MI AMIGO ISAAC PEDRAZA
No me gusta el frío, como no me gustan los que tosen en los conciertos ni los que están seguros de todo, como mi amigo Isaac Pedraza que me insiste siempre “y te vuelvo a repetir…”. Claro que Isaac es amigo de la infancia y lo soporto como soporto este frío húmedo y sorpresivo con el que nos agrede algunas mañanas nuestro bonancible clima mediterráneo. Entonces, el recuerdo me lleva hacia otros tiempos y otros lugares. A veces me arrepiento de no haberme quedado en el desierto para siempre. No hay sitio más acogedor que la planicie inacabable de color rojizo. Solo en las horas intermedias del día, el calor exige inmovilidad, un reposo imprescindible que convida a la meditación. La vista se pierde en el infinito, no importa la dirección en que se mire; nada por ningún sitio, solo la posibilidad de que viajando en línea recta se llegue, por fin, a alguna parte. De tarde en tarde se tropieza el caminante con un bosquecillo de acacias de sombrero a cuya sombra han quedado, en la tibi...