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Mostrando entradas de 2020

LOS DOS PASTORES (Cuento que puede pasar por navideño).

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Pues señor, esto eran dos pastores que dada la escasez de recursos del lugar en que tenían sus ganados, se veían obligados a que ambos pastaran juntos. En principio, la armonía estaba garantizada: cada mañana, abrían la puerta de sus apriscos y las dóciles ovejas, en ordenada procesión y fraternal armonía, se desparramaban por el valle y se aplicaban al condumio con similar afán. Quiso el demonio, capaz de enredarlo todo, que los pastores, que nunca se habían llevado excesivamente bien pero hasta la presente se habían tolerado de forma más o menos educada, concibieran la extraña idea de que el valle les pertenecía en exclusiva. Y buscaron a otros pastores del entorno que, aportándoles un número relativamente pequeño de ovejas, dieran fuerza a sus reivindicaciones basadas en el número de cabezas. Cada día, los pastores de ambos grupos se reunían a la fresca sombra de una enorme encina y provistos de suficiente recado alimenticio se enmarañaban en inacabables discusiones acerca de ...

¿QUIERE UD. HACERME UNA FOTO?

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  Mi amigo Felipe gustaba de pasear las mañanas de domingo por el parque del retiro. Desayunaba en un chiringuito junto a la puerta de entrada donde ya lo conocían. El  camarero, con esa desenvoltura un poco chulesca que tienen los de Madrid, al verlo traspasar la puerta de cristales gritaba, hubiera o no gente: "¿Caballero, su con leche y las porritas de los domingos?" A Felipe no le hacía gracia que le llamaran caballero, le parecía una de tantas modas estúpidas surgida para sustituir la anticuada expresión, señor, que había pasado al limbo de las palabras retiradas de la circulación por clasistas. Sin embargo le hacía gracia la camaradería desenvuelta y profesional de aquel hombre con el que cruzaba escasas palabras una vez a la semana. Reconfortado con el desayuno decidió permitirse un cigarrillo en uno de los bancos, a la sombra refrescante del tilo situado junto al kiosco. Enfrente, una pareja de menudos japoneses mantenía una animada conversación. Parecían discutir sob...

UN BAR DE MECONIA

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  En Meconia no hace frio, pero los bosques que la circundan dejan caer en los atardeceres de invierno una pátina de humedad que moja las calles y hace estornudar con violencia a sus habitantes. Acobardado por este frio insólito, busco refugio en el Ipanema, un bar que recuerdo de mi años universitarios en esa ciudad. Pocas cosas han cambiado, la barra larga e inhóspita sigue en el mismo sitio, las estanterías polvorientas también han sobrevivido, pero los camareros son ahora jóvenes sudamericanos que ya no conocen a los parroquianos de antaño. Solo el patrón, de bigote blanquinoso, sobrevive a los embates del tiempo. Pervive también, por fortuna, la excelente ensaladilla rusa, a la que me aplico mientras requiero el periódico local, salpicado de manchurrones aceitosos. El vino de la tierra ha mutado en un Rioja que no me desagrada. Las cosas cambian al cabo de los años, me digo. La vuelta al terruño siempre depara sorpresas. Un hombre recién llegado se encarama al taburete d...

ÁRABES Y NO TANTO

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  Mi pueblo está compuesto desde tiempo inmemorial por gente trabajadora que pobló   las Urdiencas rescatadas a insalubres marismas en la época de nuestro paisano el conde de Floridablanca. Ha sobrevivido a amortizaciones, caciques, epidemias de todo tipo, inundaciones victimarias, DANAS, y ahora resiste como puede los efectos de la pandemia que nos azota como al resto de la humanidad. Es pueblo de amable acogida y carácter mayoritariamente agrícola. Entre sus nuevos vecinos se encuentran gentes de religiones y costumbres diferentes que han de integrarse en su población quizás para siempre, o por lo menos para mucho tiempo. Hay entre ellos una mayoría magrebí mal llamados árabes, pues árabes son los pobladores de la Península Arábiga. Magrebíes (marroquíes o argelinos) es como debe denominarse a los venidos del norte de África; o moros, nombre que deriva del dado a las dos provincias romanas ( Mauritania Cesarensis y Mauritania Tingitana ) desde tiempos del emperador Augu...

PARASANGA

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Para Guillermo y Cuchi, con los que recorrimos muchas parasangas. Estoy seguro de que a muchos de Uds. Les habrá pasado alguna vez lo mismo que a mí: de pronto, sin venir a cuento, una palabra cualquiera a veces con sentido, las más de las veces sin él, se instala en la cabeza y los replicantes misteriosos que alberga nuestro cerebro se encargan de que aflore de forma repetitiva —sin que venga a cuento ni que sepamos por qué—, en los momentos más insospechados. La llevamos, de un lado para otro como un equipaje indeseable que alguien nos ha colocado de matute. Nos sorprende y nos inquieta, como siempre que experimentamos un fenómeno interior del que no somos plenamente responsables, como si otro yo travieso y movedizo se entretuviera en hacer jugarretas desde el interior de nuestro cerebro. El caso nos lleva, una vez más, a preguntarnos qué clase de mecanismos ignorados funcionan dentro de nosotros sin que seamos capaces de manejarlos. Hace poco me ocurrió uno de esos fenómenos con...

El VIENTO

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                         Los suspiros son aire y van al aire Las lágrimas son agua y van al mar Dime, mujer, cuando el amor se muere ¿Sabes tú dónde va? Gustavo Adolfo Bécquer   De pronto, sin más aviso que el de las predicciones de la tele que nadie se toma en serio, el viento se abate sobre la ciudad desprevenida. No hay nada más dañino que ese aire en movimiento, que recordamos desde la escuela. Llega, casi siempre precedido por la lluvia que ha llenado los predios sedientos y se derrama por torrenteras y barrancos obstruidos de maleza tras la larga sequía. Muchos árboles, con las raíces desprendidas por la tierra anegada, se vienen al suelo con doloroso estruendo. El paciente trabajo de tantos años destruido en un segundo. El viento siempre es cruel, implacable. La caída de un árbol te impresiona solo si es cercano, las desgracias lejanas nos son ajenas casi siempre. El viento, solo te molesta cua...

SER FELIZ ES FACIL

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Dice mi amigo Juan de la Cirila que es feliz. No tiene dudas existenciales. Si alguna se le plantea, le basta con recurrir a la sabiduría de los entendidos que lo remiten a las enseñanzas contenidas en los libros santos: el Hombre fue creado por el sumo hacedor en tiempos ya lejanos, para su augusto deleite y para que, boquiabierto ante las manifestaciones de su gloria, lo alabara incansablemente. El mortal, agradecido, no tiene más que seguir los sabios mandamientos de su creador, grabados por el augusto dedo en piedra berroqueña, y entregados a Moisés en su momento. La cosa es bien sencilla. A cada uno ha colocado el creador en el lugar que le corresponde. A tal en la cúspide de la pirámide humana para que dirija los destinos de los demás, a tal otro al frente del sagrado ministerio que ha de orientar a la paciente grey. A la mayoría, en el valle de lágrimas que propiciará sin lugar a dudas la eternidad dichosa que ha de resarcirlo de todas las penalidades sufridas a lo largo de su...

El Dr. JEKILL Y Mr. HYDE

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  Nos explicó Nietzsche cómo hablaba Zaratustra, fundador del mazdeísmo recogido en el libro Zend-Avesta, según el cual existen dos principios contrarios y alternos, el principio de la luz o el bien y el principio de las tinieblas o el mal. Esa doctrina caló tan hondo en la cultura judeo cristiana que muchos años después sería recogida por Descartes en su dualismo, comparando la mente con el marino y el cuerpo con el barco, de tal forma que nos acostumbramos a pensar en línea recta a diferencia de los orientales que lo hicieron en un círculo sin principio ni fin. Aplicamos ese principio al comportamiento humano de manera que vinimos a aceptar que en el Hombre pueden darse los comportamientos más éticos y los más nauseabundos. Los dos extremos. R. L. Stevenson lo interpretó de forma magistral en su novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” publicada en 1886. A lo largo del relato, el lector se ve atrapado entre la simpatía que le despierta el doctor, una persona adornada ...

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE RAJOY

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Hay un conocido libro de Oliver Sacks ( El hombre que confundió a su mujer con un sombrero ) que trata de sus experiencias clínicas con pacientes afectados de trastornos neurológicos a lo largo de muchos años de profesión. Me ha impresionado especialmente el capítulo 9 que se titula como el encabezamiento de estas letras. Y me parece procedente dedicarle algún comentario. Cuenta sus vivencias en el pabellón de afásicos de uno de los centros en los que desarrolló su actividad profesional en Nueva York. Entre ellas, esta: un día de visita, le sorprendió escuchar las carcajadas estertóreas de los pacientes que estaban presenciando el discurso del Presidente por televisión en la sala que tenían destinada al efecto. La afasia global o receptiva, nos explica, incapacita para entender las palabras en cuanto a tales, a pesar de que permite comprender la mayor parte de lo que se oye si se habla a los pacientes con cercanía y naturalidad. La razón es que el habla natural no consiste s...

DESPERTARON

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Despertó el Hombre de su larga noche y se maravilló de lo que vio a su alrededor, de cuanto de excelso y extraordinario había en él mismo. Podía pensar, deducir, prever, experimentar, reír, llorar, amar. Y se dijo: “esto no puede ser fruto de la casualidad ni de la evolución. No tenemos nada que ver con nuestros parientes más cercanos, los grandes simios y mucho menos con las ratas, las pulgas o los peces. El mismo ser, inmenso, inabarcable, que ha creado el universo cuya magnitud somos incapaces de comprender, nos habrá creado, puede que a su imagen y semejanza. ¿Con que objeto? Probablemente con el mismo que al resto de los animales que pueblan el planeta, con el mismo que a tantas galaxias, estrellas y soles con que ha vestido el universo: como muestra de su poder infinito o para alivio de la áspera soledad en que se veía atrapado desde el principio de los tiempos: Díjose entonces Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces de...

LABRADOR

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A la memoria de Ramón ‘el Estuto’, allá donde se encuentre. Labrador, ya eres más de la tierra que del pueblo. Cuando pasas, tu espalda huele a campo. Ya barruntas la lluvia y te esponjas. Ya eres casi de barro. De tanto arar, ya tienes dos raíces debajo de tus pies heridos y anchos. (Gloria Fuertes) El hombre apura el vaso y chasquea la lengua complacido. El vinillo de la tierra, clarete y áspero, parece menos agrio que otros años. Se complace pensando que aún le quedan tres grandes damajuanas llenas, bien selladas, durmiendo en el frescor del sótano. Calcula que le hasta que las uvas maduren en octubre. Aparta el plato, se levanta de la mesa y no puede evitar un gesto de dolor. La espalda se resiente después de un día duro. Atraviesa la puerta del cortijo y sale a la era. Es de noche y la luna creciente brilla. Faltan cuatro días para que esté llena. El hombre se sienta en el poyete junto a la puerta y se reclina contra la pared desconchada de la casa. H...