CARTA DE UNA AMIGA MUY QUERIDA
Son momentos dolorosos, la separación forzosa a que la vida nos tiene encadenados desde el nacimiento siempre lo es. Pero no me gustaría que sufrierais mi ausencia más allá de lo que el natural duelo impone. No somos gente de lágrima fácil. Sí quiero que me recordéis como nosotros recordamos a nuestros antepasados cuando llegamos a una edad parecida a la de sus últimos tiempos. En algún sitio leí durante mis años universitarios que los antiguos griegos aseguraban que la verdadera muerte es el olvido. Quizás por eso se afanaron en producir las iliadas y odiseas que entonces nos parecían tan plastas. Ellas nos han acompañado hasta hoy y puede que sigan entre nosotros durante muchos siglos más. Sabed que me habéis hecho muy feliz, los cuatro. Vuestro padre y yo os fuimos recibiendo con la gran ilusión del amor fructificado. Asistimos, con la sorpresa de lo nuevo, a vuestras primeras travesuras y a las pequeñas tragedias domésticas, como aquel incendio chimenil de Miqueltur...