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Mostrando entradas de mayo, 2013

CIN-COS CABALLEROS

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Para Pepe, Eduardo, Manrique, Juan y Miguel.   Los encontré (¿o los soñé?) caminando unidos por la vasta extensión del país que no existe. Yo tampoco estaba allí la tarde en que llegaron cabalgando potros de niebla. Nunca supe sus nombres, si es que los tenían, no hacia falta llamarles de ninguna forma porque jamás contestaban si no a sus propias preguntas, por eso les llamé primero, segundo, tercero, cuarto y quinto caballeros. No llegaron juntos, sino uno tras otro, desde todos los puntos cardinales, como si hubieran concertado una cita inevitable en el país invisible El primero era placido y bonancible, puede que viniera de oriente. Aglutinaba sin esfuerzo voluntades, concitaba acuerdos en los que todas las partes se sentían ganadoras y dejaba tras de si un rastro de suspiros femeninos. Traía en la faltriquera un ábaco que muchos sabios habían empleado para calcular el espesor de la Muralla China. En él se contenía la sabiduría del universo y las miles de lenguas que se ...

MOROS Y CRISTIANOS (V). Reflexión final.

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  Algunos de mis lectores -a los que de todo corazón agradezco su aplicado interés-, se habrán preguntado a que viene este insólito afán por afligirles con relatos de las guerras pretéritas sufridas por nuestros antepasados. “Poco tienen que ver esas historias –se dirán- con estos tiempos en que disfrutamos de benéfica paz. Allá se valieran con sus guerras entre moros y cristianos o cristianos entre si o moros entre unos y otros en la época que nos has contado”. Debo responder a los que así argumenten que ha sido mi intención alumbrar una reflexión sobre lo poco cambiante que resulta la naturaleza humana, no ya desde tiempos tan cercanos en el tiempo como los que en capítulos anteriores se han visto, sino desde el principio mismo de la humanidad. Es la del hombre, por desdicha, una historia de luchas y matanzas. Dentro de unos miles de años (si es que esto no ha pegado un trueno para entonces), los arqueólogos estudiaran nuestra especie por el desarrollo de las armas que la...

MOROS Y CRISTIANOS (IV). El Cid en Valencia.

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En 1088 Yusuf ibn-Tasufin cruzó por segunda vez el estrecho dispuesto a dar la batalla a los reinos cristianos y a las taifas corrompidas por la molicie. Llegó hasta la fortaleza de Aledo, en Murcia, pero allí se le acabó el fuelle y fue derrotado por las tropas cristianas. Alfonso había solicitado el auxilio del Campeador para la batalla de Aledo, pero este –sin que se sepan bien las razones, que no se las comunicó a nadie conocido-, emprendió el camino de Murcia, pero no llegó a tiempo para apoyarlo. Alfonso montó en cólera y lo desterró por segunda vez, esta con mayor rigor que la primera, pues le confiscó todos sus bienes. A partir de ese momento, el Cid se consideró legitimado par emprender sus aventuras y conquistas no en nombre del rey, si no en el suyo propio. Decidido a guerrear en las ricas tierras de Valencia, se estableció en Burriana, amenazando las posesiones del rey de la tarifa de Lérida, al-Mundir. Este se alió con Ramón Berenguer II de Barcelona que vino en su ...