur donde no existe más derecho que el del pataleo o encomendarse a la divinidad que promete emparejar al personal en el más allá con recompensa de huríes y arroyos de leche y miel. Como decía mi abuela, muerto el burro, la cebada al rabo (mi abuela decía cebá). Y a pique estamos de ese punto cuando se avecina, a lomos del Sr. Gallardon, el último jinete de este Apocalipsis tremebundo: el desmantelamiento de la Justicia. Pretende –y es muy posible que lo logre si la revolución social no se lo impide-eliminar de u...