SUPERLUNA, noviembre 2016
Para mi amigo Blas, irreductible amante de la naturaleza, que esa noche se inundó de luna. ‘Luna lunera, cascabelera’, decía el poeta que no vivió bastante para observarte en el cielo, aunque tenía imaginación suficiente para inventarte vecina a la fragua con un polisón de nardos. Yo sí pude verte, y eché de menos al granadino, con la tristeza de quien compadece una muerte prematura aunque sea lejana. Te vi, hace ya 72 años, la última vez que estuviste por aquí. Puede que me recuerdes: un niño de pocos meses, gordezuelo de leche condensada, durmiendo plácidamente mientras iluminabas con tus rayos blancos la carita rosada y plácida. Han tenido que pasar todos estos años para que te olvidara, pero al verte hoy, tan redonda y amarilla, el recuerdo dormido se ha abierto paso hasta mi corazón como una saeta. Eres la misma, la de siempre, la que apareces periódicamente para auscultar el pulmón de la humanidad, la que se retira discretamente hasta la próxima ocasión sin decepci...