LA AVALANCHA
Es posible que haya que felicitar al gobierno –y a su frente a Pedro Sánchez- por la pronta resolución de una crisis que prometía salirse de madre. De hecho, sus olas procelosas han llegado hasta media Europa. El tema de la inmigración es complejo, multifactorial y me temo que los grandes líderes europeos no acaban de comprender todas sus aristas.
Pero de ahí a que nos
digan a “los españoles” (cuya opinión se arrogan unos y otros sin más razones
que su fantasía), que el asunto nada tiene que ver con el gas argelino, ni con
la legislación de extranjería (mal leída y peor interpretada), ni con Ceuta y
Melilla, ni con la legislación de devoluciones en caliente, ni con el espinoso
asunto saharaui en el que el presidente ha hecho la cobra, es tomarnos por más
tontos de lo que somos.
A ver si lo entendemos de
una vez: en la relación con España, Marruecos tiene la sartén por el mango
desde hace años, desde que Ceuta y Melilla son Ceuta y melilla. Y la va a
conservar durante mucho tiempo, a menos que las ranas críen pelo. Por si fuera poco,
tiene dos primos (EEUU y Francia) que le han guardado las espaldas desde
siempre y se las guardarán en el futuro.
El gobierno -este y
cualquier otro-, lo tiene crudo y los ejercicios malabares de Sánchez, que ha
adquirido una extraordinaria capacidad funambulesca durante los últimos siete
años, solo son capaces de posponer una crisis hasta la próxima. El Mohamed
tiene todas las cartas y el comodín de la multitud, que allí es lo que sobra.
Lo probó su padre con la Marcha Verde que puso al estado español en la tesitura
de hacer un genocidio o salir por piernas del Sahara. Como única salida posible,
optó por lo segundo. Y allí se quedaron los saharauis, abandonados a su suerte
hasta el día del juicio.
Aquel país, funciona como
funciona, y no darse cuenta de ello es ejercicio ignorante y banal. Se han
probado las lágrimas funerarias, los sobornos, las relaciones diplomáticas, y
el asunto sigue igual que el primer día. El tiempo transcurre de forma pausada
entre ellos y su memoria es tan grande como la de los elefantes que un día
poblaron el territorio. Marruecos le tiene metido un dedo en el ojo a Argelia
desde que la plancharon en la Guerra de la Arenas con la perdida de Ujda y los
campamentos de Tinduf que no acaban de resolver; a España el otro con el asunto
de Ceuta, Melilla, su trato con Argelia y el de los saharauis al que durante
tanto tiempo el gobierno dio cobijo. Mohamed se lo pasa en grande revolviendo
ora un dedo, ora el otro. Y la “quinta columna” en España es una magnifica
realidad para él. Los patriotas de banderita gobiernan a la oposición, que no
tiene reparos en denostar a su país en el exterior con tal de erosionar al
gobierno. Su lema de siempre: “cuanto peor mejor” y “yo o el desastre”.
Somos poco afortunados viviendo
tiempos tan desdichados. En el resto del mundo se suceden las catástrofes, mientras
tenemos la suerte de vivir en relativa estabilidad (a pesar de las vulgaridades
parlamentarias), bonanza social, leyes igualitarias, buena tasa de empleo, salarios
y pensiones dignas, sanidad universal que funciona -aunque podría hacerlo mejor.
Por supuesto que hay cosas notablemente mejorables como el asunto de la
vivienda, pero si en vez de aplicarnos a mejorar los que ya tenemos, la “quinta
columna” no hace sino empeñarse en destrozarlo todo para rehacerlo de nuevo -según
dicen-, cualquier esfuerzo resulta baldío, o al menos muy costoso. Por suerte,
en nuestras manos están los mecanismos para impedirlo: el voto y la palabra.
Estupenda descripción del mundo que nos rodea (o al que rodeamos, si lo dijeran Núñez o Santi). Y muy buena propuesta de respuesta y de solución para el futuro.
ResponderEliminarGracias, JA.
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