Seguidores

jueves, 8 de enero de 2015

CHARLIE

Para mi amigo J.A. Mira, que desató el odre de los vientos.
Todas las religiones proponen, como objetivo principal, el acercamiento a los dioses en que creen mediante el mecanismo de la fe, del que cada uno hace el uso que cree oportuno con la intensidad que le acomoda. En principio, todas las religiones deberían ser compatibles, incluso complementarias, y de hecho lo han sido a lo largo de muchos siglos de historia, sobre todo en el caso de las politeístas. Recuérdese a griegos y romanos o a taoístas, confucionistas y budistas…
El problema surgió cuando Moisés recibió las tablas de la ley junto a la zarza ardiente y el dios que había elegido a su pueblo manifestó con voz de trueno que era el único dios posible. A los demás, leña.
De historias guerreras en contra de los enemigos de la religión está lleno el Antiguo Testamento y todos los libros sapienciales, incluido el Corán. Los dioses del esquema monoteísta (Jeová, Cristo, Alah), continuaron la misma tónica en un inacabable quítate tú para que me ponga yo. Y hemos seguido escribiendo la historia con páginas de masacres en nombre de la religión de cada uno, por supuesto, única verdadera (cruzadas, inquisiciones, guerras santas...).

Mal asunto cuando el hombre basa en la creencia su actuación vital. La creencia siempre es poseedora de la razón y sus argumentos –por fabulados-, irrebatibles. Personajes descerebrados (cuya proporción en cualquier sociedad, como los estultos del profesor Cipolla, son número constante), imbuidos de unas ideas mal explicadas y peor comprendidas, dan lugar a barbaridades y desatinos que a menudo comprometen la vida de los demás y la suya propia. La absurda masacre de Charlie es una muestra más. El premio que creen obtener en el más allá los que la han cometido, justifica ampliamente tal disparate, para ellos.
Seguro que la competencia directa de los crímenes perpetrados en nombre de cualquier religión está en las manos asesinas, pero la responsabilidad ultima aunque indirecta, está en los que difunden ideas basadas en la exclusividad de unos dioses que tienen la patente celestial y guían las conductas de sus seguidores como si solo ellos fueran los poseedores de la verdad. La convivencia con otros miembros de la comunidad humana a los que asiste el mismo derecho a reverenciar a dioses diferentes o a ninguno, resulta entonces muy difícil.
Solo si los fenómenos religiosos se limitan al campo de las convicciones personales (como las opciones deportivas, sexuales o políticas) y el resto de normas se encomienda a la ley civil, puede que la convivencia entre ciudadanos iguales en derechos y deberes se haga posible. Mientras los principios religiosos sean los que marquen las normas sociales, mal lo veo.

Mi condolencia y cariño solidario a todos los Charlies que estos días somos.

martes, 6 de enero de 2015

OPINION Y REALIDAD

Vivimos tiempos turbulentos que nos mantienen en perpetuo desasosiego ante la avalancha de desinformación que ha invadido nuestros días. Desde tiempos inmemoriales, la información estuvo al alcance de unos pocos que la utilizaron para manejar a su antojo a los muchos, pero en estos tiempos asistimos a un fenómeno que nunca antes se había dado en la historia: la gran mayoría tiene acceso a toda la información disponible (otra cosa es que la utilice de forma razonable y útil). Se acabaron el oscurantismo y los adoctrinamientos para siempre: los medios de comunicación e internet han llegado al alcance de todos. La red se ha convertido en la nueva definición de lo infinito: imposible imaginar hasta donde pueda llegar.
Y sin embargo, un exceso de información corre el peligro de transformarse, con frecuencia, en desinformación. Una cosa es tener opinión y otra, muy diferente, atreverse a opinar de todo, fenómeno al que asistimos cada vez con menos perplejidad, en los grandes medios de comunicación: personajillos que no tienen más autoridad que su osada desenvoltura ante las cámaras, se atreven con cualquier tema al que los superficiales presentadores/as, siempre a la búsqueda del share (índice de audiencia, dicho en lenguaje normal) y de la carnaza fácil. Y lo grave es que sus opiniones, a menudo infundadas y siempre carentes de interés, entran a saco en los patios vecinales de gentes aún más desinformados que ellos causando estragos en pareceres y conciencias. La realidad, a cuyo conocimiento es imposible acceder sin un mínimo de rigurosa investigación, ha quedado por completo devaluada. Antes que hacer el esfuerzo de contrastar la información, se prefiere acepar la opinión de cualquiera de esos elementos que, hablando a gritos, haciendo gala de una vergonzosa mala educación y con la rotundidad del ignorante, sientan cátedra con una frecuencia y desenvoltura temibles. Muchos de ellos se han hecho “famosos” a base de no decir más que tonterías, y los encontramos hasta en la sopa en cuanto se le da un poco de aire al mando de la tele.
Ya desde siempre, la teología nos enseña que opiniones expresadas con la suficiente rotundidad y defendidas con énfasis plúmbeo, acaban implantándose como verdades incontrovertibles, capaces de llenar sesudos tratados en los que se repite siempre lo mismo expresado de mil variadas formas. Es cuestión de tiempo y de machaque (Nietzsche dejó dicho que en teología no hay hechos, solo opiniones); al final la opinión acaba por instalarse como hecho consumado. Y así nos luce el pelo. Como experimento corroborador de lo antedicho, propongo el siguiente: Tómese al memo de turno, hágasele manifestar su opinión sobre cualquier asunto, ya sea banal o trascendente: lo hará con la gravedad y el énfasis del que posee la mayor autoridad; repítase la formula varias veces para que se asiente de forma perdurable en las dóciles molleras de los indocumentados y nos encontraremos a la opinión transformada en realidad incontrovertible. No se asombre el bienintencionado lector que sospeche exageración en mis palabras, el fenómeno es tan real que ya se encuentran trazas en el Quijote, cuando el posadero considera desproporcionado y fuera de lugar el relato de las hazañas de Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado el Gran Capitán y sin embargo toma por verdaderas y fidedignas las inventadas historias de Amadís de Gaula, de todos conocido como lo que hoy llamaríamos “relato de ficción”, sin más visos de realidad que la imaginación desbordante de su autor.
Dice una antigua conseja que es de sabios separar cuidadosamente el grano de la paja para no confundirlos, y otra que hay que llevar ojo, no vaya a ser que nos den gato por liebre, animal aquel, que también se puede comer (de hecho, ¡en cuantas ocasiones de hambruna no se habrá comido!), aunque no sepa lo mismo que un tierno gazapillo.
Conviene permanecer alerta y huir de esos que se manifiestan con la rotundidad del estólido y la seriedad del caballo antes de que “emborien” con su osada estupidez nuestros frágiles cerebros, víctimas inocentes de tanta tontería como se desparrama en muchos programas de lo que debería ser un medio cultural e informativo.




jueves, 1 de enero de 2015

CUALQUIERA TIEMPO PASADO FUE MEJOR


Unos días antes de las pasadas elecciones europeas, en plena efervescencia de la campaña de descalificaciones y desinformación que padecimos, en una de nuestras cadenas domesticas aparecieron unos tertulianos entre los que se encontraban algunos profesionales traídos de la capital, junto a otros de la zona que hacían de teloneros, para “debatir” con el mayor atrevimiento y desenvoltura sobre todo lo divino y lo humano de actualidad.
Y uno de ellos, Amando de Miguel, al hilo del resobado tema de la confrontación de los dos candidatos a las europeas que había tenido lugar un par de días antes, se cebaba con el socialista Sr. López Aguilar, achacándole ignorancia manifiesta (que hacía extensiva, por elevación, a sus compañeros de partido) por haber hecho una cita inexacta sobre la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Con este argumento descalificaba, por ignorantes, a todo el colectivo.
El Sr. De Miguel, cuyo extenso currículo universitario se ve brillantemente complementado por su colaboración con Federico Jiménez Losantos en la cadena Cope, sabe perfectamente que la frase era solo una referencia. Esta si es una cita: “Como a nuestro parecer qualquiera tiempo pasado fue mejor”, MANRIQUE, JORGE (1440-1479), Coplas a la muerte de su padre el Maestre de Santiago D. Rodrigo Manrique,  E. Rasco, Sevilla, 1888. Sp. Son cosas bien diferentes y se utilizan en contextos que no tienen ningún parecido.
El asunto no tendría mayor relevancia si no fuera una muestra más de como lo visceral de las posiciones políticas se ha cebado en las actitudes de nuestro discurso habitual, arrebatándonos la ecuanimidad e incluso la elegancia en las expresiones, que pasan a convertirse en zafias y vulgares, y haciendo que prevalezca el interés por desplazar la idea a la que somos contrarios, antes que la búsqueda de la razón o de la información. Atravesamos un desdichado momento político que contamina y ensombrece la convivencia de los ciudadanos, o por lo menos eso parecería deducirse de la imagen que se muestra en los medios de comunicación. El hastío del personal es patente en los índices de audiencia obtenidos por los debates, que aburren hasta las pacientes ovejas y de los que el ciudadano huye despavorido como alma que lleva el diablo.
Todo se mezcla y entontece en función del interés de la fracción a que pertenezcamos, sin el menor respeto por el origen y la realidad de la cuestión. No es lo importante el por qué, sino el cómo (la famosa cuestión del fin y los medios jesuítico). Y el objetivo no es salir de la discusión con mayor y mejor información o soluciones en las que cada uno aporta una parte del todo, sino obtener a cualquier coste la razón utilizando para ello todos los medios de que se disponga, sin reparar en su honestidad o en su categoría ética; laminar al contrario, derrotar a los otros, como si se tratara de extraterrestres invasores y no de conciudadanos merecedores del mismo respeto que nosotros mismos, con los que hemos de convivir y aprender de sus posiciones diferentes, que no tienen por qué ser antagónicas de las nuestras. Todos tenemos derecho, y aún me atrevería a decir el deber, de manifestarnos y mantener posiciones diferentes con la sola limitación de la Constitución y el respeto a los demás.
Actitudes como la del Sr. De Miguel, cuya categoría viene ampliamente avalada por sus numerosas publicaciones (entre las que se encuentra aquella Sociología del franquismo, que en los años 70 leíamos con fruición esperanzada), son capaces de fascinar a mucha gente con una formación superficial y resultan culpables por irresponsables y partidistas. A los más cultos y preparados debemos exigirles una información objetiva y veraz pidiéndoles que reserven la manifestación de sus tendencias políticas, religiosas o de cualquier otro tipo, para ámbitos más privados, o por lo menos que no malbaraten las dotes con que han sido afortunados para confundir, que es el peor de los engaños.



martes, 23 de diciembre de 2014

MARISA Y EL CATOBLEPAS
















Cuento con buenos amigos que se preocupan en repoblar mi erial de conocimientos con valiosas aportaciones. Marisa López Soria me obsequia con esta joya de libro, considerando acertadamente mi situación de púber escritor:




Me apresuro a devorar la obra y en el capitulo segundo tropiezo con un interesante desconocido: el Catoblepas, que Vargas Llosa utiliza como metáfora del escritor que se alimenta de sus propias vivencias, de la misma forma que, según el mito, el animal es capaz de devorarse a sí mismo comenzando por sus pies.
Averiguo que el Catoblepas viene descrito por primera vez en Plinio el Viejo hace ya unos dos mil años, y que lo sitúa en Etiopía, cerca del nacimiento del río Nigricapo, probablemente -como sugiere Cuvier- inspirado por el Basilisco y Las Gorgonas. Luego lo recogen sucesivamente Claudio Eliano y Leonardo da Vinci, pero ninguno de ellos hace mención a su afán por devorarse a sí mismo, lo que me conduce a la sospecha precipitada de que tal cualidad sea un invento de Vargas Llosa. 
 
La prudencia, sin embargo, me hace profundizar en la investigación y llego, a través de  Jorge Luis Borges y su Manual de Zoología Fantástica, a La Tentación de San Antonio de Gustave Flaubert donde, efectivamente encuentro que la bestia le confiesa al santo: con las mandíbulas entreabiertas, arranco con la lengua las hierbas venenosas humedecidas por mi aliento. Una vez, me devoré las patas sin advertirlo. Vargas Llosa, como no, tenía razón.
Así que ya saben, si cualquier tarde apacible, paseando por la campiña de Etiopía, en la vega fértil del río Nigricapo se encuentran con un herbívoro del tamaño aproximado de un toro, con una gran melena, estrecho, con ojos inyectados en sangre, escamas en la espalda, las cejas lanudas y la cabeza tan pesada que tan sólo puede mirar hacia abajo, no se les ocurra mirarlo directamente a los ojos, pues como le confesó al santo en su aparición: Nadie, Antonio, ha visto mis ojos, o quienes los vieron han muerto. Si levantara mis párpados - rosados e hinchados - te morirías en seguida.
Advertidos quedan gracias a Marisa.



martes, 16 de diciembre de 2014

SOLIDARIDAD



Llegó Juan de la Cirila cuando ya estaban terminando el desayuno.
—Se me ha hecho un poco tarde porque he pasado por el banco de alimentos a dejar unas cosuchas.
—Sana practica -dice Fernández-, aunque triste.
—¿Triste por qué?
—Me da vergüenza que haya gente en nuestro pueblo que tenga que recurrir a la caridad para poder empinar la olla.
—En nuestro pueblo y en todos los pueblos
—Peor me lo pones si hemos de aceptar que es práctica generalizada. Mala señal cuando hay que recurrir a la caridad, algo no funciona bien. Es el Estado el que tendría que asegurar que nadie llegue a ese extremo, procurando los medios de trabajo o de subsidios necesario. Parece que hemos vuelto a la economía de posguerra.
—Y hemos vuelto –apunta Mateo- estamos viviendo un retroceso como hacía muchos años que teníamos olvidado. Ahora es generalizado, han caído la sanidad, la educación, los servicios, las pensiones, y lo que es peor, la educación y la cultura. Sin esos dos pilares, no hay avance posible. Buceando en internet me he encontrado con un asunto espeluznante: una lista interminable de suicidios relacionados con la crisis en la que se muestran uno a uno los casos y sus antecedentes. La crisis arruina y mata, pero los medios no informan por no provocar alarma social y atenuar el dolor de los parientes, según dicen.  De nuevo los efectos primando sobre las causas.

—Eso es porque hemos perdido la fe. Un cristiano nunca atentaría contra su propia vida. Es un gran pecado.
—No digas ñoñeces, Juan, eso está bien para los creyentes, si es que queda alguno de verdad. Estamos hablando del fenómeno social del que todos somos responsables. Para lo de las creencias, te recomiendo un libríco de Unamuno llamado San Miguel Bueno, mártir.
—Déjale el libro, Mateo, a ver si se le pega algo. Culpables somos unos más y otros menos, el verdadero responsable es este capitalismo salvaje en el que solo importa el dinero y el triunfo social, pasando por encima de lo que haya que pasar.
—Bien dicho, Casaseno, en eso estoy contigo.
—No me des coba, Juan, que te conozco, tú siempre al sol que más calienta. Lo triste es que la crisis la han provocado los sinvergüenzas que nos han dejado en cueros y la tenemos que pagar los pobres. Y culpables somos en la medida que no nos hemos preocupado en escoger a los mejores para la cosa pública y en no correr a gorrazos a los sinvergüenzas cuando los hemos detectado. Nos han tomado el pelo porque muchos a su alrededor también se lucraban del choriceo, mira el bigotes y toda su panda.
Tercia Fernández conciliador, porque al Cacaseno se le ponen las venas del cuello como pollizos de olivera:
—Como siempre ha sido, basta con echar un vistazo a la Historia. Los poderosos y los de su alrededor han manejado el asunto como han querido y los pobres a tragar. De vez en cuando nos echan unas migajas para que nos contentemos y mientras rula no es chamba.
—Coño, Fernández, entonces, ¿Qué esperanza nos queda?
—Quizás tengamos que inventar un sistema nuevo.
—Eso, eso, la revolución.
—No empieces, Cacaseno.





martes, 2 de diciembre de 2014

¿PODREMOS?

 Como el día está lloviznoso, los contertulios hacen un extra y se regalan con un platico de migas que hace la mujer de Pepito, acompañadas de olivas cornicabras y unos chatos de vino.
El sólido almuerzo hace que los ánimos se relajen, el día pinta duro: la señora Mato dimite antes de que su presencia en el escaño afrente al jefe que afina los bolillos para no hacer el ridiculo hablando de trasparencias. Al parecer la dama se comió parte de un jamón sin indagar procedencia; el Papa, en un acto sin precedentes, corta cabezas de monseñor con puro, otrora reverenciado por estas tierras; el esperpento de los aviones sigue cabalgando hacia la nada mientras el Sr. Garre se empeña en buscar soluciones imposibles y decir que aquí no pasa nada, que los 200 millones son pelufa de caña; el Señor Bernabé, reciente consejero tras la honorable dimisión de D. Manuel Campos Sánchez, cambia de opiniones como de camisa, enterrando en el olvido la magnifica gestión del puerto de Cartagena que hiciera Adrian Ángel Viudes; la desdicha se cierne sobre el campus universitario donde los estudiantes mueren de forma misteriosa, como los novicios que se arrojaban por las ventanas en la novela de Umberto Eco; y las piezas separadas de la Gurtel se mueven como cristales de un caleidoscopio, salpicando las finanzas obscuras del PP.
—Estoy por no volver a leer el periódico, dice Mateo.
—Eso hago yo desde hace años, así no me caliento la cabeza, no trae más que desdichas y embustes de unos y de otros.
—Pues no me parece solución, Juan, con ese pasotismo lo que hacemos es dejar las cosas en manos de quien nos gobierna mal, y así nos va.
—¿Es que te piensas que alguien nos iba a gobernar mejor? Todos van a los suyo, que es llenar la capaza.
El Cacaseno aprovecha:
—Os lo tengo dicho: Republica democrática.
—Ya estamos, ¡que tendrá que ver el culo con las témporas! La democracia es una categoría superior, nada tiene que ver con la forma de gobierno, hay monarquías democráticas y republicas totalitarias. La forma de gobierno no es ninguna garantía.
—De acuerdo, pero no me negareis que el caldo de cultivo que se ha propiciado en esta región viene por ahí.
—Pues no lo creo, viene del mucho tiempo que nuestros políticos están instalados en sus poltronas. Tanto que han acabado creyendo que el coto es suyo cuando solo era arrendado. Tomar la política como profesión, es mal asunto.
—No te olvides que fuimos nosotros –y Mateo hace un círculo con la mano, que nos engloba- quienes los pusimos al frente de la cosa pública. Si ahora tenemos imputados por delitos de corrupción a dos consejeros del gobierno regional, un delegado del gobierno y el alcalde de la capital, son lodos que han traído aquellos polvos que metimos en las urnas.
—Dos mil imputados y otros dos mil sospechosos, añade el Cacaseno por lo bajo
—Hombre, cuando votamos no podíamos esperar esto.
—Entonces no, pero después de veinte años, en la región hemos seguido insistiendo.
—Habrá que esperar.
Los contertulios, amodorrados por la ingesta, se dispersan en silencio.




martes, 25 de noviembre de 2014

PUEDE QUE PODAMOS

 Pepito esperó a que llegara el médico para servir las tostadas y los cafés. El tío Cacaseno venía con ganas de gresca.
—Al final escurriste el bulto, Mateo, no me quedó claro lo de Podemos.
—Ni a mí tampoco, Cacaseno, no hay nada claro en estos tiempos de tribulación, solo que nos han defraudado, mentido y robado a manos llenas. Que nos han metido en deudas que pagarán nuestros nietos si es que esto no se va al carajo antes, y que ni autopistas, ni trenes soterrados ni aeropuertos inútiles.
—Pues vaya panorama nos pintas ¿Qué podemos esperar?
—Esperar, no. Hacer, pensemos en que podemos hacer.
Silencio.
—Pues yo no veo que lo hayan hecho tan mal los que nos gobiernan, tampoco Europa les dejaba hacer otra cosa –apunta Juan de la Cirila.
—No te engañes, Juan, siempre se pueden hacer las cosas de otra manera, Europa puede obligarnos a recortar porque lo nuestro era un disparate, pero se puede recortar en muchas cosas antes que en las cuestiones sociales.
—Eso se dice pronto, Mateo
—No, eso se dice y se hace, se puede recortar en gastos de administración, menos políticos con tarjetas, más control de bancos y cajas, ejército reducido a sus justos términos, menos subvenciones a entidades privadas y a las confesiones religiosas; más ayudas para investigación, sanidad y cultura, que es lo que diferencia a unos pueblos atrasados de otros punteros. Se ha rebajado el nivel cultural de este país hasta límites impensables. Basta salir al extranjero y ver cómo andan en Europa, y a ellos también les han recortado, pero siguen llevándonos una gran ventaja en lo que a educación y cultura ciudadana se refiere. No te digo nada de los de más al norte.
—Puede que tengas tu razón, pero como se vive aquí…
—Aquí vive bien el que vive bien. Nosotros, que nos apañamos con cuatro cuartos y que aún podemos quitarnos media paga para socorrer a los que tenemos en paro alrededor, pero hay demasiadas familias sin recursos, demasiados desahucios y demasiada gente que tiene que dedicarse a la economía sumergida para sobrevivir. Eso no engendra más que picaresca y deterioro social
Mateo, el Don Mateo de un Centro de salud de barrio hasta que ha cumplido los sesenta y cinco y le han dado la cuenta, calla un poco avergonzado. Quizás ha entrado con demasiado ímpetu en la tertulia.
— ¿Como lo ves tú, Fernández?
—Que quieres que te diga, Mateo, triste pero cierto. Lo que no le veo es la punta.
—Aquí lo que hace falta es la Republica, a grandes males grandes remedios. Hay que cortar por lo sano.
—Tampoco es eso, Cacaseno, lo que hace falta es transparencia de verdad, que los grandes partidos asuman que se han quedado obsoletos, que es imprescindible una campaña de regeneración democrática a nivel nacional y por consenso, quizás poner al día la Constitución,  arreglar el asunto de las nacionalidades y volver a conquistar el aprecio de la ciudadanía. Separación de poderes total y efectiva y dotar al aparato judicial de medios para que sea eficaz. Y el que la haga que la pague, pero de verdad, el tío a la cárcel y los cuartos de vuelta al cajón.
—Sí, estamos de acuerdo, pero ¿Quien le pone el cascabel al gato?
—Esa es otra.

La tertulia, hoy, se ha disuelto en silencio.

martes, 18 de noviembre de 2014

¿PODEMOS O NO?


Ante la insistencia de mis dos lectores habituales, este blog retoma su bamboleante andadura para seguir dando voz, entre otros, a mis leales contertulios del Hogar del Pensionista, Fernández, Juan de la Cirila y el Cacaseno, con nuevas aportaciones que podrá encontrar el que continuare leyendo.

Al Cacaseno no le gustó la incorporación de Mateo a la Tertulia. Don Mateo había sido Mateo o Mateico para todos desde que iban juntos a la escuela, pero cuando volvió al pueblo con su flamante titulo madrileño de medicina, se convirtió en Don Mateo para siempre.
—La mucha gente para la guerra es buena, parece que le dijo el Cacaseno a Fernández el primer día.
Fernández, como prudente, no hizo caso, pero el Cacaseno se quedó con su aquel atravesado en la garganta y al desayuno siguiente, apenas esperó a que Pepito le trajera las tostadas para salir arrastrando:
—Entonces, Mateo, tú que has vivido en la capital, ¿Cómo ves lo de Podemos?
Mateo se toma su tiempo. Viene a la tertulia a relajarse y no a que le pongan exámenes, es hombre conciliador.
—Pues te diré, por un lado lo veo bien y por otro no tan bien.
—Ves como Mateo sabe -salta Juan de la Cirila.
—Quiero decir que veo positivo y aún necesario que aparezcan estos movimientos frescos y con tintes renovadores en medio del pudridero en que nos han colocado tantos sinvergüenzas como han salido en uno y otro lado.
—No, si frescos sí son.
—Tampoco es eso, Juan, me refiero a que son nuevos, que traen un aire esperanzador. Seguro que todos hemos votado a unos o a otros de los anteriores. Todos tenemos nuestra parte de responsabilidad y a todos nos han decepcionado. Unos más y otros menos.
— ¿Entonces que les ves de malo a los de Podemos?
—De malo nada. Lo único que no veo claro es que puedan constituirse en alternativa de gobierno con un programa que a mi parecer contiene más utopías que otra cosa.
— ¿Que programa?
—Pues el de Podemos, ¿no lo habéis leído?
Silencio.
—Yo lo tengo, si queréis…
Silencio
—Por ahí hay que empezar, aunque solo sea una declaración de principios, conviene no dejarse llevar por las palabras ni por el aspecto de los lideres. Hechos, hechos, o por lo menos intenciones claras y por escrito. Programa, programa, como decía aquel.
—A lo mejor este no es el definitivo, y en cualquier caso, sabes que los programas están hechos para no cumplirlos.
—Lamentablemente cierto, amigo Fernandez, pero al menos es una base de partida. Y en nosotros, los ciudadanos está el obligarlos a que cumplan lo que nos prometieron.
— ¿Y hablas tú de utopías? -Aprovecha Juan de la Cirila para meter baza- ¿pues qué nos queda, a estas alturas? Nada es creíble ya, nos han engañado los unos y los otros y no han dejado en el cajón más que telarañas. Hasta yo, que ya me conocéis, no tengo claro a quién votar en las próximas.
—Pues, visto lo visto, ya sabes, dice el Cacaseno.
—A los tuyos, desde luego que no.
—Haya paz -dice Fernández-, aún queda tiempo. Amanecerá Dios y medrar hemos.
—Santa palabra, apoya Mateo afanado en su tostada.





Related Posts Plugin for WordPress, Blogger... http://programalaesfera.blogspot.com.es/2012/07/el-ventanuco.html?spref=fb