Me ha venido el recuerdo de mi abuela Joaquina a las
mientes después de un suceso que ahora no tiene importancia, si no fuera porque
me ha proporcionado la oportunidad de compartir con ustedes su teoría de las
cuestas.
Decía mi abuela que en la vida hay trechos planos,
cuestas arriba y cuestas abajo, y que por todos hay que transitar
inevitablemente. Para los trechos planos, cualquiera sirve, para las cuestas
abajo con mayor razón, pero para las cuestas arriba ya es harina de otro
costal. Y lo decía, refiriéndose a la compañía adecuada para cada ocasión.
—¿Entonces, abuela -le decía yo-, hay que escoger gente que
sirva para echarte una mano en las cuestas arriba?
–No,
si fuera así estaríamos limitando mucho el campo, porque en el mundo, como
decía el torero, hay gente pa tó y no
a todo el mundo se le puede exigir más de lo que está dispuesto a dar. Hay
mucha gente adecuada para los trechos planos, gente con la que puedes
relacionarte sin complicaciones, amigos o amigas con los que compartir momentos
agradables, conversaciones instructivas, conciertos y excursiones, vida placida
y agradable.
—¿Y
para las cuestas abajo?
—Lo
mismo. Hay mucha gente interesante para las cuestas abajo, las que te mantienen
informado y te ilustran, las que están dispuestas para acompañarte a una fiesta
o a una merienda, personas simpáticas con las que se pueden pasar ratos tranquilos
e instructivos, pero no les pidas más, porque no pueden o no quieren darlo.
—Hay
que prescindir de esas.
—No,
esas también forman parte de tu vida, nadie tiene derecho a desechar a nadie,
todo el mundo puede aportar algo a los demás de la misma forma que tu puedes
aportarles algo a ellos. Recuerda lo que decía el bachiller Sansón Carrasco,
que no hay libro por malo que sea que no tenga algo bueno. Con las personas
pasa algo parecido. No te debe sorprender que unas sean buenas para las cuestas
abajo y otras más adecuadas para las cuestas arriba, tienes que aprender a
distinguirlas y no pedirle a las de las cuestas abajo que te acompañen en las
cuestas arriba. Eso, además de inútil, sería injusto. Tendrás que decidir a qué
clase perteneces y que pueden esperar de ti los demás, si eres útil para las
cuestas arriba o para las cuestas abajo.
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