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LA MATANZA DE PEPITO

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Mi amigo Pepito, en realidad se llama José Sánchez Andugar, pero en mi pueblo, que es un pueblo de motes, todo el mundo lo conoce por Pepito el Rate. Y a él le gusta, es su signo de identidad desde hace casi tantos años como tiene. Pepito es hombre de empresa, de los luchadores desde la más tierna infancia, lo que no empece para que tenga un corazón ancho y generoso. De vez en cuando, casi siempre entrado el nuevo año, cuando el poco frío que asoma por nuestras latitudes se hace presente, convida a sus amigos a una matanza. Dispone de local suficiente y contrata a un grupo de matachines que hacen de su trabajo un arte. Muertos los cochinos (que sin perdón así se llaman), cuyo desdichado final no presencian los asistentes por evitar soponcios en estos tiempos de sensibilidades extremas, los restos son troceados, picados, molidos, sazonados, amasados y embutidos, hasta que la última brizna de los bichos ha encontrado acomodo sin que quede rastro de lo que fueron en unas vidas que h...

OTRA HISTORIA DE NAVIDAD

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AÑO DE MATANZAS La matanza había estado superior: a las ocho de la mañana llegó un camioncillo con el cochino, un lustroso ejemplar de la prestigiosa ganadería de Pepito el Rate, seleccionado con esmero para agasajar a sus amigos. No llegué a enterarme de lo que pesaba porque le echaron el cálculo en arrobas, pero seguro que más de ciento cincuenta kilos. Sin quitarle el morral, fue elevado en volandas por los más atrevidos hasta la mesa sacrificial, mientras pataleaba y gruñía, con riesgo manifiesto de aporrear a cualquiera. El hábil Tino, que lo esperaba “degollaor” en mano le propinó una certera y profunda cuchillada en el lugar exacto para partirle el corazón. La sangre brotó espesa y roja salpicándolo todo, cayendo en un chorro espasmódico dentro del lebrillo que una mujer de arremangados brazos removía sin cesar para que no se cuajara. El soplete de butano y los rascadores hicieron su faena dejando al bicho sin un pelo, luego las piedras pómez se encargaron de dejar el ...

PARA ESTAS FECHAS NAVIDEÑAS

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LA MATANZA Este año, como todos los últimos, he tenido la fortuna de ser invitado a una matanza casera por Pepito 'El Carlos', uno de los buenos amigos que en el   pueblo tengo y que las celebra tradicionalmente. Es, además de buen restaurador, excelente matachín y adobador de embutidos, oficio que le viene de su ya lejana juventud, cuando no había tanto control sanitario y sí un poco más de hambre. En aquellos tiempos, junto con su padre y uno de sus hermanos, Paco, formaban una experta cuadrilla que no daba abasto a los cochinos del pueblo. La matanza se hace en un cuartico del campo un tanto apartado de miradas indiscretas y a hora temprana. Se enciende un buen fuego de leña de limonero o de olivera que ayuda a templar los cuerpos por fuera mientras por dentro se les calienta con tragos de “regüerto”, mezcla de vino viejo y anís seco, capaz de matar al más recalcitrante “gusanillo” y a su padre (sí lo hubiere), o con algún “tegüi”, producto este de tiempos más a...