Dicen
unos y otros, sin distinción de credos, tendencias o colores. Aquí, todas las
elecciones las ganan todos. (El que no se consuela es porque no quiere). Los
unos porque han sacado más escaños, los otros porque han obtenido más votos de
los vaticinados por las encuestas, a los pequeños les ha llegado la alegría a
casa del pobre; los demás porque el sistema proporcional los ha perjudicado,
como siempre, reduciéndolos a simples figuras testimoniales; los que no tenían
ningún diputado porque han pillado alguno, así todos.
Y
ahora que ya tenemos a Periquito hecho un fraile merced al Beltrán Duguesclín de
la crisis, que ni pone ni quita rey, pero le ha dado la vuelta a la tortilla
que se cocinaba tan plácidamente hasta el momento, es de esperar que los
políticos de uno y otro bando, deglutido ya el dulce sabor de la victoria en un
caso y el acíbar de la derrota en el otro, se pongan a trabajar codo con codo
en la empresa común de sacarnos de este atolladero del que debemos hacerles
responsables. No de haber provocado la crisis, dios nos libre, que es bien
sabido lo de las hipotecas ninja que los malvados bancos americanos le han
colado al sistema fiduciario internacional, pero sí de no haber reaccionado a
tiempo los unos y de no haber colaborado con los que estaban entre las varas,
los otros.
Ahora
se han cambiado las tornas: a tirar de las varas, como potentes búrdeganos, hemos
colocado a unos y a los otros les toca el papel de arrimar el hombro tirando a
su vez, en la medida de sus posibilidades. Por qué caminos ha de conducirnos
los que llevan ahora las ramaleras, es cosa que depende del famoso, indefinido
y misterioso programa gallego y del mapa general de carreteras que la Unión
Europea nos tiene asignado.
Cabe
la posibilidad de que los “perdedores” se repantiguen encima del carro y solo
sirvan de lastre, como tanto le hemos afeado en la etapa anterior a los
actuales conductores. Ahora es el
momento de que se vea quien es quien y que las actuaciones de unos y otros sean
registradas minuciosamente por la ciudadanía para tomar sus decisiones futuras.
Pero
me lo fiais tan largo, Don Lope! Ya veremos en que acaba esto.

