No soy creyente, ni en la religión en que fui bautizado ni en ninguna otra. He tenido tiempo suficiente para estudiar alguna de las que me son próximas y he llegado a esa conclusión. En cierta manera envidio a los creyentes que, con un acto de fe, se evitan el cumulo de preguntas sin respuesta a los que estamos abocados quienes optamos en su momento por el camino de la reflexión.
Creo que la parafernalia organizada por las clases
sacerdotales que descubrí en mis visitas a Egipto -que sobrevivieron más de 3
000 años con excelentes resultados-, son parecidas a las de iglesias que nos
rodean en la actualidad, revistiéndose de formas y modelos adaptados a los
tiempos. Todas se basan en modelos arcaicos, vestiduras ultramontanas, rituales
repetitivos mágico-espirituales y cualquier tipo de escenificación mayestática
que produzca en el adepto la sensación de irrelevancia que solo puede verse
aliviada en la seguridad de la grey. ‘Somos muchos, todos decimos lo mismo,
luego esa es la verdad’ decía Rudyard Kipling por boca de los monos en el Libro
de la selva.
He llegado a la convicción de que el pensamiento
involucionista y dogmático no solamente es nocivo, sino peligroso por
antinatural. Nos aleja del don envidiable con que nos ha dotado la naturaleza:
la capacidad del libre raciocinio, la libertad de pensamiento. Iglesias y
sectas (¿qué diferencia hay entre ellas, sino el número de adeptos?) nos dan una
solución inmediata y perversa: ‘no pienses, todo está revelado en este o aquel
libro sapiencial escrito hace miles de años. Si tanta gente lo cree y ha
sobrevivido hasta ahora ¿Cómo es posible que no sea cierto?’ Palabra de dios,
amen. Llegué a pensar que la solución de nuestra especie podría venir de una catástrofe
como la del Yucatán en la que un mundial reseteo le permitiera comenzar de
cero.
Esta breve declaración de principios baste para conducirnos hasta el objetivo de mi reflexión: la visita y las actuaciones del papa León en España. Dicen que es un acontecimiento histórico, como si la historia no hubiera aparecido con Heródoto hace un porrón de años y todo lo que acontece de relevante con posterioridad no formara parte de ella. Tras lo manifestado más arriba, se entenderá que las actividades del personaje, en principio no fueran de mi interés. Sin embargo, sometido al bombardeo informativo inevitable, he ido tomando cercanía con sus actuaciones y discursos, recibiendo la agradable sorpresa de escuchar conceptos y reflexiones que echaba de menos, es más, echaba a faltar entre la clase política de este país. Ya sé que meter a todos los políticos en el mismo saco es, además de una injusticia, una irrealidad, pero entiéndaseme, esto no es una clase de filosofía política sino una reflexión que quiere compartir un ciudadano de a pie. Que cada uno tome el rábano por las hojas que más justas le parezcan.
Decía que he escuchado con placer y asentimiento las reflexiones que este papa ha venido haciendo ante los diversos auditorios, incluido la Cámara de mayor representatividad del país. Y me ha admirado. Ha de ser un hombre muy hábil para rodearse de un equipo ‘invisible’ capaz de llevarlo en volandas de una a otra situación más o menos comprometida y salir airoso de todas ellas. Ha hablado de pobres, de migrantes con derechos, de diversidad y convivencia, de justicia social, de reparación y plaga (esto último con la boca pequeña, me parece), de comprensión con las presas, en general de convivencia lejos de la estúpida polarización que nos amenaza. Algo se ha quedado en el tintero: matrimonio igualitario, aborto, eutanasia, igualdad de la mujer en la iglesia, quizás el tiempo que inaugura vaya limando asperezas. Le ha leído la cartilla a la Conferencia que, como moderno Sanedrín, pretenden ser los detentadores de la ortodoxia, pero parece que los mantiene a raya.
Los discursos medidos, sin una palabra de sobra, la
dicción impecable, el aguante físico, sobrehumano. Que los congresistas lo
escucharan reverentes y aplaudieran a rabiar, lo demuestra. Que después cada
uno interprete lo que sus adeptos desean oír, era lo esperado. Hasta los más
recalcitrantes y antisociales han encontrado migajas del discurso que llevarse
a la boca. El Congreso actual no da más, para desgracia nuestra. Lo importante
–a mi juicio- es que, se crea en su mensaje evangélico o no, León se ha
postulado como el importante referente moral en un mundo que ha hecho de la
ética un objetivo vacío, irrelevante, inútil. El nocivo ejemplo de nuestros
líderes ha cundido. Lo que prima es la zafiedad que nos demuestran cada dia
desde las más altas instancias, lo vulgar, elemental, grosero, agresivo. León les
ha dado un motivo de reflexión.
Por eso el lenguaje del papa –que hasta habla catalán-, me
ha parecido una bocanada de aire fresco en medio de este marasmo de fetidez,
cosa que debemos agradecerle profundamente. Le ha faltado poco para invocar el
viejo deseo revolucionario: ‘libertad, igualdad, fraternidad’, pero su mensaje
ha estado muy próximo.
Papa León, desde mi libre pensamiento, cuente con mi admiración
y reconocimiento. Gracias.
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