EL TÍO DEL ESPEJO
Nunca he creído en fantasmas ni en cosas parecidas. Me molestan las historias tétricas de misterios inventados, buenas solamente para atemorizar a los niños o acobardar espíritus pusilánimes. La realidad es la que es, lo demás son inventos, fantasías de mentes calenturientas. Los fantasmas no existen y no hay más misterios que el de la Trinidad. Eso si es un misterio, y gordo. Así he pensado siempre, pero desde hace un tiempo a esta parte, me vienen sucediendo ciertos fenómenos que me inducen a cambiar de parecer. Me explico: nuestra casa es un remanso de paz perfectamente ordenado. El hecho de vivir solos desde que todos nuestros hijos salieron del nido para volver esporádicamente a comer los domingos, o a que les cosiéramos el botón de una camisa de vez en cuando, hace que nos hayamos vuelto ligeramente maniáticos y quizás excesivamente ordenados, lo reconozco. Cada uno de los muchos objetos que nos rodean (la mayoría de ellos prescindibles) ocupa un lugar en el espacio y no cu...