LOS COCHES DE MI AMIGO ZENÓN
Ya me lo habían dicho: “Ándate con ojo, ese Zenón es muy especial”, a mí, la verdad, me traía sin cuidado, no soy amigo de consejas ni advertencias. La gente está llena de prejuicios las más de las veces poco fundados y muchos heredados de habladurías sin fundamento o de recuerdos ancestrales de incierta localización. Quizás por eso, aquella mañana no me sorprendió encontrarme a Zenón –nunca se sabe quién encuentra a quien- caminando torpemente tanteando con su bastón de manila las losas desiguales del paseo hasta la mesa donde me encontraba, ante un apurado café con leche, mientras ojeaba el periódico insustancial y daba breves chupadas a la pipa a punto de apagarse. Me pareció que andaba un poco más desastrado que la última vez que lo vi. Lo recordaba atildado y pulcro cuando dirigía su negocio de coches usados. Andaba cargado de espaldas y de años, no llevaba corbata, el cuello de la camisa se abría a un pescuezo de tortuga nada limpio. La chaqueta, otrora de espiguilla de moda y ...