CHARLAS CON ALEX,

 Alex es un chico con inquietudes. Está en su segundo curso de políticas. Sospecho que milita en algún partido de izquierdas, aunque se muestra retraído y misterioso al respecto. Por fortuna tiene interés en aprender y sospecho que desarrolla un cierto espíritu crítico. Mis charlas con él son ilustrativas para ambos.

I. Democracia

—Abuelo ¿Qué opinas de esta democracia? Siempre me has dicho que la inventaron los griegos y que es el mejor método de gobierno que se conoce.

—Habré dicho el que se conoce hasta ahora, a lo mejor mañana se descubre otro que supere a este. Ten en cuenta que nuestras diferencias con las democracias griegas, como el tiempo que nos separa de ellas, es abismal. Aristóteles, al que ya conoces, habla en su Política de las distintas formas de gobierno y se decanta por la democracia, pero ya sabes lo que era la democracia en su tiempo, tenían derecho a voto los que poseían tierras o peculio y pare usted de contar. Ni los pobres, ni los esclavos y mucho menos las mujeres.

—Pues vaya democracia.

—Por eso te digo, cada cosa hay que adaptarla a su tiempo, a su lugar y al entorno sociopolítico en que se desenvuelve. En este país no podemos hacer abstracción del entorno en el que estamos situados.

—Europa.

—Exacto, para bien o para mal —ya no es momento de considerarlo— somos parte integrante de la Comunidad Europea y las directivas que emanan de allí son de obligado cumplimiento.

—Pero entonces le hemos cedido nuestra capacidad de decisión.

—En parte sí, es el precio que hay que pagar, como hay que pagar un precio por tener seguridad. A cambio, se ceden parcelas de libertad. Las cámaras de seguridad son un atentado a la libertad, sin embargo, nos protegen de las barrabasadas de los malos. Lo uno por lo otro. El secreto está, como en casi todo, en el equilibrio.

—Entonces, ¿es necesario un Estado autoritario?

—Depende de lo que entiendas por Estado autoritario. Es preciso que haya autoridad, porque si no, por desgracia, esto sería un desmadre.

—¿Homo homini lupus?

—Hombre no tanto, pero por simple estadística, por cada x personas honradas hay un número Ɛ de chorizos o maleantes, el mismo número que fijaba el profesor Cipolla para el de inútiles en cualquier colectivo, el mismo que existe entre los políticos que han alcanzado su nivel de incompetencia según el principio de Peter.

—Pues tenemos un problema si el voto de cada uno de los ciudadanos vale lo mismo, siendo así que sus categorías mentales, sus estudios, su formación y su criterio son muy diferentes.

—Claro, pero hay un principio irrenunciable de la democracia: “Una persona, un voto”.

—Entonces, estamos un poco atrapados en nuestras propias normas ¿no?

—Estamos.

II. Votos y políticos.

—Abuelo, si cada persona es un voto y no todas están igualmente capacitadas para emitirlo con ecuanimidad ¿Qué garantía tenemos de que al gobierno de la comunidad lleguen los mejores?

—Planteado así, ninguna. De ahí las famosas campañas en que los políticos de uno y otro signo se desgañitan como pescaderas (dicho con todo respeto a las pescaderas, cuyo esfuerzo y madrugones deberían imitar muchos de ellos) intentando vender el producto de que disponga cada uno. En eso coinciden derecha, izquierda y centro. No hay diferencia.

—Pero ¿no sería mejor analizar los logros conseguidos por el gobierno que acaba su periodo legislativo y en base a eso tomar decisiones?

—La clave de bóveda sería analizar detenidamente el grado de cumplimiento del programa electoral con el que se presentaron, pero eso resulta farragoso, difícil y engañoso, porque ya se ocupan muchos de ellos en disfrazar y maquillas los datos o las realizaciones. Siempre hay excusas, retrasos imprevistos, añadidos, sobrecostes, dificultades de toda índole, epidemias, accidentes meteorológicos, ten en cuenta que no hay persona más hábil para disfrazar la verdad que un político.

—No me digas eso, abuelo, que yo quiero ser político.

—Pues ya sabes lo que no tienes que hacer: vivir de la política.

—Entonces ¿Cómo me hago político?

—Lo primero es que seas persona de bien y ciudadano solidario. Terminar los estudios que hayas escogido y buscarte un trabajo. Integrarte en la sociedad y cuando estés preparado y conozcas la realidad de tu entorno y de tu país, si decides participar en política durante un periodo, accede a ella y compórtate con honradez. Acabado ese periodo, vuelve a tu trabajo y continúa siendo un ciudadano normal, aunque permanezcas atento e implicado en cualquier forma de política, tampoco es necesario que seas modélico. En eso si puedes hacer caso a lo que dice Aristóteles.

—Entonces ¿no puedo ser político profesional?

—Puedes ser lo que te dé la gana, pero la perversión de la política es que ahora se fabrican políticos a medida, con el mismo procedimiento para rojos, verdes y amarillos: se accede a la universidad, se cursan Ciencias Políticas, simultáneamente se milita en las juventudes del partido de que se trate y se va adquiriendo experiencia en cepillados de espalda y luchas intestinas. El político, ese político, ya está hecho. El resto de su vida será el partido, ya no hace falta que piense más, basta con remitirse a las directrices que le marquen, como si hubiera ingresado en un cenobio o se hubiera hecho forofo de un club de futbol, adhesión inquebrantable for ever.

—Pues sí que lo pintas mal.

—Lo pinto como es. Si no, echa un vistazo a tu alrededor y dime que ves.

—Pues veo que no todo es así, los hay que abandonan sus trabajos durante un tiempo, acceden a la política durante un periodo y luego vuelven a la vida “civil”.

—Benditas excepciones, pero en general, los grandes partidos se han convertido en agencias de colocación. El que entra en ellos, se pasa la vida haciendo méritos para que el partido los vaya colocando en puestos sucesivos, dándoles la “patada hacia arriba” cuando triunfan en un puesto hasta lograr su nivel de incompetencia, como dice el principio de Peter. Los dirigentes del partido, a su vez, se muelen los cascos buscando donde colocar a tanto aspirante +con los que están comprometidos porque los ayudaron en el ascenso.

—Pues vaya perspectiva.

—No pretendo que te desanimes, es para que seas consciente de cómo está el asunto y obres en consecuencia.

—Tomo nota, como decía Juncal.

III. Elecciones

— Abuelo ¿Cómo han ido las elecciones regionales?

—Como siempre: para unos bien y para otros mal. Para los que han ganado, estupendo, para los que han perdido, fatal. Y lo triste es que se ha votado en clave nacional y no provincial.

— En eso tienen parte de culpa los candidatos nacionales, pero ese es el juego de la democracia, ¿no? Habíamos quedado en que la voluntad de la mayoría es la que manda y hay que respetarla.

—Desde luego. El asunto es que a veces la mayoría se decanta por opciones que a otra mayoría minoritaria le parecen disparatadas.

—¿Lo dices por Vox?

—Desde luego. Yo, que he vivido otra época y he estudiado los disparates que se vivieron en épocas pasada con el fascismo y el nacismo me estremezco al pensar que puedan volver cosas como aquellas, hoy que tenemos todas las posibilidades de incorporarnos a un mundo de ideas avanzadas.

—Pero los que votan eso deben tener sus razones.

—“Eso”, como tú dices, es lo estremecedor, que haya gente en este país que se deje seducir por las tesis de un partido como “ese al que usted se refiere” que lleva en su programa una sarta de disparates retrógrados, machistas, xenófobos, negacionistas ignorantes y con un tinte fascista propio de siglos pasados. Parece una foto en blanco y negro de los años cincuenta de nuestro país que tú, por fortuna no has conocido: El torero, la manola, el cura brazo en alto y el jefe bajo palio.

—Lo grave (con ser eso grave), me parece a mí, es que lo apoye otro partido con posibilidades de gobernar que debía acercarse a una derecha moderada y europea, que hace mucha falta en este país.

—Pues ya lo ves, a la hora de encaramarse al poder, la ética salta en pedazos y si hay que aliarse con el diablo, pues se alía uno. Lo importante es subirse al macho, y si hay que mentir, se miente.

—Pero que pena, ¿no? Tantas ventajas sociales conseguidas, tantas leyes de ampliación de libertades, tantas conquistas sociales alcanzadas, tanto bienestar para los trabajadores y los pensionistas, tirados por la ventana. ¿Qué se le reprocha al gobierno que las ha pasado canutas con la pandemia, la guerra rusa, la inflación europea y toda suerte de calamidades?

—También el gobierno ha cometido muchos fallos y, como siempre ha faltado pedagogía y han sobrado excesos verbales que pasan factura. Inaugurar un gobierno de coalición, cosa inédita en el país, ha tenido muchas dificultades, ha habido muchos giros que la gente no he encajado bien, ya sabes que es tradición de la izquierda —penosa tradición— ir cada uno por su lado y en caso de disputa quedarse en casa a la hora de votar.

—Habrá que confiar en que las nuevas expectativas nos traigan soluciones a este disparate que nos amenaza.

—En ello estamos. Por fortuna parece que se homogeneiza el bloque de izquierda. Los agoreros personalistas, expertos en poner palos en la rueda de cualquier proyecto que no sea el de “yo, mi me, conmigo”, ya pueden quedarse en casa y con la boca cerrada. Bastante daño han hecho con tal de seguir en candelero, aunque sea parapetándose tras los micrófonos.

—Esos también nos engañaron.

—Y aquellos polvos han traído estos lodos, pero sursum corda, no perdamos la esperanza y vamos a por todas. Vamos a sumar en vez de restar. Sois los jóvenes los que tenéis que luchar por un tiempo de renovadas esperanzas y libertades. Es hora de sumar.

—De acuerdo, abuelo, vamosss.

IV. Aristóteles

—Abuelo, no me quedó claro lo de Aristóteles, le he dado un repaso a la Política y todavía se me ha hecho más espeso el asunto.

—Vaya, me alegro de que nuestras charlas te susciten la consulta a las fuentes, ¿a qué conclusiones llegas, mi joven amigo?

—Pues, para empezar, renuevo mi sensación de asombro. Que un señor de hace dos mil cuatrocientos años sea capaz de darnos lecciones de democracia aprovechables todavía, me parece algo digno de consideración. Claro que dice cosas que hoy día serían más que denostadas.

—¿Por ejemplo?

“Y también en la relación entre macho y hembra, por naturaleza, uno es superior y otro inferior, uno manda y otro obedece. Y del mismo modo ocurre necesariamente entre todos los hombres” (referido a Esparta). Imagina si esto lo oye un o una feminista. O este otro referido a la esclavitud: “Está claro que unos son libres y otros esclavos por naturaleza, y que para estos el ser esclavos, es conveniente y justo”.

—Tú mismo acabas de recordar que eso se dijo hace muchos años, la sociedad de entonces no tenía nada que ver con la de ahora, ni siquiera estaba en nuestro espacio geográfico y sin embargo, algunas de sus sentencias y recomendaciones tienen una gran vigencia en nuestros días, por ejemplo esta, en la que no sé si habrás reparado: “Unos gobiernan y otros son gobernados alternativamente”, que nos retrotrae al principio de nuestra conversación, cuando echábamos un vistazo a la forma de gobernar en democracia.

—La Política de Aristóteles es muy extensa y para desentrañarla se necesita un estudio especializado, incluso recurrir a aproximaciones.

—Desde luego, eres afortunado, tienes mucho tiempo por delante y si pones el interés y el esfuerzo necesarios, llegarás a conclusiones interesantes que te ayuden a encontrar el camino adecuado en la vida. Y no es tan farragoso el libro como parece, se limita a estudia las diversas formas de gobierno que el autor conoce de los pueblos de su entorno, las compara y hace un análisis de sus ventajas y desventajas teniendo en cuenta las diferentes constituciones.

—Eso me ha sorprendido, creía que el asunto de la Constitución era relativamente moderno.

—¡Que va! Piensa que desde el origen de los tiempos los estados han necesitado regirse por leyes y códigos. Ahí tienes el de Hammurabi, rey de Mesopotamia, del año 1750 a.C. que recogía un conjunto de 282 leyes.

—Ese no fue el primero.

—Efectivamente, pero fue el más recordado y el que tuvo mucha influencia en culturas superiores.

—Por ejemplo, en la judía.

—¿Lo dices por lo del ojo por ojo?

—Sí, y por la influencia que ha tenido desde entonces, en realidad es un llamamiento a la venganza pura y dura que resulta un pensamiento muy extendido hasta la actualidad. Todo el mundo pretende vengarse de la agresión o del insulto, nadie se queda conforme con las sentencias judiciales: al que gana le parece que le han dado menos de lo que merecía, y el que pierde, no te digo.

—Las personas son las mismas y se comportan de forma parecida desde Hammurabi hasta nuestros días.

—Eso parece, pero no me has aclarado lo de la Constitución.

—Es tarde, lo dejaremos para otro día.

—Vale.

V.  Republica 

—Abuelo, volviendo a lo del otro día, le eché un vistazo a la Política y en una nota a pie de página dice que la mejor Constitución es una aristocracia mixta, una mezcla de aristocracia, oligarquía y democracia; o bien una politeia, mezcla de oligarquía y de democracia que puede resumirse como “republica”.

—Esa era una palabra que estaba proscrita en mis tiempos, fíjate tú que cosas. Hoy por fortuna se habla de ella con la mayor naturalidad, hay debates sobre monarquía o república y es muy posible que, andando el tiempo llegues a ver a esa señora más de cerca. Pero a lo que vamos de las mezclas: me gustan, como los perros de mil razas que tienen un poco de todas ellas y suelen ser listos y capaces de adaptarse a cualquier situación. Por eso no me gustan los gobiernos con mayoría absoluta ni las dictaduras de cualquier clase que sean.

—Pero si no hay una clara voluntad que mande, es difícil llevar a cabo un proyecto político.

—Es difícil pero no imposible, ahí radica el mérito del quehacer político: en aunar voluntades, escucharse unos a otros, tomar en cuenta las opiniones de los demás, aunque sean discrepantes de las nuestras —siempre que estén dentro de la legalidad— y en llegar mediante pactos y consensos a acuerdos en los que se sientan reflejados todos los ciudadanos, sea de la tendencia que sea. Eso es mucho más complicado y requiere más categoría y cintura política que gobernar con el “ordeno y mando” como se hace en las dictaduras.

—A mí eso de las dictaduras me suena a cuento chino.

—Precisamente, ahí tienes a China con una dictadura, del proletariado o de lo que sea, un tipo de gobierno sin libertades y con terribles carencias democráticas y sin embargo se ha puesto a la cabeza del mundo en temas económicos y están colonizando media África. Observa la paradoja. A lo mejor si le preguntáramos a un chino si prefería morirse de hambre como antes o comer todos los días tres veces, aunque tenga menos libertad, nos sorprendía su respuesta.

—La próxima vez que vaya a un restaurante chino lo pregunto.

—Prueba, pero me da que son demasiado discretos y tienen bastante con buscarse la vida en un país tan alejado del suyo para meterse en más conflictos. Cíñete al estudio de la Constitución y no le busques tres pies al gato.

—Será de las constituciones, porque en este país, después de las monarquías absolutas, llevamos unas cuantas.

—Y tanto, nada menos que ocho: la famosa “Pepa” de Cádiz que inauguró la serie, y luego las de 1834, 1837, 1845, 1869, 1876, 1931 y por fin, la vigente desde 1978. Unas duraron más y otras menos.

—La actual es de las que más ha durado, ¿no?

—Si no contamos la de la Restauración de 1876, sí. El problema de las constituciones es que, como todo lo humano, necesitan prudentes y periódicas revisiones. Sólo los libros sapienciales permanecen incólumes a través del tiempo. Por eso tienen tantas dificultades para irse adaptando a la actualidad.

—¿Quieres decir que nuestra Constitución actual necesita una revisión?

—Desde luego. Es más, te diría que la pide a gritos. Hay muchos temas que ya han quedado obsoletos, empezando por la monarquía, la relación con la iglesia católica y otras confesiones que no tenían presencia en nuestro país cuando se redactó, la distribución territorial y un largo etcétera.

—¿Y por qué no se ponen a ello?

—Ay, amigo mío, eso es harina de otro costal.

  VI. Constitución

—Abuelo, me dijiste que la Constitución actual necesita una urgente revisión y me dejaste perplejo ¿No es ese el papel del legislador? ¿No están para eso nuestros diputados —y diputadas— a los que mantenemos en cómodas residencias en Madrid con salarios más que dignos?

—Pues sí, pero resulta que, para una revisión constitucional, según dice la vigente en su artículo 167, se requiere un acuerdo de las tres quintas partes de ambas cámaras, lo que parece hoy inalcanzable. Nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Con el guirigay que hay en el Congreso, me parece que tenemos Constitución para rato.

—Eso no es bueno, las constituciones tienen que ser un elemento vertebrador y ágil, si no se vuelven inoperantes y pueden hacer más daño que beneficio.

—Claro, por eso los ingleses no la tienen escrita y así no hay problema.

—Bueno, tienen su Carta Magna.

—Sí, pero es de la época de Juan sin Tierra, en 1215 y tampoco está vigente. Los ingleses se rigen por las normas y leyes del parlamento, por el derecho consuetudinario y por el conjunto de normas que llaman constitución no codificada. Los que lo tuvieron más claro fueron los americanos. En 1787 se proclamó su Constitución como un documento inamovible. No me resisto a recordarte el comienzo porque me parece uno de los textos fundamentales más hermosos, sobre todo teniendo en cuenta el momento histórico de que se trata: Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una unión más perfecta, establecer justicia, asegurar la tranquilidad interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, proclamamos e instituimos esta Constitución para los Estados Unidos de América.

—¡Abuelo, que eso ya lo sabía, está por todas partes!

—Bueno, no seas tan sabihondo, nunca es malo repetir las cosas, lo que abunda no daña. En lo que quería insistir es en que arbitraron un sistema estupendo para que la Constitución no se les quedara anticuada ni tuvieran dificultades para modernizarla si no se ponían de acuerdo como nos pasa a nosotros ahora, y es ir añadiéndole enmiendas para cada caso, así es más fácil lograr un consenso en asuntos puntuales y la cosa funciona estupendamente. Creo que van por la enmienda numero veintisiete.

—¿Y por qué no se hace algo parecido en España?

—Es lo que habría que preguntar a nuestros políticos, pero de momento no es tema que les preocupe, bastante tienen con sacar adelante el día a día y parapetarse contra los disparos de la oposición. Sobre todo, ahora que se avecinan elecciones y están todos enloquecidos porque se juegan muchos puestos de trabajo y, sobre todo, muchos asuntos, y muy serios en lo que se refiere a temas fundamentales: las libertades, la sanidad, la educación, las pensiones, y, sobre todo, la economía. Si la economía no va bien, nada puede ir bien. Ya sabes que “donde no hay harina, todo es mohína”.

—¡Abuelo, pareces más catalán que yo!

—Algo se me habrá pegado después de tantos años.

VII  Política municipal

—Abuelo, pensando en lo que me dijiste el ultimo día, ¿la política municipal también es así?

—Toda la política de hoy día es muy parecida, sino que la municipal tiene rasgos ligeramente diferentes por ser más cercana. El problema se produce cuando la política cercana se plantea como si se tratara de la de los grandes partidos en los que son los líderes nacionales los que encabezan la campaña y los que buscan el voto. Eso es una falacia que no deberíamos consentir, otra perversión del sistema. En la política municipal, y aún en la autonómica, debería primar la buena administración por encima de las ideas políticas.

—Pero, en definitiva, cada partido tiene un ideario y una forma diferente de entender la sociedad.

—Sin duda, pero en un pueblo de quince o veinte mil habitantes, pongo por caso, lo que les interesa a los vecinos es que los recursos de que dispone su ayuntamiento se administren bien, se dediquen a obras realmente necesarias, se implemente la sanidad, se dote a colegios e institutos de los medios necesarios, se mantenga la limpieza de las calles, se garantice la seguridad y la igualdad. Con independencia del partido que ostente el poder, esas han de ser tareas comunes a cualquiera de ellos y por las que los ciudadanos que los juzguen les permitan seguir gobernando o los envíen al ostracismo.

—Eso si hay un partido que tenga mayoría.

—No exactamente, cada día se está apreciando con mayor frecuencia que se puede gobernar con un partido en minoría, lo que obliga a pactos y tratos en los que han de participar todos los representantes del vecindario o la ciudadanía. Así se hubieran evitado proyectos megalómanos e inútiles como los muchos aeropuertos que proliferaron en su momento en las Comunidades Autónomas gobernadas por mayorías y que ahora no se sabe qué hacer con ellos.

—Pero los ayuntamientos no pueden hacer aeropuertos.

—Desde luego que no, si pudieran, seguro que alguno se atrevía, pero lo que sí pueden hacer, cuando disponen de mayoría absoluta, es dejarse tentar por el clientelismo, y revivir el viejo sistema caciquil que tanto mal ha hecho a este país. El poder absoluto corrompe absolutamente y no tener que dar cuentas de nada es muy peligroso.

—Abuelo, volvemos al principio. Si la ciudadanía o el vecindario o como quiera que quieras llamarlo decide dar la mayoría a un partido, no hay nada que objetar.

—Desde luego que no, el respeto a la decisión de las urnas es incuestionable, igual de incuestionable que el derecho de los partidos a los que las urnas han mandado a la oposición de mantenerse vigilantes y activos con la gestión municipal o autonómica, en defensa de los ciudadanos que los han votado, con el mismo derecho que a los demás.

—Pero en un consistorio autonómico con mayoría absoluta, poco puede hacer la oposición.

—Desde luego, ese es el punto álgido de la cuestión, si el partido en el gobierno lo hace bien, estupendo, pero si lo hace mal no hay posibilidad de hacerlos enmendar la plana. Por eso te decía yo que no están los tiempos para mayoría absolutas.

—Pero si las urnas la conceden…

—Pues a aceptarla y a hacer lo que en buena lid corresponda.

VIII.  Zapatero a tus zapatos

 —Abuelo, me he quedado estupefacto con lo de Zapatero.

—Como el resto de la población, nadie se esperaba esto. Debe ser verdad que el PSOE está en shock.

—Por lo que he oído el asunto llevaba coleando más de dos años.

—Cierto, y a instancias de las fiscalías europeas, si no hasta es posible que nadie se hubiera atrevido a meter las narices.

—Pero también se ha sumado a la investigación el seudo sindicato Manos Limpias.

—Sí, pero esos a rebufo, a ver si pillan algo, que parezca que ha sido cosa suya.

—Menos mal que el asunto no salió antes de las elecciones, si no la debacle del PSOE hubiera sido mayor.

—El juez Calama actuó con mucho respeto institucional, no quiso hacer más sangre de la imprescindible.

—Pero el auto es demoledor

—¿Lo has leído?

—Desde luego

—Yo solo el resumen del Poder Judicial, pero es para echarse a temblar, no deja títere con cabeza a lo largo y ancho de sus 85 páginas, el juez encuentra ‘indicios’ de tráfico de influencias para obtener beneficios económicos, acceso anticipado a información privilegiada, red organizada de influencias para obtener beneficios siguiendo las instrucciones directas de Rodríguez Zapatero, canalización de fondos de origen ilícito hacia él y hacia la sociedad de sus dos hijas, blanqueo de capitales, sociedades instrumentales para evitar pagos en España y no sé si alguna cosa más.

—Con eso ya hay para preocuparse.

—Ahora a ver que dice Zapatero el día dos de junio.

—Quisiera pensar que va a aclarar muchas cosas, pero me temo que el daño ya está hecho, el referente moral que representaba para su partido y para el progresismo en general ha quedado seriamente dañado. Por otra parte, no parece que el juez Calama sea un Peinado, el auto no es para tomarlo a broma. Me temo que Zapatero lo tiene difícil.

—Lo que no entiendo es que puede guiar a un señor que tiene la vida resuelta para mientras viva, con sueldo vitalicio, asesores, chofer y no sé cuántas cosas más que le quedan a los ex presidentes, a meterse en esos berenjenales.

—En otros casos conocidos – por desgracia habituales- supongo que la avaricia y la sensación de impunidad generada por una justicia manipulable y el ejemplo del emérito que no es precisamente un buen ejemplo. En el caso de Zapatero no lo entiendo, mejor que se hubiera contentado con el viejo refrán: ‘zapatero a tus zapatos’. Esperemos, manteniendo la presunción de inocencia, a la comparecencia del día dos.

—Que dios nos pille confesados y que los indicios se queden en eso.

IX  Leer y escribir

—Abuelo, he comenzado un diario, como me recomendaste.

—Eso está bien, me gusta. ¿Y que escribes?

—Lo que se me ocurre en cada momento, pero te confieso que a veces me quedo en blanco y no sé qué anotar.

—Eso, te dirían los que escriben, se llama terror vacui, miedo a la página en blanco. Creo que a todos los escritores les pasa alguna vez. Arrancar con la historia es lo difícil, luego la cosa fluye con más facilidad.

—Lo que pasa es que no me resulta fácil escribir lo que pienso, hablar es una cosa, pero escribir es diferente, de eso no me había dado cuenta.

—Para eso –entre otras cosas- es útil la escritura, para una catarsis personal, ordenar los pensamientos, reflexionar sobre uno mismo y tener la oportunidad de vivir tantas vidas como libros seas capaz de leer. Lo más importante para escribir es leer, leer mucho. Recuerda las palabras de Borges: ‘De los diversos instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio y el telescopio son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación.’

—Pues no lo conocía.

—Borges, como tantos otros, es lectura imprescindible y es para siempre. La escritura, si viene, ha de venir después, y a la vista de que hay más escritores que lectores, me temo que tampoco sea imprescindible. La lectura –bien escogida- es lo único que puede sacarnos de este marasmo de estupidez. Una cosa importante: la suficiente dosis de humor. Decía Fernández Flores, uno de los grandes escritores de nuestro país, que el humor es una forma de estar en el mundo.

—¿Entonces debo renunciar a escribir?

—No, todo lo contrario. En mi opinión, una vez que la lectura haya completado el suficiente barbecho de conocimientos es muy conveniente que escribas, por las razones que te he dicho. A lo que me refería es a que una cosa es escribir, otra publicar y otra ser leído. Escribir para que otros te lean es difícil, uno cree que se expresa con claridad y puede resultar que no lo entienda nadie. Ya sabes lo que decía Heráclito: ‘Si el mundo es críptico, el lenguaje adecuado para representarlo será denso, misterioso y difícil de descifrar’.

 —¿El Heráclito del río que no pasaba dos veces?

—Ese.

—Pues según me lo pones seguiré con mi diario alejado de miradas importunas.

—Esa me parece una sabia decisión.

X  ¿Votamos?

—Abuelo, al parecer se avecinan elecciones.

—Seguro, si no este mes el siguiente o dentro de un año, depende de si el Sr. Feijoo se decide a presentar la moción con permiso del belga o del vasco. La situación es tan inestable que puede desatarse el huracán en cualquier momento. ¿Tú vas a votar?

—Desde luego, ¿y tú?

—También, no he dejado de votar siempre que he tenido ocasión desde el 77, bastantes años me hurtaron ese derecho.

—¿Votarás a pesar de todo lo que está pasando?

—A pesar de todo.

—¿Y a quién?

—Eso no se pregunta, el voto es personal y secreto, pero te doy pistas: voy a votar a un partido que proclame y defienda la igualdad, el matrimonio entre gente del mismo sexo; el derecho al aborto libre y voluntario; la eutanasia; la sanidad y la educación públicas y universales; la estabilidad y la dignidad de las pensiones; un salario mínimo decente; un estado laico; la persecución sin excusas de los corruptos, ya que la corrupción parece una moderna Hidra inextinguible; un buen transporte público adaptado a los tiempos que corren; que resuelva de una vez el problema de la vivienda; que no me engañe con bajadas de impuestos que después no se cumplen.

—¿No quieres que te bajen los impuestos?

—Bajar los impuestos y tener buenos servicios públicos es un oxímoron, o sea un imposible. Quiero que me cobren los impuestos que me corresponda, que los administren bien y los empleen en los servicios públicos que te decía, que se mejoren las condiciones de todas las personas y no las de unos pocos como sucede con las privatizaciones, que solo benefician a los pudientes. No quiero el modelo sanitario americano, no quiero nada de estilo Trump.

—¿Y si no encuentras un partido que reúna todas esas cosas?

—Pues tendré que conformarme y votar al que más se le aproxime, pero votar, voto

—Y yo también.

XI. Tatuajes

—Abuelo, estoy pensando en hacerme un tatuaje. ¿Te parece bien?

—Ni bien ni mal, eso es cosa tuya.

—¿Pero tú te lo harías?

—Desde luego que no.

—Entonces no te gustan.

—Ni me gustan ni me disgustan, como decía mi abuela ‘que cada uno haga de su capa un sayo’ y ‘todos contentos y engañados’. Al que le guste que se lo haga, a mí me parece una cosa innecesaria, una agresión corporal a la que no estoy dispuesto.

—Pero están tan de moda…

—Eso de las modas es relativo. Parece que se acaban de inventar, pero te recuerdo que los tatuajes vienen de mucho tiempo atrás, probablemente desde la prehistoria. Hay evidencia de tatuajes en Chile de hace más de 2 000 años y el famoso hombre del hielo de los Alpes, Orzi, con más de 3 000 también estaba tatuado. Ha habido tatuajes en casi todas las culturas, desde Persia hasta Grecia y Roma, pasando por las precolombinas y el oriente. El horimono es un tipo de tatuaje especifico de Japón surgido en el periodo Edo en el siglo XVII que todavía se cultiva. Probablemente a Europa llegó desde la Polinesia, cuando el capitán Cook navegaba por aquellas latitudes. Los marineros aprendieron la técnica de los maoríes y la trajeron a Europa. Aquí se extendió entre los marineros y, curiosamente entre la población carcelaria, a lo mejor para matar el tiempo del que disponían en demasía. Luego se puso de moda, entre la juventud, quizás como símbolo contestatario, hasta convertirse en verdadero arte. Te recuerdo que llevaba ese título una de las novelas del llorado Vázquez Montalbán, y en Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne, como habrás leído, el arponero maorí va cubierto de ellos.

—Yo tengo amigos y amigas que llevan unos tatuajes preciosos.

—Yo también conozco muchas personas, de todas las edades, que los llevan, pero para mí tienen dos inconvenientes: uno que son para siempre, y el pensamiento de la eternidad me produce desasosiego; otro que hay que llevar la parte tatuada bien a la vista para que surta efecto, lo que sobre todo en invierno me parece poco práctico.

—¿Entonces tú no te lo harías?

—Por el momento, no. Como prueba, me he hecho algunas veces un ‘tatuaje temporal’ de henna en Marraquech, la experiencia ha sido satisfactoria, pero cuando el dibujo se ha borrado le he dicha adiós sin ninguna pena. Y hasta ahora. Ese me parece el tatuaje perfecto.

—Pues me lo pensaré.

—Your self

 

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