LA TINAJA, DE VUELTA
Han pasado unos meses desde que la tinaja partiera con rumbo ignoto. Arrostró temporales y galernas, subió montañas y recorrió valles, cruzó ríos y se detuvo al borde de mares lejanos, espoleada siempre por el ansia de lo desconocido. Se amadrinó con otras gentes y otras artes, aprendió de todos de todos ellos y se hizo un poco más adulta sin abandonar al niño que nunca terminó de crecer en su interior. Acabó por regresar a los orígenes, quien sabe si más cargada de sabiduría o de desencanto, que no siempre contemplar a la humanidad de cerca resulta satisfactorio. Durante ese tiempo pleno, me ha parecido de ley dar un respiro a mis abnegados lectores, que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y mis páginas, si atendiéramos a su calidad, habrían de ser más discretas en el número. Quizás también en el contenido, dice el Pepito Grillo que llevo escondido tras la oreja. ( Ne quid nimis , recomendaban los antiguos). Algunos de mis amigos, guiados más por su bondadoso corazón que po...