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TIEMPOS DESDICHADOS

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  La tertulia lleva unos días de capa caída. Cuando llegó Fernández se extrañó de ver el periódico durmiente en la mesa. —¿Has terminado con la prensa, Cacaseno? —Eso le estaba diciendo, apostilla María. —Ni lo he abierto, grima me da imaginar que nueva burrada nos depara el Trump. —Y con el Putin a partir un piñón con él, como chotos de la misma maere, quien lo iba a decir, interviene Juan de la Cirila. —¿No te gustaba tanto el tío colorao? —No me líes Cacaseno, ese ya no es mi gallo. Una cosa es que uno sea de derechas y otra estar de acuerdo con las burradas de ese personaje. —Pues tu amigo el de VOX bien que fue a lustrarle las botas, le faltó ponerse la gorra de hortera. —Ese tampoco es mi amigo, Cacaseno, mi partido no apoya a semejantes extremistas. —No es eso lo que hace tu jefe con la boca pequeña. —No le des mas tormento al tío Juan, Cacaseno, que bastante tiene con lo de Valencia, de eso estábamos hablando antes, dice María. —Pues ya que lo dices, m...

DANAS, AMERICANOS Y PLANTAS DE BIOGÁS.

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    Es un pueblo de la Vega Media del Segura donde suceden las mismas cosas que en los demás pueblos. Fernández el conciliador, el Cacaseno admirador de Lenin, Juan de la Cirila devoto del PP, María “la Tutuvía” activista, y el doctor Mateo de forma ocasional, dialogan en sus desayunos del Hogar del Pensionista. Yo escucho. María estaba absorta sobre el periódico al lado de su tostada y el café con leche. Con las gafas de presbicia en la punta de la nariz, seguía con el índice las letras mientras los labios deletreaban en silencio. —¿Estás rezando el periódico?, dijo el Cacaseno que se había acercado con sigilo, al tiempo que hacía un gesto al muchacho del Hogar del Pensionista para que le pusiera “lo suyo”. —No te rías, piazo bruto. Si hubieras tenido que dejar la escuela a los ocho años para ir a servir como una, no sabrías las cuatro reglas que sabes. —Haya paz, tercia Fernández que llega con Juan de la Cirila. Bastante tenemos con la desgracia de Valencia, el absur...