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LA PELOTA EN EL TEJADO

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  —Lombrices, tiene que tener lombrices, murmuraba entre dientes el Cacaseno. —¿Con quién la llevas ahora? Tomate el carajillo y no cojas pesambre tan de mañana. —Esa mujer, que hasta se le descompone el gesto cuando habla, parece que está cabreá con el mundo en general y con Sánchez en particular. Lombrices, tiene que tener lombrices, seguro, María. —¿Pero de quien hablas, hombre de Dios? —Coñe, de quien va a ser, ¡de la Gamarra! María “La Tutuvía”, que no es de descender a ataques personales se ríe a mandíbula batiente y guarda un prudente silencio mientras ataca su tostada. El tío Juan de la Cirila, que tiene poca correa, salta enseguida. —Pues anda que entre los tuyos no hay gente con resabios. Mira lo que han tardado los de Podemos en morder la mano que los alimenta. La Susana se ha metido la culebra en el seno, como dice la fábula, y ya le está mordiendo. Los podemitas van a morir, pero matando. —No te cebes, Juan, son discusiones dentro del mismo grupo, cosas...

¿PODEMOS O NO?

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Ante la insistencia de mis dos lectores habituales, este blog retoma su bamboleante andadura para seguir dando voz, entre otros, a mis leales contertulios del Hogar del Pensionista, Fernández, Juan de la Cirila y el Cacaseno, con nuevas aportaciones que podrá encontrar el que continuare leyendo. Al Cacaseno no le gustó la incorporación de Mateo a la Tertulia. Don Mateo había sido Mateo o Mateico para todos desde que iban juntos a la escuela, pero cuando volvió al pueblo con su flamante titulo madrileño de medicina, se convirtió en Don Mateo para siempre. —La mucha gente para la guerra es buena, parece que le dijo el Cacaseno a Fernández el primer día. Fernández, como prudente, no hizo caso, pero el Cacaseno se quedó con su aquel atravesado en la garganta y al desayuno siguiente, apenas esperó a que Pepito le trajera las tostadas para salir arrastrando: —Entonces, Mateo, tú que has vivido en la capital, ¿Cómo ves lo de Podemos? Mateo se toma su tiempo. Viene a la tertu...