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miércoles, 10 de junio de 2026

UN LEÓN EN EL CONGRESO

No soy creyente, ni en la religión en que fui bautizado ni en ninguna otra. He tenido tiempo suficiente para estudiar alguna de las que me son próximas y he llegado a esa conclusión. En cierta manera envidio a los creyentes que, con un acto de fe, se evitan el cumulo de preguntas sin respuesta a los que estamos abocados quienes optamos en su momento por el camino de la reflexión.

Creo que la parafernalia organizada por las clases sacerdotales que descubrí en mis visitas a Egipto -que sobrevivieron más de 3 000 años con excelentes resultados-, son parecidas a las de iglesias que nos rodean en la actualidad, revistiéndose de formas y modelos adaptados a los tiempos. Todas se basan en modelos arcaicos, vestiduras ultramontanas, rituales repetitivos mágico-espirituales y cualquier tipo de escenificación mayestática que produzca en el adepto la sensación de irrelevancia que solo puede verse aliviada en la seguridad de la grey. ‘Somos muchos, todos decimos lo mismo, luego esa es la verdad’ decía Rudyard Kipling por boca de los monos en el Libro de la selva.

He llegado a la convicción de que el pensamiento involucionista y dogmático no solamente es nocivo, sino peligroso por antinatural. Nos aleja del don envidiable con que nos ha dotado la naturaleza: la capacidad del libre raciocinio, la libertad de pensamiento. Iglesias y sectas (¿qué diferencia hay entre ellas, sino el número de adeptos?) nos dan una solución inmediata y perversa: ‘no pienses, todo está revelado en este o aquel libro sapiencial escrito hace miles de años. Si tanta gente lo cree y ha sobrevivido hasta ahora ¿Cómo es posible que no sea cierto?’ Palabra de dios, amen. Llegué a pensar que la solución de nuestra especie podría venir de una catástrofe como la del Yucatán en la que un mundial reseteo le permitiera comenzar de cero.

Esta breve declaración de principios baste para conducirnos hasta el objetivo de mi reflexión: la visita y las actuaciones del papa León en España. Dicen que es un acontecimiento histórico, como si la historia no hubiera aparecido con Heródoto hace un porrón de años y todo lo que acontece de relevante con posterioridad no formara parte de ella. Tras lo manifestado más arriba, se entenderá que las actividades del personaje, en principio no fueran de mi interés. Sin embargo, sometido al bombardeo informativo inevitable, he ido tomando cercanía con sus actuaciones y discursos, recibiendo la agradable sorpresa de escuchar conceptos y reflexiones que echaba de menos, es más, echaba a faltar entre la clase política de este país. Ya sé que meter a todos los políticos en el mismo saco es, además de una injusticia, una irrealidad, pero entiéndaseme, esto no es una clase de filosofía política sino una reflexión que quiere compartir un ciudadano de a pie. Que cada uno tome el rábano por las hojas que más justas le parezcan.

Decía que he escuchado con placer y asentimiento las reflexiones que este papa ha venido haciendo ante los diversos auditorios, incluido la Cámara de mayor representatividad del país. Y me ha admirado. Ha de ser un hombre muy hábil para rodearse de un equipo ‘invisible’ capaz de llevarlo en volandas de una a otra situación más o menos comprometida y salir airoso de todas ellas. Ha hablado de pobres, de migrantes con derechos, de diversidad y convivencia, de justicia social, de reparación y plaga (esto último con la boca pequeña, me parece),  de comprensión con las presas, en general de convivencia lejos de la estúpida polarización que nos amenaza. Algo se ha quedado en el tintero: matrimonio igualitario, aborto, eutanasia, igualdad de la mujer en la iglesia, quizás el tiempo que inaugura vaya limando asperezas. Le ha leído la cartilla a la Conferencia que, como moderno Sanedrín, pretenden ser los detentadores de la ortodoxia, pero parece que los mantiene a raya.

Los discursos medidos, sin una palabra de sobra, la dicción impecable, el aguante físico, sobrehumano. Que los congresistas lo escucharan reverentes y aplaudieran a rabiar, lo demuestra. Que después cada uno interprete lo que sus adeptos desean oír, era lo esperado. Hasta los más recalcitrantes y antisociales han encontrado migajas del discurso que llevarse a la boca. El Congreso actual no da más, para desgracia nuestra. Lo importante –a mi juicio- es que, se crea en su mensaje evangélico o no, León se ha postulado como el importante referente moral en un mundo que ha hecho de la ética un objetivo vacío, irrelevante, inútil. El nocivo ejemplo de nuestros líderes ha cundido. Lo que prima es la zafiedad que nos demuestran cada dia desde las más altas instancias, lo vulgar, elemental, grosero, agresivo. León les ha dado un motivo de reflexión.

Por eso el lenguaje del papa –que hasta habla catalán-, me ha parecido una bocanada de aire fresco en medio de este marasmo de fetidez, cosa que debemos agradecerle profundamente. Le ha faltado poco para invocar el viejo deseo revolucionario: ‘libertad, igualdad, fraternidad’, pero su mensaje ha estado muy próximo.

Papa León, desde mi libre pensamiento, cuente con mi admiración y reconocimiento. Gracias.

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