Llegó Juan de la Cirila cuando ya estaban
terminando el desayuno.
—Se me ha hecho un poco tarde
porque he pasado por el banco de alimentos a dejar unas cosuchas.
—Sana practica -dice Fernández-,
aunque triste.
—¿Triste por qué?
—Me da vergüenza que haya gente en
nuestro pueblo que tenga que recurrir a la caridad para poder empinar la olla.
—En nuestro pueblo y en todos los
pueblos
—Peor me lo pones si hemos de
aceptar que es práctica generalizada. Mala señal cuando hay que recurrir a la
caridad, algo no funciona bien. Es el Estado el que tendría que asegurar que
nadie llegue a ese extremo, procurando los medios de trabajo o de subsidios
necesario. Parece que hemos vuelto a la economía de posguerra.
—Y hemos
vuelto –apunta Mateo- estamos viviendo un retroceso como hacía muchos años que
teníamos olvidado. Ahora es generalizado, han caído la sanidad, la educación,
los servicios, las pensiones, y lo que es peor, la educación y la cultura. Sin
esos dos pilares, no hay avance posible. Buceando en internet me he encontrado
con un asunto espeluznante: una lista interminable de suicidios relacionados
con la crisis en la que se muestran uno a uno los casos y sus antecedentes. La
crisis arruina y mata, pero los medios no informan por no provocar alarma
social y atenuar el dolor de los parientes, según dicen. De nuevo los efectos primando sobre las
causas.
—Eso
es porque hemos perdido la fe. Un cristiano nunca atentaría contra su propia
vida. Es un gran pecado.
—No
digas ñoñeces, Juan, eso está bien para los creyentes, si es que queda alguno
de verdad. Estamos hablando del fenómeno social del que todos somos
responsables. Para lo de las creencias, te recomiendo un libríco de Unamuno
llamado San Miguel Bueno, mártir.
—Déjale
el libro, Mateo, a ver si se le pega algo. Culpables somos unos más y otros
menos, el verdadero responsable es este capitalismo salvaje en el que solo
importa el dinero y el triunfo social, pasando por encima de lo que haya que
pasar.
—Bien
dicho, Casaseno, en eso estoy contigo.
—No
me des coba, Juan, que te conozco, tú siempre al sol que más calienta. Lo
triste es que la crisis la han provocado los sinvergüenzas que nos han dejado
en cueros y la tenemos que pagar los pobres. Y culpables somos en la medida que
no nos hemos preocupado en escoger a los mejores para la cosa pública y en no
correr a gorrazos a los sinvergüenzas cuando los hemos detectado. Nos han
tomado el pelo porque muchos a su alrededor también se lucraban del choriceo,
mira el bigotes y toda su panda.
Tercia
Fernández conciliador, porque al Cacaseno se le ponen las venas del cuello como
pollizos de olivera:
—Como
siempre ha sido, basta con echar un vistazo a la Historia. Los poderosos y los
de su alrededor han manejado el asunto como han querido y los pobres a tragar.
De vez en cuando nos echan unas migajas para que nos contentemos y mientras
rula no es chamba.
—Coño,
Fernández, entonces, ¿Qué esperanza nos queda?
—Quizás
tengamos que inventar un sistema nuevo.
—Eso,
eso, la revolución.
—No
empieces, Cacaseno.
Fernández tiene toda la razón. No, repito, no se puede bailar con dos mujeres a la vez, una agraciada y otra no. El capitalismo salvaje es lo que esperan como agua de mayo, quienes en años anteriores ordeñaron a la burra hasta dejarla sin leche para Nefertiti. Posiblemente, con leche más rica en alimentos sanos para los humanos, otro sistema, otra forma de entender lo que significa la palabreja esa tan traída y llevada por quien la desprecia, la democracia, llegaríamos a la conclusión de que la oveja, la cabra y la vaca, producen leche comestible y no exclusiva para la belleza, aspecto inútil ante el inexorable tiempo. Eduardo Galeano dice. "La caridad humilla"; y es totalmente cierto, humilla a los débiles pero humilla todavía más a los poderosos que la admiten, la sustentan y la utilizan como pantalla de protección personal ante su generosidad. En unos tres años, poderosos corruptos e indeseables, pertenecientes a la estructura del poder, nos han humillado a todo el pueblo español. Han sentado las bases de lo que quieren para ellos en exclusiva. Deseo y espero con todas mis fuerzas que desaparezcan del país cuanto antes y que se deroguen inmediatamente las tropelías a las que nos han forzado a soportar.
ResponderEliminar¡FELICES FIESTAS!
Un abrazo muy fuerte, Mariano.
Como ya sabes, Antonio, coincido plenamente con tus apreciaciones. Pronto tendremos ocasión de liquidar (por la vía democrática) a esta colección d3e chorizos que nuestra buena fe y su perfidia encaramaron al poder. Amanecerá Dios y medrar hemos. Un abrazo.
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