COS Y ARRÒS AL FORN
Como todos los hijos únicos, tuve una infancia afortunada, si bien solitaria. Mis héroes primeros fueron, a mi imagen y semejanza, niños audaces pero sin hermanos relevantes: Tom Sawyer, Huckleberry Finn o Guillermo Brown, cuyas lecturas y fantásticas aventuras me acompañaron durante muchos años. Pronto descubrí camadas envidiables y más numerosas en los corsarios de Salgari (los corsarios verde, rojo y negro), y más tarde los hermanos Dalton que, en su escala (creciente o decreciente según se mire), eran derrotados de forma inmisericorde por Luki Luke, incombustible hasta en el sempiterno cigarrillo que le colgaba del belfo, en aquella época en que creíamos que, como tantas otras cosas, fumar no era nocivo. Pero la antedicha fortuna me sonrió en forma definitiva años más tarde cuando conocí a los hermanos Cos. Con Pepe compartí bancada de instituto cuando su padre, D. José, nos impartía aquellas clases inolvidables frente al soto del parque que entonces existía. De Eduardo f...