VERANO Y BOLAÑO
Últimos días del verano, cae la tarde de un día templado y bonancible que se ha metido en borias -quizás las cabañuelas-, y deja caer unas gotas, gordas y ruidosas que refrescan el ambiente. Pienso que hay que preparar leña para el invierno, aunque quizás no sea necesario si el cambio climático sigue haciendo de las suyas, aguardaremos hasta ver que cara trae el otoño. Recuerdo con nostalgia los días pasados en Blanes, ese precioso pueblo de la Costa Brava que fue patria de Roberto Bolaño durante un tiempo y que solo ha tenido con él el detalle mínimo de dedicar a su recuerdo una sala de la biblioteca pública que visitaba con frecuencia. Gerona, sin embargo, le dedicó una calle. Bolaño tuvo mala suerte con su hígado que le impidió cumplir los cincuenta y uno en el 2003, a pesar de lo cual dejó tras de sí una importante obra poética y narrativa sin contar con la torrencial novela 2666 , cuyo título parece una referencia al nombre de la bestia en la que cree tanta gente. Fue un chi...