SEÑOR PRESIDENTE (XIX). Postrimerías.
Llegamos, señor presidente, al cabo de la función. Puede que este sea el último jalón de nuestra ágil correspondencia. El telón, más que bajar, está a punto de caer sobre nosotros. A usted le espera el dorado retiro cabe la hermosa playa, al resto, el futuro ignoto. Quizás sea cierto que el que siembra vientos recoge tempestades y que su laissez faire , ausencias y soberbia silenciosa, le hayan conducido a la soledad del mánager. Una cosa buena ha tenido su periodo de mando: hacernos aborrecer para siempre las mayorías absolutas. Es momento de que dejemos paso a los que, por ley natural e inevitable, han de sucedernos. Puede que nos gusten más o menos las coletas, o los pactos que tiempo atrás parecieron inverosímiles, pero no es asunto nuestro lo que hayan de elegir generaciones nuevas, huyendo de rencores acumulados que les son ajenos, y de miserables corrupciones que han hipotecado su futuro. Pasó el momento de una retirada honrosa. Las águilas imperiales quedaron sepu...