CHISPEA EN MI CIUDAD
Desde hace unos días el cielo está emboriado , se alternan nubes y claros pero la lluvia, esa lluvia mansa y larga que el agricultor espera con ansia mientras escruta el cielo, no se decide a caer. Los telediarios de la noche dan agua –con frecuencia en exceso- para la mitad de arriba de la Península, cielos entreverados “y alguna precipitación aislada” para la otra mitad. Qué le vamos a hacer, nunca llueve a gusto de todos. Yo aprovecho esos días que propician escasa afluencia de personal para pasear por la ciudad. En un sitio donde llueve poco, las estructuras se ven siempre desbordadas por el agua, los charcos de Belluga que reflejan el imafronte de la Catedral como en un espejo roto, tardan en desvanecerse y con frecuencia se atrancan desagües e imbornales [1] . La falta de costumbre hace que la gente olvide los paraguas en cualquier sitio, porque arrastrarlos todo el día, hora abierto, hora cerrado, acaba convirtiéndose en un incordio. Si os apetece, acompañadm...