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domingo, 22 de marzo de 2026

OPERACIÓN CATARATA

Era una tarde plácida que invitaba a la meditación. Había decidido visitar la cercana ciudad, sus calles céntricas por las que transcurrió parte de mi feliz infancia ya no me recordaban aquellos momentos, el tiempo que todo lo muta y enrarece, las había trocado en fachadas multicolores y diminutos comercios que me resultaban extraños. Aun así, el transcurso por ellas era placentero y aleccionador. La gente seguía transitando, quien, plácidamente recreándose en los escaparates siempre novedosos, quien apresurado y sudoroso como si fuera a extinguir un fuego existente en su imaginación. El mundo del farrago multitudinario de aquellas calles recoletas parecía no haber cambiado sino en los atuendos, ahora variopintos e imaginativos, ropas elegantes y olor a colonias exóticas. La pobreza ya no existía.

Yerra quien cree que el entorno ha de mantenerse inmutable como intentamos que permanezcan nuestros recuerdos; sin nuestro concurso va adaptándose a circunstancias que los tiempos imponen constriñéndonos a un mar de memorias ilusionadas.

Andaba en eso, recorriendo a pasos breves y melancólicos las losas planas en que la bonanza municipal ha convertido uno de los pocos paseos arbolados de la ciudad, cuando me pareció entrever entre la multitud bulliciosa una figura conocida que caminaba en mi dirección. Tate, me dije, ese es Zenón, Zenón Reviriego, mi antiguo camarada de estudios.

Era él, en efecto, más encorvado y rotundo, con menos pelo, abundosa papada y andar mesurado que sustentaba un bastón de Manila.

—¡Zenón!

Quedó perplejo. Quise achacarlo a la dificultad que le propiciaba el ojo tapado con un parche, antes que al tiempo que había pasado desde nuestro último encuentro. Me entristeció su visible deterioro.

Carlos, Carlos Martí, tu colega de pupitre en los Hermanos.

—Coño, Carlitos, perdona, este ojo…

Recordé que Zenón tenía un ojo de cristal. Un accidente infantil con una res en la granja de su padre, había sido el causante de aquella circunstancia de la que con frecuencia hacíamos crueles bromas en el colegio.

Él nunca pareció apocarse por ello -no sé si podría llamarse defecto o minusvalía- que durante los primeros días del curso hizo que cruzáramos apuestas sobre su capacidad para morderse un ojo, ganándolas al sacarse de la cuenca aquel objeto cristalino que daba un poco de repelús cuando lo enseñaba en la palma de la mano.

—¡Cuánto tiempo!

—Y tanto, por lo menos…

Siguió un dialogo tan inane como cualquiera que surge entre dos ancianos que fueron colegas en tiempos olvidados y no tienen en común más que los años y la decadencia física, sobre la que pueden extenderse sine die a poco que encuentren quien soporte la retahíla.

Aludí al parche sobre el ojo –no supe si era el de cristal o el otro- por pura cortesía y Zenón, con el agradecimiento servil de quien se interesa por el tema de nuestros achaques, me indicó un banco cercano.

—Ven, nos sentaremos a la sombra de aquellos Castaños de Indias, tengo esta ciática que...

El banco estaba profusamente decorado de cagadas de paloma que a Zenón no parecían importarle. Tuve que adecentar mi zona con un pañuelo de papel previamente escupido que me apresuré a arrojar a la papelera cercana.

Zenón no había interrumpido su perorata, al parecer tampoco su oído andaba demasiado fino, o la suerte de encontrar interlocutor le hacía crecerse.

—…un artefacto de última generación, en China la medicina está muy adelantada, hay quien dice que es un régimen totalitario, pero eso son cuentos, allí las cuestiones sociales son prioritarias. Todo el mundo tiene acceso a la cultura y a la sanidad.

—-Hombre, la libertad de prensa, la igualdad, la democracia… -me atreví a sugerir.

—Todo eso son puñetas, antes la mitad de la gente pasaba hambre y ahora comen todos los días, aunque sea un plato de arroz.

—Visto así…

—El caso es que, en mi última revisión, me recomendaron un médico chino. Acudí a la consulta más por curiosidad que por otra cosa, creyendo que sería una cuestión de agujas o algo por el estilo. El chino me propuso implantarme en lugar del ojo de cristal, uno de ‘visión binocular estroboscópica’. En vez de tener un foco, como tenemos en cada ojo, este tiene dos, de manera que la visión binocular se la hace el solo, tenía otra cualidad extraordinaria: con el ojo se podía leer cualquier lengua oriental excepto el sanscrito, que esperaban incorporar en fecha próxima. Recordé que hacía poco compré un terminal telefónico cuyas instrucciones venían exclusivamente en chino y me pareció aquella la ventaja definitiva. Puestos a probar…al fin y al cabo, por el de cristal, no veía gran cosa –se reía del chiste-, el caso es que tiré de ahorros y me implanté el artilugio.

—Entonces…

—Por eso llevo el ojo tapado. Me dijo el doctor que era cuestión de unos días hasta que pasara el último control y me diera de alta. Ya te contaré.

No hubo ocasión, pocos días después me encontré con la desagradable noticia de su esquela en el periódico. Asistí al entierro y una hija de Zenón –era viudo hacía años- me aclaró que su padre había fallecido de una septicemia generalizada y fulminante.

La prudencia que siempre me ha acompañado me impidió recabar detalles, para siempre me quedó en la imaginación –nunca sabré si de forma injusta- la imagen de un oftalmólogo chino charlatán y chapucero.

La historia de Zenón me vino a la memoria cuando en mi última revisión oftalmológica, el amable galeno que me explicó los resultados, me sugirió la conveniencia de operarme de cataratas.

 





viernes, 13 de marzo de 2026

LOS COCHES DE MI AMIGO ZENÓN

Ya me lo habían dicho: “Ándate con ojo, ese Zenón es muy especial”, a mí, la verdad, me traía sin cuidado, no soy amigo de consejas ni advertencias. La gente está llena de prejuicios las más de las veces poco fundados y muchos heredados de habladurías sin fundamento o de recuerdos ancestrales de incierta localización. Quizás por eso, aquella mañana no me sorprendió encontrarme a Zenón –nunca se sabe quién encuentra a quien- caminando torpemente tanteando con su bastón de manila las losas desiguales del paseo hasta la mesa donde me encontraba, ante un apurado café con leche, mientras ojeaba el periódico insustancial y daba breves chupadas a la pipa a punto de apagarse.

Me pareció que andaba un poco más desastrado que la última vez que lo vi. Lo recordaba atildado y pulcro cuando dirigía su negocio de coches usados. Andaba cargado de espaldas y de años, no llevaba corbata, el cuello de la camisa se abría a un pescuezo de tortuga nada limpio. La chaqueta, otrora de espiguilla de moda y ahora de color indefinido con lamparones variopintos, le flotaba alrededor como banderola de tiempos pretéritos y los pantalones de rodilleras transparentes parecían de un par de tallas mayor de la que le correspondía. Lo único que parecía vivaz en aquel rostro ajado y de un poco atractivo color amarillento, como si la muerte ya se hubiera adueñado de él, era el ojo sano que giraba como el de un camaleón en todas direcciones. El de cristal mantenía la inconmovible fijeza de siempre, una mirada al infinito que con frecuencia había imaginado dueña de visiones misteriosas que a los demás nos estaban vedadas.

No esperó a que le invitara a sentarse –Zenón no era de los que guardan etiqueta-, apartó con imprudente ruido la silla que tenía al otro lado de la mesa y tomó asiento después de apoyar el bastón a su costado. Mi primera intención fue improvisar una excusa y marcharme. Luego pensé que no tenía nada mejor que hacer y se estaba bien en aquella terracilla dejándose acariciar por el agradable sol de mayo tamizado por las hojas superviviente de los castaños de indias.

—Tienes buen aspecto -me dijo después de los saludos protocolarios-, salgo poco y siempre por las mismas calles de nuestra infancia que me cuesta trabajo reconocer, han cambiado las tiendas y desaparecido los bares donde nos refugiábamos, para dar asiento a franquicias que cambian cada tres meses renovando rostros de gente de otros países. Me cuesta trabajo reconocer a viejos camaradas, decadentes o motorizados en artilugios que se manejan con una palanca diminuta, sonriendo al saludarte como si viajaran a lomos de aquellos chismes con tres cojinetes que elaborábamos con cuatro chapas de madera cuando éramos críos.

—Los tiempos cambian y la vida sigue, me atreví a decir, aprovechando la pausa del camarero que depositó en la mesa un café con leche y dos cruasanes que se añadirían a mi cuenta.

—Desde luego, me recuerdan aquellos en que los que yo andaba en el trapicheo de coches de segunda mano. ¿Te acuerdas de aquel Ford Taunus?

Sí, me acordaba, era un coche magnifico de tres marchas, con el cambio en una palanca bajo el volante capaz de alcanzar la increíble velocidad de cien km que pocas veces las carreteras permitían.

—Aquel si era un buen coche, dije recordando el color verde plata que suscitaba envidias y comentarios en cualquier sitio que lo aparcara.

—Y tanto, ya te lo advertí, los coches buenos envejecen bien, los malos duran cuatro días, están hechos bajo el principio de la ‘obsolescencia programada’, como un artilugio más, cuando les llegue su tiempo se cambian y a otra cosa, compras uno nuevo si tienes con que pagarlo, y el viejo a la chatarra. Un coche bueno tiene una buena vejez, si le haces un rasguño, se repara la chapa, una capa de pintura y queda como nuevo. Si se le va un manguito, se cambia. Si se perfora el radiador, se busca uno de desguace. Aquellos motores admitían dos o tres rectificados y podían hacer una pila de km. A poco que se cuidaran, eran eternos.

Zenón, tenía, entre otras virtudes, la de comer vorazmente sin parar de hablar. Para entonces, había engullido sus dos cruasanes y apurado el vaso de café con leche. Requirió el bastón, apartó la silla y se dispuso a macharse dando por concluida la conversación.

—Nos vemos otro día, dijo mientras se alejaba con su paso tardo y dificultoso.

Volví a la lectura del periódico, pero ya no me interesaban las noticias del desdichado giro que habían tomado desde que el loco del pelo rojo tomó el mando en aquel país lejano, otrora faro de la democracia. Pagué la cuenta y me dispuse a volver a casa pensando si aquella metáfora de los coches de Zenón no sería aplicable a nuestra propia existencia, prolongada a base de los recambios y cuidados que nos proporcionan los talleres de la medicina actual.

 

 

 

 

martes, 10 de febrero de 2026

¿EN ARAGÓN GANAMOS TODOS?

Es un pueblo de la Vega Media del Segura donde suceden las mismas cosas que en los demás pueblos. Fernández el conciliador, el Cacaseno, admirador de Lenin; Juan de la Cirila, devoto del PP; María “la Tutuvía”, activista izquierdosa, y el doctor Mateo de forma ocasional, dialogan en sus desayunos del Hogar del Pensionista. Yo escucho.

 

La ciudad de la alegría” en la que vivimos, no nos parece tan alegre desde que el bar del Hogar del Pensionista está cerrado por algún misterioso entresijo del gobierno municipal que no acaba de resolverse. No hemos tenido más remedio que acogernos a la hospitalidad de alguna de las terrazas al aire libre que invaden la plaza donde el humo reina por doquier. Todo menos renunciar a nuestra tertulia, sal que condimenta los escasos platos con los que, todavía nos regala la vida. Como era obligado, el tema del dia han sido las elecciones de Aragón, dicen los entendidos que estas serán el modelo de lo que en su dia haya de suceder en la próximas nacionales.

Eso comentaba el tío Juan de La Cirila que llegó pavoneándose con el periódico recién comprado bajo el brazo.

—No diréis que no os lo dije: tal cual con anunciaban todas las encuestas: ventaja total para el PP que puede gobernar y debacle absoluta para el PSOE y como consecuencia castaña para Sánchez que ha mandado a sus ministros a colonizar las autonomías y ha fracasado.

 —Si tú le llamas ganar a convocar unas eleciones porque VOX le come la tostada y lo único que consigue es perder dos escaños y que VOX multiplique por dos los suyos, me quito el sombrero ante la perspicacia del señor Azcón. Ahora tiene el aliento de Abascal en el cogote y con más fuerza que antes, a ver qué clase de gobierno va a hacer.

—Ha ganado las elecciones y el PSOE las ha perdido, eso no me lo puedes negar, Cacaseno.

—No, y bien que lo siento, me gustaba a mi la señora Alegría, hasta el nombre lo tiene bonico, pero que se le va a hacer. La juventud que vota está cabreada porque sus perspectivas de vida están en tenguerengue y ven el futuro negro sin poderse independizar y con salarios de miseria. No saben lo que pasamos en otros tiempos y no se dan cuenta de que, con todos los inconvenientes –que los hay- disfrutan de una libertad que nosotros no tuvimos, y de una medicina y una farmacia que nos puede mantener vivos años de los que no hubiéramos podido disfrutar si las cosas fueran como antes. A ellos también les llegará y a lo mejor se arrepienten.

—Se olvidan de la igualdad de género y otras muchas conquistas sociales que le debemos al ahora tan denostado zapatero -salta María-, la ley del matrimonio igualitario, la de identidad de género, la de dependencia, la de igualdad y tantas que ahora da vergüenza ver como se le tiran al cuello los voceras de tu partido, Juan.

El Cacaseno tampoco se resiste a entrar en liza:

—Y la retirada de las tropas de Irak, y la Ley de Memoria histórica, y las que han hecho los gobiernos de izquierdas apoyados por los partidos que verdaderamente somos de izquierda. Reconoce, Juan, que aquí hay un punto de partida: el PP no es un partido de oposición, no sabe hacerlo. O gobierna o nadie tiene derecho a gobernar fuera de ellos, España le pertenece y se toman como un insulto que alguien pretenda discutirlo.

—El problema es que se terminó el bipartidismo, antes bien que se entendían los dos, ahora tu, ahora yo.

—Eso se acabó, juan, y el que no quiera verlo es que no tiene ni idea de lo que es este pais hoy dia. Lo triste es que parte los jóvenes, que al fin y al cabo han de ser los que lo usufructúen dentro de bien poco, anden tan despistados y creyéndose las tontadas que les dicen desde esos partidos ignorantes y negacionistas que están dinamitando las instituciones desde dentro.

—No lo diras por el PP.

—El tuyo ya no se sabe lo que quiere, como no sea propagar bulos, insultar y hacer lo que VOX le ordene, se han colocado a su rebufo. Han optado por tomar el camino de hacerle tanto daño como puedan al PSOE, aunque les cueste dejar que VOX se les suba a la chepa, ya me explicarás que futuro les espera en Extremadura y en Aragón.

—Pues pactar, como todos.

—¡Pero que van a pactar! No tienen a nadie más que a VOX, los llevarán por el ronzál, que se lo han puesto en las manos sin que ellos hayan hecho más que dejarse querer. Los tuyos se han metido en un callejón sin salida. Ya lo decía el profesor Cipolla en ese librito que tanto os he recomendado, Las leyes fundamentales de la estupidez humana, no hay peor idiota que el que con tal de hacer daño a otro, es capaz de hacérselo a sí mismo.

—Esperemos acontecimientos, siempre que llueve, escampa.

—Tienes razón, Fernández –concluye María-, pero ¡que feo está todo!

 

 


domingo, 14 de diciembre de 2025

ORATORIO DE NAVIDAD

Encontré aquella mañana en el bar del Hogar del Pensionista, a Fernández con un aire ensimismado que no le era habitual, miraba el periódico sin verlo, mientras mordisqueaba con aire distraído su tostada. Apenas reparó en mi y tuve que hacerme presente con la discreción que pude arrastrando ostensiblemente la silla que tenía enfrente.

—Perdona Fernández… ¿Algo nuevo?

—Estaba recordando… todavía estoy impresionado

—Tú dirás.

—Nada importante, pero me causó viva impresión, quizás la falta de costumbre…

—Me tienes en ascuas.

Quise concederle un poco de espacio mientras solicitaba mi magro desayuno a la amable camarera y le di tiempo a que concluyera la tostada mientras agitaba con aire todavía distraído el café con leche. Al fin se decidió.

—El Oratorio de Navidad

—¿Como?

—Que anoche tuve ocasión de asistir en el Auditorio Municipal al Oratorio de Navidad de J.S. Bach por la coral Kodáli de Molina de Segura, una delicia.

—¿No lo conocías?

—No, fue una experiencia impactante. ¿Tú lo habías oído?

—Hace ya años, pero cada navidad suelo escucharlo en la tranquilidad de mi cuarto de estar, claro que ‘enlatado’ es diferente, me pasa lo mismo con la Pasión Según san Mateo o la Pasión Según san Juan cuando llega la Semana Santa.

—Será porque eres hombre religioso. A mí, la música sacra nunca me ha llamado la atención, pero anoche me pareció que la música y sobre todo aquellas voces que me parecieron angelicales tenían poco o nada que ver con motivos religiosos, era la profundidad de la melodía y sobre todo la belleza de las voces tan bien conjuntadas lo que llenaba el corazón de hermosa dicha, me pareció algo sobrenatural que me condujo casi al éxtasis.

—Te diré que mi opción religiosa –si la tuviera- nada tiene que ver con el gusto musical, también me gusta Wagner y no creo que ni La Valkiria ni Los Maestros Cantores de Núremberg fueran fervientes melodías católicas, y menos la aparición del tuerto Odín en medio del lío. Recuerda, Fernández, que los cantos corales ya están en las primeras tragedias griegas, siglos más tarde en el Himno atribuido a san Francisco, el Canto Gregoriano y las muchas misas orquestales que debemos a tantos insignes compositores cuya lista sería interminable. La creencia religiosa es una cosa y la música –por mucho de inspiración mística que tenga-, otra. La religión y el arte en nuestra cultura judeo-cristiana siempre han ido unidas.

—Puede que así sea, en cualquier caso, el mérito del Oratorio es de Bach, de la coral Kodály, de la orquesta y de los solistas que lo interpretaron. Y, sobre todo, de lo bien articuladas que estaban las imágenes del belén de Salzillo que ilustraban las Cantatas, fue una buena idea aparejar las dos cosas, al fin y al cabo, eran contemporáneos.

—Me alegra, amigo Fernández, que podamos disfrutar en nuestras postrimerías de estos espectáculos que nos llenan el alma de calmados sentimientos, en una época demasiado convulsa con actuaciones políticas de baja estofa que enturbian y llenan de lodo una situación democrática y cívica de la que deberíamos sentirnos orgullosos. Sobre todo, los que hemos padecido otros tiempos en los que estos de libertad y bonanza económica nos estuvieron vedados.

—Mejor no se puede decir, así es que te deseo felices fiestas.

—Y tú que lo veas.

 

miércoles, 26 de noviembre de 2025

DESASTRES Y ASESINATOS FEMENINOS EN LA TERTULIA

 Es un pueblo de la Vega Media del Segura donde suceden las mismas cosas que en los demás pueblos. Fernández el conciliador, el Cacaseno admirador de Lenin; Juan de la Cirila devoto del PP; María “la Tutuvía” activista, y el doctor Mateo de forma ocasional, dialogan en sus desayunos del Hogar del Pensionista. Yo escucho.

El bar del Hogar del Pensionista ha sucumbido a los recortes de la cosa pública, o al escaso rendimiento que proporcionan las magras pensiones de los usuarios, vaya usted a saber. El caso es que nuestros protagonistas se dieron de bruces contra la puerta acristalada del local esa mañana. Por fortuna, en la cercana Plaza de la Salud, hay unas cuantas terracillas donde acabaron aposentándose los contertulios.

El Cacaseno, como siempre, llegó el primero provisto del periódico local que había hurtado mañosamente del Hogar, Fernández y el tío Juan de la Cirila lo encontraron repasando las páginas de forma minuciosa.

—¿Con qué la llevas esta mañana, Cacaseno?

—Estoy indignado, tío Juan, con el asunto del fiscal, el embustero del pelo blanco, la impresentable de la fruta y el abogado de manos sucias que se ha tirado de la moto, gente que da vergüenza.

—Pues tienen el mismo derecho a expresarse que tú.

—Eso es lo que me indigna, que se ha perdido el norte, el decoro, la ética, cualquier indeseable tiene patente de corso para lanzar bulos a los espacios públicos que pueden acabar con la carrera de un hombre digno, defensor de la ley mediante un fallo sin sentencia, cosa nunca vista. Por si fuera poco, el cielo harto de abusos, cae sobre nuestras cabezas y pilla al responsable de paliar los daños de juerga en El Ventorro.

—No te calientes que te va a dar un repente. La democracia y los partidos de toda clase nos han traído esto, ¿a que sí, Fernández?

—No me irás a salir con la estupidez esa de que ‘con Franco se vivía mejor’.

—Hasta ahí no llego, pero sí que con un partido de mayorías que legisle en condiciones y sin alborotos no habríamos llegado a este sin dios.

El Cacaseno no dio tiempo a que Fernández contestara,

—Un partido como el tuyo, el de la momia de ‘el que pueda hacer que haga’, manejar la justicia por detrás, privatizar la educación y la enseñanza para que se hagan ricos ellos y sus amigos, congelar las pensiones y al que se mueva, el 155.

—Hombre yo…

—Más vale que no sigas por ese camino, tío Juan, el mundo precipitándose a la ruina con el loco del pelo rojo que quiere invadir Venezuela y quedarse con su petróleo, el judío que quiere acabar con los palestinos porque su dios le ha dado esa tierra, el ruso que lo quiere todo para él y no duda en matanzas indiscriminadas. Muertos y desdichas por doquier y nosotros, que vivimos en una estabilidad envidiable, seguimos con las dos Españas, unos que quieren que los ricos sean más ricos y los pobres más pobres, y otros luchando por la utopía del bienestar general sin que los jóvenes les hagan puñetero caso.

—Y no te digo ná de como tenemos el tema de la mujer, que de eso no habláis –tercia María que se ha incorporado sigilosamente a la tertulia después de dejar a sus nietos en el colegio-, se ha pasado el 25N, nos hemos manifestado como cada año, pero sigue habiendo el mismo número de mujeres muertas a manos de parejas o exparejas, muchas víctimas de agresiones vicarias, y los negacionistas a lo suyo, ignorando la evidencia. Y lo que es más triste, tío Juan, tu partido que podía hacer una oposición razonable y constructiva, enfangándolo todo y dando pábulo a mentiras y bulos. Perdona que te diga, pero desde el indecente aquel que nos metió en la guerra de Irak, no habéis tenido un dirigente con cara y ojos.

—Veo que hoy no es mi día.

—Es que el asunto está que arde, Juan, pero es mucho lo que puedes hacer. En vez de calentar como están haciendo los de tu partido, procura traer a reflexión a los que tienes más cerca y sobre todo, a quitaros de encima la lapa de VOX, que no puede más que haceros -y hacernos- daño. Esos sí que no tienen remedio, tienen la misma visión de futuro que un pavo dentro de un cofre.

—Si yo pudiera...

—Entre todos podemos, Juan, tenemos la palabra y el voto.

—Santa palabra, Fernández.

 

 

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

400 MIL VISITAS

Ya sé que hay, en esta plataforma, blogs con un número de visitas que exceden con mucho a las de este espacio, pero que quieren que les diga, al autor le llena de satisfacción el resultado que han obtenido estas modestas páginas.

Durante la mitad de mi vida la libertad de expresión me fue hurtada y cuando me ha sido posible he tenido la suerte -y el albedrío- de poder expresarme en un espacio público con total independencia. Puede que a muchos jóvenes de la actualidad les parezca que ese empeño es peccata minuta, les aseguro que no es baladí el resultado por más que ahora parezca que fue gratuito y casi insustancial. Expresarse con entera independencia, eso sí con educada sobriedad, sin insultos ni descalificaciones como he procurado hacer, es logro del que en otros tiempos no he disfrutado y me parece objetivo democrático muy de valorar.

En las postrimerías de mi vida, me siento orgulloso de ello y de que los avatares políticos de mi nación, con sus pros y sus contras, me hayan permitido disfrutarlo. No he de callar por más que con el dedo/ ya tocando ya la boca o ya la frente/ silencio avises o amenaces miedo, dijo el poeta hace tiempo, y a sus versos me atengo.

Aquí seguiremos, manifestando opiniones con discreción y rotundidad, pero con la franqueza de que en otros tiempos no pude disfrutar.

Mi agradecimiento y aprecio a los lectores que me han honrado con sus visitas y a los que prometo seguir expresando mis ideas con la libertad que la Constitución me otorga.

Muchas gracias.

 

sábado, 4 de octubre de 2025

JANE GOODALL Y LA ESTUPIDEZ

 

Maestro, recibo la noticia de la muerte de Jane Goodall –aunque a edad venerable y tras una vida plena-, una persona que ha hecho tanto por el conocimiento de nuestra especie y la relación con el planeta que nos sustenta a través del estudio de nuestros primos chimpancés.

Me llega el mismo día la de los avatares de la flotilla que intenta poner en el mapamundi el disparate genocida del gobierno israelí propiciado por otro disparate injustificable de Hamas, noticia que desplaza por un momento la barbaridad de la guerra de Ucrania, que a su vez apantalla las muchas guerras invisibles en África y otros países.

Asisto consternado a las declaraciones -que se me antojan ultramontanas- de políticos elegidos y sustentados por muchos de mis conciudadanos, sobre estos temas, y sobre cómo debe infantilizarse a las mujeres en el difícil trance de enfrentarse a la posibilidad de abortar; de las batallas judiciales promovidas por jueces inmiscuyéndose en temas políticos y de políticos haciendo lo propio en temas judiciales ignorando la separación de poderes que preconizaba el olvidado Montesquieu. La sinrazón, la estupidez y la mentira invaden de forma vergonzosa las altas instituciones del país en un fangal que acaba denigrando a los que las propagan y a los que se ven obligados a entrar al trapo rebajándose a su nivel.

Cualquier mentecato incapaz de la menor comprensión lectora se permite a través de “los medios” que todo lo sustentan, opinar sobre lo divino y lo humano con “la seriedad del caballo” y el agravante de que suscita el entusiasmo de colectivos con la misma escasez de materia cerebral que ellos. Mal ejemplo dan ciertos líderes anticuados y prepotentes que no se resignan a una venerable ancianidad discreta y hogareña.

Me parece asistir a una realidad espeluznante que por desgracia crece día a día. Quizás nuestros parientes primates tan queridos por Jane Goodall, al ver hasta donde nos ha conducido la evolución, piensen: “para ese viaje no necesitamos alforjas, más vale que nos quedemos como estamos”.

 

-No hay que dejarse llevar por el desánimo. Ten en cuenta que perteneces a la única especie pensante sobre el planeta, capaz de los mayores logros, pero también de las mayores estupideces. Tendrás que escoger a qué grupo quieres pertenecer. Recuerda que, como decía el maestro de Estagira, eres un animal político. Tienes dos potentes palancas a tu alcance: el voto y la palabra, empléalas con rotundidad e inteligencia.


martes, 13 de mayo de 2025

EXPLICANDO EL APAGÓN

 

Quedó Fernández perplejo. Advirtió, con sorpresa que quizás sus opiniones tenían entre los contertulios más importancia de la que había imaginado y se le pusieron las orejas encarnadas.

—De acuerdo, os daré mi punto de vista sobre lo acontecido, pero os advierto que la mía es solo la opinión de una persona medianamente informada que procura utilizar el sentido común.

—Tú eres ingeniero electrónico

—Fui, Maruja, fui, las cosas han cambiado desde entonces.

—De acuerdo, pero algo más sabrás que nosotros, cuéntanos tu punto de vista, acláranos la cuestión.

—Vosotros lo habéis querido: hay que empezar por Mesopotamia.

—Coñe, eso nos llevará días.

—Si empezamos con interrupciones, lo dejo.

—Sigue, nos callamos.

—De acuerdo. En Mesopotamia —y seguramente en otros lugares— se produjo hace entre 8 y 10.000 años un hecho trascendental: los seres humanos domesticaron la agricultura y la ganadería, se encadenaron a la tierra. Hasta entonces, los alimentos iban del árbol, la carroña o la bestia cazada a la boca (del productor al consumidor), luego se inventaron los almacenes. El grano se recolectaba, se guardaba en almacenes y se distribuía. Así ha sucedido con toda clase de alimentos y enseres a lo largo de los tiempos: el almacén es un elemento intermedio imprescindible para toda actividad humana, es lo que nos permite dosificar los enseres a medida que los vamos necesitando, desde la mermelada de moras que guardamos para el invierno hasta los coches de la fábrica que agrupamos en grandes campas, para hacerlos salir a medida que los van requiriendo los distribuidores.

Ese almacenaje al que estamos acostumbrados y que tan fluido hace el curso de los elementos, en la energía eléctrica no existe. La energía eléctrica —la corriente, para entendernos—, que se produce tiene que ser consumida en el mismo instante, y al revés, la energía eléctrica que se demanda, tiene que ser producida en el mismo instante. Cuando le damos al interruptor de la luz y nos llega un chorro de corriente capaz de encenderla, alguien, en algún sitio, tiene que estar produciendo en aquel instante esa energía.

A hora imaginemos lo mismo a nivel mayor. Si en nuestro pueblo, cuando cae la noche y baja la temperatura nos ponemos de acuerdo para encender las luces y los braseros eléctricos, imaginad al tío que produce la electricidad en un sitio lejano que puede ser Barcelona, Sevilla, Francia o Marruecos, dándole a la manivela de forma desaforada para producir la energía eléctrica que le acabamos de demandar. Lo que no es posible ni admisible es que le demos a la llave de la luz cuando se nos antoje y esta no se encienda, eso no puede pasar.

Sigamos imaginando este pequeño ejemplo multiplicado por miles de miles. El pueblo se ha convertido en nación y los vecinos en millones de ciudadanos. ‘El tío de la manivela’ es un gigantesco ‘fabricante de electricidad’ que tiene que estar pendiente segundo a segundo de quien enciende una luz en cualquier sitio para darle a la manivela con el impulso suficiente.

Ya tenemos identificado al consumidor: el vecino o vecina que pone la lavadora o el horno, el ascensor que sube a los pisos, la industria que calienta el agua o mueve motores y un largo etcétera. Vamos al productor, al ‘tío de la manivela’. Está formado por muchos ‘productores’. Para producir electricidad se requiere que alguien haga girar un eje a través de un aparato, llamado generador, que la produce (el caso de las placas fotovoltaicas es asunto que ya trataremos más adelante). Cambiamos una energía en otra, porque como ya habréis oído, la energía ‘ni se crea ni se destruye’ (primer principio de la termodinámica). Cómo convertimos la energía del tipo que sea en eléctrica, os acabo de dar la pista: la energía del agua almacenada en los pantanos dejándola caer para mover las turbinas que hacen girar el eje que mueve el generador, el vapor de agua obtenido en las centrales nucleares, los aerogeneradores, los ciclos combinados de gas.

—¿Y las placas?, esas no se mueven.

—Ese es otro asunto, María. En ese caso, captamos la energía del sol y a través de un sistema placas, se la enchufamos al tío de la ‘manivela’ para que use de ella según demanda.

Introduzcamos el factor económico. El ‘tío de la manivela’ tiene que valorar donde compra la energía eléctrica para poder servirla a un precio asequible a sus clientes, que la quieren a un coste lo más barato posible. Tiene un abanico de proveedores a su disposición (hidráulica, centrales térmicas, nuclear, renovables, ciclos combinados de gas) que se la ofrecen a precios diferentes, según sus costes de producción. ‘El tío de la manivela’ tiene que ser muy astuto y hábil para, en tiempo real, ‘comprar’ a cada uno de sus proveedores la cantidad de energía necesaria para abastecer la demanda en cada instante.

—¡Pues tiene que ser un artista!

—¡Ya te digo! Ahora viene otro asunto: la distribución. La energía eléctrica se trasmite, como todos sabemos, por cables en torres enormes, para sustentar los conductores de gran tamaño que minimicen las caídas de tensión. Cuando se produce la energía en el lugar de origen, se eleva la tensión mediante transformadores, se transporta por esos cables y en el lugar de consumo se vuelve a bajar. Cuanto más amplias sean las redes de distribución, más amplio será el ‘colchón’ que permita establecer el equilibrio entre la oferta y la demanda de electricidad en cada instante, de modo que ya no basta la red nacional, sino que las redes se hacen internacionales. En nuestro caso, estamos conectados con nuestros vecinos franceses, marroquíes y portugueses, estos a su vez, estarán conectados con otros, de modo que si se produce una incidencia en cualquier lugar de esa enorme red, ‘el tio de la manivela’ tiene que estar atento, segundo a segundo, para ‘comprarle’ a otro proveedor la energía necesaria para subsanar el problema.

—Pues es complicado el asunto.

—Mucho. Cuando las cosas van bien, no nos enteramos, creemos que todo está en buenas manos y nos parece lo más natural que cuando le damos al interruptor, la bombilla se encienda, y si no se enciende, ya estamos con el apagón y nos apresuramos a comprar papel higiénico.

—Te ha quedado lo de las renovables.

—Ese es otro asunto y no menor: el análisis de las fuentes de energía y su facilidad para dar respuesta ágil a la demanda instantánea. Para eso están los técnicos y los políticos. Todas las fuentes tienen sus pros y sus contras, quizás la menos contaminante sea la hidráulica, pero depende del sistema hidrológico de cada país, si hay poca agua hay que dosificarla; la nuclear es limpia en el uso, pero hay que desprenderse de los residuos radioactivos y de su peligro; el gas natural es poco contaminante, pero depende de los recursos de cada país, el que no tiene gas, se ve obligado a comprarlo por oleoductos o barcos; la eólica y la fotovoltaica son limpias, pero sus residuos son contaminantes y poco reciclables. Hay que considerar también la capacidad de respuesta instantánea de cada una de las fuentes, que son diferentes.

Imagínenos lo complejo que es gestionar todos esos elementos y las enormes medidas tecnológicas y de seguridad que deben estar establecidas para que un apagón —un cero energético, como dicen los expertos— no se produzca más que en casos excepcionales. Lo estúpido es utilizar estos fallos del sistema para entrar en debates estériles entre nucleares y renovables o cualquiera otras. Al final, dependemos de la política energética de cada país.

—O sea, en manos de los políticos.

—Como siempre.

 


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