CIN-COS CABALLEROS
Para Pepe, Eduardo, Manrique, Juan y Miguel. Los encontré (¿o los soñé?) caminando unidos por la vasta extensión del país que no existe. Yo tampoco estaba allí la tarde en que llegaron cabalgando potros de niebla. Nunca supe sus nombres, si es que los tenían, no hacia falta llamarles de ninguna forma porque jamás contestaban si no a sus propias preguntas, por eso les llamé primero, segundo, tercero, cuarto y quinto caballeros. No llegaron juntos, sino uno tras otro, desde todos los puntos cardinales, como si hubieran concertado una cita inevitable en el país invisible El primero era placido y bonancible, puede que viniera de oriente. Aglutinaba sin esfuerzo voluntades, concitaba acuerdos en los que todas las partes se sentían ganadoras y dejaba tras de si un rastro de suspiros femeninos. Traía en la faltriquera un ábaco que muchos sabios habían empleado para calcular el espesor de la Muralla China. En él se contenía la sabiduría del universo y las miles de lenguas que se ...