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EL SELLO

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—Perdone, ¿la dirección de pagos retroactivos? Me han mandado esta carta, dice que me cobraron de más en la liquidación de hace tres años y me tienen que devolver un dinero... —A ver, déjeme...si, un pago retroactivo por exceso de cabida en la declaración  anual...Planta dieciocho, sección segunda. —Gracias, ¿el ascensor? —Al fondo del pasillo, donde está la gente esperando. —¿Todos van al mismo sitio? —Eso creo, hay muchos pagos estos días. Como es fin de mes, se amontona la faena. * —Perdone, ¿esta ventanilla es la de pagos retroactivos? Recibí esta carta ayer. Llevo haciendo cola desde las nueve, pero cuando ha llegado mi turno, me han mandado aquí. —A ver la carta. Esto es para un cobro retroactivo, ¿no? ¿El interesado es Ud.?, déjeme su DNI...si, correcto, aquí dice..., efectivamente, se le adeuda la cantidad... pero este oficio no tiene sello, tiene la firma del pagador pero no tiene sello, ¿lo ve? —Ya, pero yo lo he recibido así. —Correcto, correcto,...

O TEMPORA, O MORES

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Cuentan los que de ello saben que Marco Tulio Cicerón, una vez se hubo zafado del intento de asesinato por parte de su colega Lucius Sergius Catilina, emprendió contra él una campaña en el Senado a la que se dio el nombre de Catilinarias. Corría el año 63 a.C. y la Republica Romana comenzaba a dar signos de agotamiento, tantos que no tardaría mucho en ser sustituida por el principado de Augusto. Pero eso no lo sabía entonces Catilina, al que se le atribuyen al menos dos conspiraciones, sobre las que no todos los estudiosos del tema se ponen de acuerdo. Sea como fuere, Cicerón en su primera catilinaria Oratio in Catilinam Prima in Senatu Habita, deploraba la perfídia y corrupción de su tiempo en general y de Catilina en particular, añorando otros tiempos de mejor factura con la frase que encabeza este artículo. De las sabias enseñanzas que la historia nos proporciona, a poco que prestemos oreja atenta, se desprende que ya en tiempos pasados, las corruptelas, zancadillas y puñ...

LÁGRIMAS POR EL MAR MENOR

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Decía una de mis antepasadas: “Lloraría si no fuera porque en la guerra se me acabaron las lágrimas”. El tierno infante que yo era entonces, desconocía cuya era aquella guerra ni cuales habían sido sus devastadores efectos. Del tema se trataba en familia, sotto voce, interrumpido abruptamente en presencia de niños. No he tenido que padecer ninguna guerra, como no haya sido la memoria recogida en algunos museos visitados, o en las lecturas imprescindibles para llegar a forjarme una idea clara de la doméstica que padecieron mis mayores. Me costó tiempo y trabajo desaprender las muchas falacias que sobre aquella desdichada contienda me contaron de una y otra parte. Ahora, cuando veo la destrucción del Mar Menor, a la que he asistido como muchos de mis conciudadanos, con estupor y asombro, en un día a día prolongado a lo largo de muchos años, recuerdo aquella frase de mi antepasada y lloro con lágrimas del alma. Lloro de rabia y de desánimo porque me siento responsable por inac...

REFLEXIONES SOBRE LA DANA CON SANTOMERA AL FONDO

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Vueltas las aguas a su cauce, en fase de lamernos las heridas, me parece adecuada una reflexión sobre los acontecimientos provocados por esta situación excepcional. Fenómenos como el que ha acontecido, aunque poco frecuentes, no son desconocidos. Santomera ya sufrió con anterioridad riadas de efectos demoledores: septiembre de 1879 (800 muertos en Murcia y pedanías), septiembre de 1906 (31 muertos en Santomera), septiembre de 1947 (11 muertos en Santomera). Como remedio a las avenidas se construyó el pantano, terminado en 1966 –que probablemente nos ha librado en la presente de mayores males-, y el encauzamiento de la rambla salada. Para más detalles, es interesante la página del Ministerio de Transición Ecológica que recoge las sucesivas y numerosas riadas ocurridas en la región desde el año 1259:   https://www.chsegura.es/chs/informaciongeneral/elorganismo/unpocodehistoria/riadas.html Gozamos en la actualidad de una gran ventaja: la predicción de los fenómenos atmosfér...

AQUEL MAR MENOR… (y II)

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Soy “cliente” del Mar Menor desde hace muchos años, desde que tenía seis o siete hasta ahora, muchos decenios después. Primero lo cruzaba en un bote de aparejo latino llamado “San José”, ocasionalmente en veleros de amigos, ahora en un cayac que junto a mi reducida tripulación impulsamos, palada a palada, desde estaciones diversas: La Ribera, Villananitos, Los Alcázares, Los Nietos, Punta Brava, La Manga, dependiendo de dónde sople el viento de nuestro caprichoso destino. Y he asistido, al principio con indiferencia, después con estupor, ahora   con pena, al desastroso “desarrollo” de nuestro pequeño mar. La Manga, una ligera lengua de tierra que lo separaba del “mar mayor”, se colmató en pocos años de edificios monstruosos, de miles de personas que la llenaban en verano con ríos de coches amontonados en el cuello de botella en que se convertía la única vía de acceso. Los pequeños barcos de pescadores se vieron desplazados por enormes navíos, seguramente diseñados para esp...

AQUEL MAR MENOR…

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Hace ya tanto tiempo que si creyera en la reencarnación, me parecería que fue en una vida anterior. El Mar Menor era entonces refugio estival de menos categoría que las elegantes playas de Torrevieja. Algo más asequible para una población murciana de posguerra que descubría tímidamente “el veraneo”. La gente más selecta se agrupaba en La Ribera (aún no se había descubierto La Manga), y los menos pudientes se desparramaban, hacia un lado por Los Alcázares, Los Narejos, Los Urrutias y Los Nietos. La Puntica y Villananitos hacia el otro. A mí me tocó esta última opción, entonces con escasos habitantes incluso en verano: el Castillo de Trucharte, hoy desaparecido; la taberna de Cruz “La Negrilla”, maestra velera y cabeza de una larga saga de pescadores; la casa señorial de los Sanz Quesada (¡el inolvidable “Pocholo”!), rodeada por un jardín abandonado donde resistían heroicamente unos escuálidos cerezos; los Yáñez constructores un poco más abajo, junto a la casa de la tía “Pereta”; al...

TRATOS Y PACTOS

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Maurice Druon en la recomendable serie “Los reyes malditos”, hace referencia, entre otros muchos acontecimientos históricos, al acaecido en tiempos de Felipe V de Francia durante sus complejas relaciones con el papado. A la muerte del pontífice Clemente V (1264-1314), resultaba procedente el nombramiento de otro papa. Dado el carácter de autoridad que la Iglesia detentaba en aquella época (y en las posteriores), la elección del jefe de la Iglesia Católica tenía importantes connotaciones políticas, de ahí que los príncipes cristianos procuraran arrimar el ascua a su sardina influyendo en el conclave para que la elección recayera en persona afín a sus deseos y objetivos. Los cardenales de todo el mundo cristiano se reunieron en   el conclave de Lyon (1314-1316), pero las muchas presiones a que se veían sometidos hicieron que el conclave resultara fallido una y otra vez. Felipe V, conocido familiarmente como El largo , que pretendía un papa de su país y a ser posible en terri...