LOS FILABRES CON EL BUDA AL FONDO
A la memoria de Ramón ‘El estuto’ y Carmen, allá donde se encuentren. El cortijo está situado en un altozano que entornan montañas de crestas abruptas. Se diría un promontorio surgido en el fondo del valle labrado por la boca de un volcán extinto. Al visitante ocasional le recuerda el inmenso cráter del N’Gorongoro que visitó hace años; mires donde mires, las crestas montañosas te rodean, estás en el fondo de una caldera inmensa. Sobre ella, el cielo inacabable, poblado de nubes movedizas entre las que de vez en cuando asoma el sol invernal. Es un mundo aparte, surgido de alguna novela imaginada, como la ilusión de un Verne redivivo. El invitado, inmerso en esa belleza inesperada, siente una paz de espíritu que le resulta novedosa. Sale al exterior, abandonando sin pena el cálido arrullo de los troncos que enrojecen la llar. El viento se confabula con la naturaleza; es suave, apenas perceptible, pero capaz de bajar la temperatura hasta hacerla gélida: cierto airecillo araña la ...