ESTADO DE LA NACIÓN: UNA DE LAS DOS ESPAÑAS
No parece que hayamos avanzado mucho desde que el poeta, exiliado forzoso al final de su vida, hiciera ese acertado y triste comentario. Los dos gallos se han plantado, cada uno en su rincón y desde lugar seguro han alzado cantos estridentes procurando amilanar al contrario. Los seguidores de uno y otro, provistos de orejeras que solo permiten ver uno de los colores del espectro político, los han jaleado convenientemente cuando la pausa oratoria lo sugería. Con arreglo a la vieja y eficaz norma política: pregunta lo que quieras que contestaré lo que me dé la gana , han desembuchado machaconamente durante largas horas los discursos que traían aprendidos, respondiendo a preguntas sobre la marcha con frases en conserva. El alarde parlamentario que en otras épocas consistió en hacer gala de oratoria, elegancia y agudeza, se ha trocado en un ejercicio elefantiásico que emula las soporíferas sesiones con las que Castro afligía a sus pacientes vecinos. No hay quien resista una de estas ...