PECADO Y DELITO
Desde el Neolítico, las religiones han sido para el tronco humano como las hojas para los arboles caducifolios: aparecen, cumplen su cometido y desaparecen barridas por los vendavales del tiempo. Así pasó con los mesopotámicos, los persas, los egipcios, los griegos, los romanos, etc. (por centrar la mirada solamente en nuestro familiar lago mediterráneo). Y todas las religiones, pasadas y actuales han tenido algunos objetivos en común: convencer a sus adeptos de que hay un mundo de bienaventuranza en otra dimensión al cual tendrán acceso aquellos que se dejen guiar por la casta sacerdotal del momento, siguiendo a rajatabla sus indicaciones que incluyen un comportamiento que evite el pecado, definido por cada religión de acuerdo con sus postulados. Entre estos, se encuentra aclarar qué es lo bueno y lo malo y a esto último clasificarlo como pecado, creando la sensación de culpa imprescindible para el buen gobierno de la grey. Como objetivo último y más importante de cada estruc...