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Mostrando entradas de julio, 2016

PACTOS Y SILLONES

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Juan de la Cirila andaba algo contrariado esta mañana. El panadero ha olvidado el pan integral y Juan es hombre que no gusta salir de su rutina, amén de que según cuenta con innecesarios detalles, su organismo se resiente con facilidad de la falta de fibra. —Eso es culpa de los de Podemos, que están alterando las buenas prácticas de este país, le dice Cacaseno que no desaprovecha ocasión de meterle los cerotes. —Tu ríete, pero si no fueras tan cerril te darías cuenta de que mi presidente, con sus chanchas marranchas y sus silencios de plasma ha manejado a los tuyos como le ha dado la gana. ¿A que sí, Fernández? —A mi dejadme de líos que estoy de política hasta los bébes. Como den lugar a otras elecciones, me voy a la playa y no vuelvo. —¡No te irás al Mar Menor! —Pues sí señor, a La Puntica me voy, aunque no me bañe. Y en lo que dice el Juan, que sepas que le doy su parte de razón, Podemos le ha hecho el caldo gordo al PP. —¡Eso mismo digo yo! Al principio el PP se frot...

MANGAS VERDES EN EL MAR MENOR

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Como todos los años, esperábamos el verano para poder echar el kayak al agua y recorrer –en la medida de nuestras fuerzas, que el tiempo va mermando-, el querido, bonancible y recoleto Mar Menor. Es tarea que venimos realizando durante los fines de semana desde hace años: embarcamos en Villananitos y ‘paleamos’ (las piraguas no se impulsan con remos, sino con palas), hasta La Encañizada, o recorremos los apacibles canales de Veneziola para regresar al lugar de partida aprovechando casi siempre el soplo del amable levante. A veces partimos del Carmolí (cuando hay lebeche) y rodeamos las islas Perdiguera y del Barón arrastrando un sedal en el que a veces se engancha alguna oronda y descuidada lubina. En otras ocasiones zarpamos del Mar de Cristal y atravesamos el ancho espacio hasta la isla del Barón con ciertas precauciones, porque el levante suele saltar hacia el medio día un tanto agresivo y peleón. La estampa bucólica que acabo de relatarles, pertenece a un pasado que difícil...

CHAPETE

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El salón es diáfano, sin ninguna concesión estética. Las ventanas, grandes, permiten otear paisajes de la huerta. Por una se vislumbran extensas plantaciones de limoneros alineados como soldaditos en inmóvil formación. Por la opuesta, un trozo de monte pelado y reseco, inicio de la Sierra de Orihuela. El menú, sencillo, como pide la clientela estragada por los años y la erosión de las pensiones compartidas. El camarero es breve de estatura. Compensa volumen con una dimensión horizontal generosa. Diríase próximo a lo esférico; recuerda a Chapete, sempiterno enemigo de Pinocho. No se sabe si a causa de su especial humanidad, o precisamente por ella, es de una amabilidad extrema con el transeúnte ocasional. En la barra, el contrapunto: una muchacha de esbeltez admirable, longilínea. Los rubios cabellos le caen desmayados sobre los hombros, la sonrisa permanente se multiplica atendiendo a la clientela mientras distribuye los platos. Una entrevista cocinera los suministra a través del...