LA DJEMAA FNA (II)
Cuando los almorávides, que subían del desierto mauritano imponiendo el islam ortodoxo a sangre y fuego llegaron a las faldas del Atlas, quedaron maravillados ante el verdor de los valles regados por los deshielos de las nieves perpetuas. Yusuf Ibn Tasufin, el lamtuna que años después llegaría en ayuda de los reyes de Taifas hasta nuestras tierras de Aledo, decidió sedentarizar a su pueblo y fundó la ciudad de Marraquech, una vez que le hubo soplado la dama y el imperio a su primo y jefe Abu Bakr. En su amada ciudad reposa para siempre desde su muerte en el año 1106. Su primo, ante los hechos consumados, adoptó la más inteligente de las posturas posibles: sacudió la cabeza, miró hacia otro lado y se volvió al sur para seguir predicando, espada en mano, la verdadera doctrina. Marraquech fue, desde entonces la rotula comercial del desierto en cuya gran plaza, la Djemaa Fna , se realizaban todas las transacciones entre norte y sur. Muchos siglos después, continúa igual de esplendor...