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Mostrando entradas de febrero, 2011

CEREZAS Y LIBROS (IV)

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Las carretas infamantes En el número anterior, habíamos considerando el vil papel que las carretas jugaron en la edad media y recordado como los condenados a la hoguera en los autos de fe, el último de los cuales se celebró en nuestro país (para nuestra vergüenza histórica, mediado el reinado de Felipe II, en Valladolid), eran conducidos en ellas hasta el lugar del suplicio, enfundados en “sambenitos”, entre los insultos y denuestos de sus, hasta ese día, conciudadanos. Empezamos este recorrido por las lecturas que se entrecruzan, con un artículo de periódico que nos condujo al estudio de la estupidez humana, señalada ya por los Santos Padres y regulada, después de sus amplios experimentos, por el profesor Cipolla. Hemos conocido el barco/carreta de los necios/muertos de Sebastián Brant y estamos a punto de llegar al final de la aventura, con un libro que, parafraseando a su propio autor podemos considerar “el mas grande que han visto los siglos pasados, los presentes ni espe...

CEREZAS Y LIBROS (III)

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Los necios navegantes “La nave de los necios”, de Sebastián Brant, forma parte de las publicaciones surgidas en los años finales de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, dónde se manifiesta el redescubrimiento de la perspectiva humana, el hombre como medida de todas las cosas, la aparición de la consciencia del yo que constituye una de las principales características del Renacimiento. Sin abandonar la vieja idea que habíamos encontrado en las Sagradas Escrituras acerca del numero infinito de los mentecatos, Brant juega con la figura tomada de la nave de Ulises en la isla de Circe, en la que los compañeros de éste convertidos en animales forman la tripulación, y profundiza en el estudio de las necedades estableciendo una tipología de seis categorías diferentes que desarrolla a lo largo de los 112 capítulos de la obra. Nuestro periplo por el mundo de la tontería, nos va descubriendo unas perspectivas difícilmente imaginables cuando comenzamos este viaje, iniciado de maner...

CEREZAS Y LIBROS (II)

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Las leyes de la estulticia Decíamos en el número anterior, que la tercera de las cerezas que nos salieron enracimadas del cesto de los libros era el del profesor Cipolla, “Allegro ma non troppo”, en el que enumera sus cinco leyes de la estupidez humana, a saber: 1.     Cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. 2.     La probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma. 3.     Es estúpida una persona que causa un daño sin obtener al mismo tiempo un beneficio para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. 4.     Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de los estúpidos. 5.     El estúpido es el tipo de persona más peligroso que existe. El estúpido es mucho más peligroso que el malvado.          Una atenta lectura de e...

CEREZAS Y LIBROS (I)

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  La estupidez humana   La tranquilidad de la campiña que me rodea, propicia al espíritu relajado la anarquía de las placenteras lecturas a salto de mata. Y sucede con los libros como con las cerezas de un cesto: que tirando de una de ellas, salen las otras enganchadas en interminable racimo. Una referencia casual del periódico, me condujo al libro del historiador Pedro Voltes, “Historia de la estupidez humana”, con el que me hice a renglón seguido, leyéndolo con la avidez que se merece. Repasa el autor, desde el nacimiento de las civilizaciones urbanas, las pintorescas circunstancias que se han dado en la historia de la humanidad, acabadas casi siempre en tragedia (o por lo menos en disgusto), ocasionadas por el comportamiento estúpido de uno o de unos pocos. Analiza casos como el de los ingenuos troyanos metiendo tras sus murallas el regalo, a todas luces envenenado, de los vengativos griegos; o la decadencia del Imperio Romano, ocasionada por el exceso de esclav...

PERROS DE TRINEO

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Mi amigo Chosi, excelente fotógrafo e impar compañero de viaje, dice que se va unos días a las cataluñas en busca de la nieve, y si puede, a darse una vuelta en trineo. Como un resorte, se me dispara el mecanismo “abuelo cebolleta”: Tropecé con “Colmillo blanco”, la novela de Jack London, cuando debía andar por los diez u once años, al principio de lo que entonces se llamaba bachillerato, donde nos iniciábamos en la lectura de los libros apropiados aquellos que teníamos la fortuna de acceder a ellos. Deslumbrado por el mundo que rodeaba a los protagonistas de la historia, el perro y su primer dueño, Nutria Gris, en las tierras vírgenes de Alaska de principios del S.XIX, me hice enseguida con otra novela del mismo autor: “La llamada de lo salvaje”. Lo que más me impresionó de esos libros fue, además del exótico y desconocido mundo en que se desenvolvían buscadores de oro, tramperos, nieves y aludes, vida extremadamente dura, etc., el papel que los perros desempeñaban en aquell...