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Mostrando entradas de mayo, 2016

CHURRAS, MERINAS Y EL SR. MENDOZA

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Leo en la prensa que el Sr. Mendoza, factótum de la UCAM, está llamado a declarar ante el juez por unas manifestaciones vertidas hace ya tiempo en las que expresaba que, según su dios -con el que parece tener un trato muy cercano-, consideraba una abominación el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y me resulta chocante que estas manifestaciones sorprendan a nadie, y más que puedan ser objeto de demanda judicial, conociendo el ideario del Sr. Mendoza y los mandamientos de su dios. Cada confesión religiosa predica entre sus adeptos determinadas formas de actuación, anima unas y persigue otras. Eso entra dentro de la libertad de cada individuo para creer en una religión determinada o en ninguna. Afortunadamente, la feraz imaginación de los hombres ha inventado religiones para todos los gustos. Unas consideran pecado la ingesta de chorizos y de bebidas alcohólicas, otras el consumo de carne de vaca, otras las transfusiones incluso en peligro de muerte, aquella el trabajo de ...

LEONIDAS Y EFIALTES (y III). Tercera jornada.

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El asunto pintaba muy mal para los persas que, a pesar de sus cuantiosas bajas, no habían logrado avanzar un solo paso. Jerjes se tiraba de la hermosa cabellera, como ha quedado retratado en algunos grabados de la época. Así estaban las cosas cuando, al oscurecer de la segunda jornada, un pastor griego llamado Efialtes, se presentó en el campamento persa ofreciéndose a guiar a los soldados por una senda secreta que los llevaría a la retaguardia de los espartanos. No consta qué les pidió a cambio. Leónidas, conocedor de la senda secreta (que no debía serlo tanto), había apostado en ella a un grupo de focenses, por sí las moscas. Cuando el destacamento persa, después de viajar toda la noche, les cayó encima, huyeron despavoridos. La suerte de los griegos estaba echada. Leónidas y los suyos se dieron cuenta de que no tenían escapatoria. Megistias de Arcania, el augur que acompañaba al ejército, después de realizar complejos cálculos y consultar las entrañas de diversos animalill...

LEONIDAS Y EFIALTES (II). Segunda jornada.

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Leónidas, además de hombre valeroso y buen conductor de hombres, era un excelente estratega, así que decidió, para impedir el paso a los persas, apostarse en el estrecho paso de las Termopilas (Puertas calientes), llamado así a causa de las aguas termales que brotaban en sus proximidades. En el lugar había un viejo muro suficiente para ocultar a los defensores de los espías que Jerjes envió a tantear el terreno. El paso tenía una anchura de unos 15 metros y Jerjes se imaginó que los griegos huirían aterrorizados ante la magnitud del ejército persa, por lo que se instaló cómodamente en su campamento y decidió esperar tres días para facilitarles la retirada. Conviene aquí hacer un breve inciso para detenernos en el armamento de ambas formaciones, que resulta de interés para la claridad de nuestra historia. Los persas se habían hecho famosos por su temible caballería, que en esta ocasión resultaba por completo inoperante. La infantería llevaba una armadura escasa, espadas cortas...

LEÓNIDAS Y EFIALTES (I). Primera jornada.

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Nuestros primos los griegos, están ahora sometidos a los embates de naciones más poderosas, a las que -como todos los demás europeos- se pliegan resignados. Pero no siempre fue así. En estos tiempos de tribulación para ellos, me viene a las mientes esta vieja historia que quiero recordar con ustedes. * Hace unos pocos años (en 490 aC. para ser exactos), el rey de los persas, Darío I decidió darle una lección a los ciudadanos de Atenas que habían participado en unas revueltas contra su autoridad. A tal efecto, preparó su ejército y se dispuso a la invasión, pero le salió el tiro por la culata. Milciades y Datis, al frente de los atenienses, le dieron una paliza de muerte en la playa de Maratón. Jerjes, hijo de Darío, se tomó el asunto muy a mal y en agosto del año 480 aC. decidió vengar la derrota de su padre, para lo que organizó un poderoso ejército que, según los historiadores podía oscilar entre los 90.000 y los 300.000 hombres (a los historiadores, en ocasiones, no les g...