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martes, 12 de marzo de 2013

UN DÍA EN LA BASTIDA


 Tuve la suerte, hace unos días, de visitar La Bastida de Totana, un yacimiento arqueológico de enorme importancia. Pertenece a la llamada Cultura del Argar que abarca la zona geográfica del sudeste (provincias de Alicante, Albacete, Murcia, Jaén, y Granada) y un espacio temporal entre 2200 y 1100 aC.)
La iniciativa que reunió a más de un centenar de personas de Santomera, fue promovida por el IES Julián Andujar y el Club Quijar de la Vieja y coordinado por el profesor Blas Rubio, a quien desde aquí manifiesto el agradecimiento de todos los que nos regalamos con un baño de cultura. Dirigieron la visita y las charlas y excursiones anteriores a ella, los doctores Vicente Llull, Rafael Mico y Lourdes Andugar, de la Universidad Autónoma de Barcelona, implicados ahora en los estudios y excavaciones que se iniciaron hace ya 150 años.
Resulta impresionante el conjunto defensivo del yacimiento. De los restos aparecidos, los arqueólogos que de eso entienden, son capaces de extractar consecuencias que para el ojo poco avezado pasarían desapercibidas.
Una de las cosas más interesantes (por cuanto supone el conocimiento de las formas de vida y la organización social de unos antepasados poco lejanos en la relatividad del tiempo) es la estructura social del grupo y su relación con el resto de comunidades que habitaban la zona.
Eran sociedades temerosas del ataque de otras, como demuestran los enormes bastiones levantados en una época en la que solo se podía contar con esfuerzo humano: doble línea de murallas, torres defensivas colocadas al borde de un barranco, poternas desde las cuales se podían realizar ataques de flanco, una enorme cisterna capaz de almacenar medio millón de litros de agua, etc.
Deducen también los expertos que existía una gran diferencia de clases. Solo los que ocupaban la cima de la pirámide social tenían derecho a enterramiento, como atestigua el escaso número de tumbas halladas en proporción a la población que los datos arqueológicos permiten suponer. El resto de los difuntos seria abandonado a los carroñeros, quien sabe si arrojados al río o enterrados en tumbas anónimas imposibles de localizar hoy. Era una sociedad con muchos esclavos o siervos y pocos ricos y/o poderosos que los dirigían. Estos últimos trabajaban poco o nada. Sus restos muestran un estado de salud envidiable y una alimentación equilibrada. El resto, se apañaban como podían y, probablemente morían a una edad mucho más temprana.
Las armas de bronce (alabardas y puñales primero, espadas al final de la época) estaban en manos de los poderosos que las utilizaban para la defensa de los ataques exteriores y para el control de los posibles descontentos interiores.
La ciudad, que llegó a contar con más de un millar de habitantes, fue abandonada, hacia el año 1100 aC. Puede que por haber esquilmado los recursos del entorno, por exceso demográfico, por ataques exteriores, o por una mezcla en proporciones variables de todas esas circunstancias.
*
Al regreso de la visita, en el silencio del coche que nos traía de vuelta, alguno no pudo evitar preguntarse ¿Hemos sido capaces de cambiar algo realmente importante desde entonces?
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