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martes, 4 de octubre de 2011

LIMONEROS MUERTOS


He oído decir que la Comunidad de Murcia es la que mejor gestiona el agua de toda España, tanto en la forma de los regadíos, que utilizan las técnicas más novedosas de goteo, como en la recuperación de aguas residuales, depuración, etc. Y debe ser verdad, porque ni los políticos mienten ni los periodistas reflejan en sus escritos otra cosa que no sea la realidad. Yo, seguramente debo ver visiones porque en la zona del pantano de Santomera donde vivo, se sigue, en buena medida, regando a manta (cuando llega el agua, negra, salitrosa y pestilente) por canales de ladrillo y argamasa construidos hace más de cuarenta años de los que escapa a borbotones a la más mínima ocasión. Y encima es cara. Dicen que hay un proyecto para instalar el riego por goteo en toda esta Vega Media. Seguro que lo hay.
Las parcelas son pequeñas, entre 5 y 20 o 25 tahúllas, la gran mayoría cultivadas directamente por sus propietarios que las compraron con penas y fatigas en los años 70-80 haciendo realidad el sueño campesino de “tener un roalico de tierra”. Se plantaron limoneros, cultivo para el que esta zona resulta extraordinariamente benigna y a base de trabajo incesante, riegos y escardas, les sacaron algunos años sus buenas perricas.
Pero cambiaron las cosas. Empezó a escasear el  agua y más que faltar, cundió  el pánico de que faltara gracias a las campañas en que se enzarzaron los políticos, tirando cada uno para su lado. El caso es que el limón empezó a tener menos salida en los mercados internacionales que buscaron otras alternativas ante el temor de la escasez, los precios a bajar... y llegó la crisis general, que aquí se hizo particular. Los huertos que habían empezado a abandonarse ante las expectativas de los “resorts” que iban a pagar la tierra a millón, fueron la punta de lanza a los que han seguido muchos más, que sus propietarios han dejado de  cultivar por falta de medios.
El limonero no es como el pino o la olivera, que sin riego pueden sobrevivir muchos años aprovechando las lluvias por escasas que sean. El limonero, es un árbol “artificial” como un niño al que no se desteta jamás; si se deja abandonado a su suerte, en un año el deterioro es irreversible y poco después se seca por completo. Y cuando el huerto deja de producir para pagarse los gastos necesarios un año tras otro, el agricultor no tiene más remedio que restringirle los cuidados (riego, abono, escarda, etc.), con lo que se entra en un círculo vicioso: a menos cuidaos menor producción, a menor producción, menos cuidados, etc. El final está próximo.
A este ritmo, más que faltar, sobrará agua para todos, al menos en esta zona. Basta pasear por los huertos para ver las plantaciones abandonadas, la cosecha de limones en el suelo, esparciendo su olor acido de podredumbre donde antes se olía a azahar. Y los arboles secándose lentamente, convertidos en montones de roña entre los que resulta imposible transitar.
Las malas hierbas se han ido adueñando de los huertos dejados a su suerte (la naturaleza no tarda en volver por sus fueros) y en verano lo que era frondosa huerta, se convierte en una especie de sabana africana poblada por arboles espectrales y hierbas secas, paraíso de roedores y culebras. Y nadie hace ni dice nada. Seguimos oyendo discursos sobre el agua y su aprovechamiento que suenan como si se refirieran a otro país situado no se sabe dónde, mientras aquí la huerta va desapareciendo sin que se vislumbre alternativa alguna para las tierras que ya han quedado yermas. El estúpido cartel de “Agua para todos” sigue desprestigiando de forma vergonzosa la digna fachada del ayuntamiento de Murcia, que es de todos, no solo de los políticos sectarios.
Cuando se echa la vista atrás y se advierte como ya a principios del siglo pasado, Vicente Medina reflejaba en “La cansera” una triste situación de abandono que nos parece estar reviviendo ahora, el desencanto hace que uno se pregunte, en que otras cosas habremos avanzado, porque en esto de la tierra, no.

martes, 27 de septiembre de 2011

BONOBOS

Fernández, el autodidacta con veleidades de científico, suele leer mis artículos con espíritu demasiadamente critico (algunas veces sospecho que envidia la  facundia que en ellos hago gala  y la versatilidad alígera de mi pluma). No pierde ocasión de corregirme cuando logra encontrar terreno abonado (lo que, por otra parte, no resulta difícil).
Después de leer mi escrito sobre los monos aulladores en el que citaba de forma muy colateral a los bonobos (de los que confieso no tener más que referencias superficiales), se lanzó a mi chepa como águila perdicera sobre desprevenida avecilla:
-     No me sorprende que trates a esa especie tan interesante, por cierto antepasados nuestros de la misma línea que chimpancés, orangutanes o gorilas –con permiso de los Testigos de Jehová-, con la frivolidad que te caracteriza. Sepas que, según noticias fidedignas de mi amigo John, que es un autentico experto en ellos, los bonobos (Pan panisus), con una población de unos 10.000 especímenes siempre en descenso, viven exclusivamente en la zona comprendida entre el rio Congo y el Kasai, uno de sus afluentes, en el parque natural de Salonga. Los pobres lo tienen muy crudo porque constituyen un bocado exquisito para las poblaciones de la zona, que los tienen al borde de la extinción.
Eran una especie prácticamente desconocida hasta 1928 en que fueron descubiertos por Harold Coolilidge, que en principio pensó que eran chimpancés poco desarrollados. En los años 80 fueron estudiados por Nancy Thompson-Handler en el Zaire: andan erguidos el 25% del tiempo que pasan en el suelo y comparten el 98 % del ADN con nuestra propia especie, de manera que somos más que primos hermanos suyos. Se caracterizan por haber logrado un sistema de integración social en el cual las relaciones sexuales juegan un papel preponderante, ya que las usan para todo: como saludo, como método de resolución de conflictos, de reconciliación tras los mismos y como forma de pago por la comida, tanto entre machos como entre hembras. Son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando toda clase de actividades sexuales: sexo genital cara a cara, (hembra-hembra, hembra-macho, macho-macho), besos con lengua y sexo oral entre machos y entre hembras. Estas actividades tienen lugar tanto en la familia inmediata como entre los miembros periféricos del grupo, sin que se formen relaciones estables con parejas individuales. La única excepción, parece ser el de las madres con hijos ya adultos, por lo que algunos observadores han llegado a la conclusión de la existencia de ciertos tabúes entre ellos.
A pesar de la enorme frecuencia de la actividad sexual de forma indiscriminada, su tasa de reproducción no es mayor que la de los chimpancés comunes. Las madres cuidan de sus crías y las alimentan durante cinco años, lo que fija la cadencia del periodo de reproducción, pero recuperan la capacidad de relación sexual después del parto y practican el sexo sin finalidad reproductora (única especie que comparte esa característica con los humanos). Incluso cuando los animales son estériles o demasiado viejos para la tarea reproductiva, continúan practicando sexo con asiduidad, lo que parece redundar en su buen estado de salud.
Las hembras tienen un tamaño mucho más pequeño que los machos (claro dimorfismo sexual), pero un estatus mucho mayor. Los encuentros agresivos entre machos y hembras son raros y estos se muestran tolerantes con las crías de cualquier edad. El estatus que un macho tiene en la tribu es el heredado de su madre y su vínculo con ella se mantiene toda la vida. Existen jerarquías sociales, pero el rango de cada individuo no le concede a este un lugar preponderante en el grupo.
Es una de las especies más pacificas y no agresivas de mamíferos que viven en la tierra: han desarrollado vías para reducir la violencia que abarcan toda su sociedad y demuestran que la razón violenta de la evolución no es inevitable. Son el autentico ejemplo práctico del famoso dicho “hagamos el amor y no la guerra” que podría traducirse por “seamos bonobos”.
-     Caramba, Fernández, no acabas nunca de sorprenderme. Eso sí que son buenas relaciones sociales, y no las que tenemos nosotros. Me dan envidia esos animalicos que no lo parecen. Imagínate lo bien que nos podría ir si convenciéramos a nuestros políticos (miembros y miembras) para que en vez de pasarse la vida en estériles peleas, se pusieran a hacer el bonobo, todos entre sí, sin mirarse el carnet siquiera.
-     ¡Imposible es y me da alegría pensarlo!

martes, 20 de septiembre de 2011

LOS MONOS AULLADORES


Recientes estudios efectuados por el profesor Ridjhard Franz de la Universidad internacional de Copenhague han desvelado, por fin, el misterio que durante tantos años ha rodeado el origen de las intensas señales fónicas emitidas por los miembros de las comunidades de monos aulladores de América del Sur.
El Dr. Frisch fue el primero en investigar, a lo largo de más de treinta años, el sistema de señales de las abejas compuesto por movimientos constantes en forma de 0 y 8. Movimientos que, combinados con otra serie de variables aleatorias, resultan capaces de transmitir información a cerca de la situación del alimento y de su localización exacta. A partir de estos valiosos datos, los investigadores de todo el mundo no han cesado en sus intentos por descifrar el lenguaje de las especies superiores, especialmente las más próximas a los humanos, sobre todo chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes. Baste recordar los pacientes trabajos realizados por R. Allen y Beatrice Gardner con su chimpancé Washoe, al que lograron enseñar, a lo largo de más de 20 años, el lenguaje de signos americano conocido como Ameslan; las minuciosas observaciones realizadas por Diane Fosey sobre las poblaciones de Gorilas de los montes Virunga, o los resultados obtenidos por  J. Marais sobre el intercambio de información de los babuinos en las dilatadas sabanas africanas. Mención aparte requerirían los bonobos, cuyos indiscriminados contactos sexuales les proporcionan, además de múltiples satisfacciones, unas magnificas relaciones sociales que ya quisieran para sí muchas comunidades humanas.
Pero lo que constituye un hito difícil de superar en el estudio del lenguaje de los simios, es el novedoso descubrimiento realizado por el profesor Franz, después de muchos años de paciente observación sobre el origen de los gritos estentóreos emitidos intermitentemente por los monos aulladores de la selva brasileña. Según estas observaciones y las mediciones realizadas con minuciosidad sobre más de 300 especímenes de machos adultos, se ha podido comprobar que sus bolsas escrotales tienen unas dimensiones extraordinarias, lo que hace que su denso contenido penda hasta cerca de las rodillas y a veces las supere. Debido a que esta raza es de piernas muy cortas por su específica adaptación a la braquiación, los continuos saltos que realizan dentro de la espesa vegetación que constituye su hábitat natural, hacen que la bolsa y su sensible contenido, golpeen de forma repetitiva en las ramas sobre las que se desplazan, lo que desvela por fin, la razón última de los aullidos que emiten con inusitada frecuencia.
El profesor Franz, que presentó el avance de estas conclusiones en una comunicación científica leída recientemente en la Universidad de Massachusetts, ante una nutrida representación de profesores de varios países, estableció un claro paralelismo entre el grito de los monos aulladores y los del pájaro “Uiuiui”, que se ve afectado por un problema similar y que también expresa, con su poderosa voz, las dificultades por las que atraviesa en los aterrizajes que, tarde o temprano, se ve obligado a realizar por mucho que los demore. Así mismo prometió, en breve, la aparición de su libro “Parlors monkeys and Uiuiui bird” en el que tratará, con la profundidad que merecen, estos temas de indudable interés para la comunidad científica internacional.
                                                          



                                                          

martes, 13 de septiembre de 2011

FE Y RAZÓN (II)

No quedó satisfecho Fernández con el final de nuestra última discusión sobre las opciones entre fe y razón, y como es hombre concienzudo y metódico, después de documentarse en ignotas fuentes, volvió a la carga aprovechando la relajada bienaventuranza que seguía a un suficiente almuerzo en “La Peluquera” de La Aparecida a base de mondongo y chuletas de cordero.
- Digamos: evolución o creación.
- No necesariamente. Desde luego, evolución, porque no aceptarla es negar la realidad. Nadie perteneciente a la comunidad científica seria la rechaza hoy en día. Pero queda un espacio suficiente para la fe creacionista: ¿por qué no aceptar una voluntad divina en todo el proceso? La fe mueve montañas, y si se quiere ver la mano de Dios (cualquiera que sea su denominación o forma) en las cosas humanas, cabe perfectamente. No veo la dicotomía. La fe, dicen que decía Mark Twain, es creer lo que se sabe que es imposible, pero una vez que se acepta a pies juntillas pasa a convertirse en realidad incontrovertible para el que lo cree.
- Pero ¡no pueden coexistir dos verdades antagónicas, ¡eso es un principio platónico!
-¿Por qué razón? Ni siquiera tenemos que aceptar que Platón tuviera razón en todo, ni mucho menos que dijera todo lo que dicen que dijo. En asuntos de fe, no hay razón ni su contraria, o se cree o no se cree, y la gran ventaja de la creencia es que se obtiene la satisfacción de estar en el camino de la verdad y con ella se consigue la paz. Dice mi amigo del club Thornton que la única tranquilizadora es la “la buena fe”. El que razona, sin embargo, está abocado para siempre a la duda desestabilizadora. Tomemos un caso sencillo: los científicos predicen con toda exactitud los eclipses y los atribuyen a las leyes que gobiernan los astros de nuestro universo más próximo que ya enunciara Johannes Kepler en 1596, pero los creyentes de algunas religiones están convencidos de que los eclipses, al igual que otros fenómenos atmosféricos, se producen exclusivamente por un acto puntual de la voluntad divina, sin cuyo concurso no se mueve ni una sola hoja de un árbol. “Él creó la Osa, el Orión y las pléyades, y las cámaras del cielo austral” (Job, 9.9). Y yo me pregunto ¿es tan difícil aceptar que ambas posturas sean compatibles? Lo relevante es que el fenómeno se produzca, la interpretación es cosa de cada uno.
- Visto así...
- El problema comienza cuando desde una u otra postura nos empeñamos en que la verdad sea absoluta y procuramos que todo el mundo la acepte. En muchos casos – y ahí está la Historia para corroborarlo- las gentes están tan inseguras de sus verdades que pretenden imponerlas a sangre y fuego: el que no cree en la verdad manifestada por la fe y aceptada de forma masiva por la tradición, sea reo de anatema. Bueno, pues sea, no creo que nos haga mucho daño el anatema a estas alturas. Por fortuna, pasaron los tiempos inquisitoriales. En nuestros días, que cada uno manifieste (educada y cortésmente) sus posiciones, y santas pascuas.
- Pero la verdad científica es demostrable, mientras que la vedad obtenida mediante un acto de fe puede (y suele) ser completamente falsa. “Solo la curiosidad estimula las observaciones científicas”, decía San Albero Magno, que no creo que llegara a ser obispo de Ratisbona por su “fe del carbonero” precisamente. Supo aunar la fe del dominico con la racionalidad del investigador. Escribió (y bien) sobre mineralogía, botánica, cosmología, meteorología, fisiología, psicología y zoología, más de setenta libros que abrieron camino en muchos aspectos del pensamiento científico. Y no basaba sus obras solamente en autores católicos, también acudía a judíos y musulmanes con igual interés y respeto.
- Sí, pero hombres de ese calibre han habido pocos a lo largo de la historia.
- De acuerdo, no abunda lo extraordinario, pero creo que ese es un buen ejemplo a seguir en medio de tanta vulgaridad y estrechez de miras en que nos vemos envueltos, y no la manida controversia entre fe y razón que proponías. Quedémonos con la “buena fe” de tu amigo Thornton.
- Por una vez te doy la razón, Fernández.  



martes, 6 de septiembre de 2011

FE Y RAZÓN (I)

Fernández, que conserva la visión candorosa y arcaica de la infancia, se extraña de las prácticas de ayuno mantenidas por muchos de los musulmanes que viven entre nosotros, durante su mes de ramadán.
- No me cabe en la cabeza –me decía- que un hombre que trabaja, porque lo necesita, ocho horas cortando limones bajo el sol abrasador del agosto murciano, no coma ni beba agua durante todo el día por cumplir una normativa religiosa que atenta, evidentemente, contra su salud.
Amén de intentar quitarle al asunto la visceralidad en que a menudo se cae cuando de asuntos de fe se trata, intento explicarle a mi amigo que es de buena educación y una excelente medida de profilaxis social obviar temas como ese si se pretende mantener una relación fluida con el personal.
- Mira, muchacho, el de las creencias es un mundo aparte, y uno debe guardarse de opinar sobre ellas como de meter la mano en un avispero. En este planeta existen gran número de religiones y todas son las únicas verdaderas para los que creen en ellas. Cada uno de los dioses, desde el punto de vista de sus adeptos, es el único que merece ese título y lo que es más, son antagónicos entre sí. Esa es la parte mala. Si los muchos dioses existentes se llevaran como buenos hermanos (ya que todos predican, poco más o menos la misma fraternidad humana, la bondad, la caridad, el desprendimiento, etc.), no nos veríamos en los líos que nos vemos, ni tendríamos que enemistarnos con los que practican una religión diferente a la nuestra (si la tenemos, que esa es otra). Por eso te digo: “mejor no meneallo” como D. Quijote dijo a Sancho en cierto momento refiriéndose a cosa que no debe mentarse sin pedir perdón. Cada uno debe practicar la religión que más le acomode (o ninguna), que el muestrario de posibilidades es más que suficiente. Eso pertenece a la intimidad de la persona y la mejor forma de  que todos nos llevemos bien es que respetemos las ideas de los demás y no pretendamos “iluminarlos” con nuestra verdad (aunque sea la única verdadera).
  -Tú eres un tibio que pretende contentar a todo el mundo. Esa es la mejor forma de no incomodar a nadie y dar la razón a todos, pero hay que ser valiente y proclamar lo que uno piensa y siente.
 - Pues yo seré lo que sea, pero creo que no hace falta ser valiente ni cobarde, cada uno que crea y sienta lo que le parezca, que tenga fe o no la tenga, que para él hace, sin tener que redimir a los demás, que no se lo han pedido. Cada uno puede manifestar lo que le apetezca y practicarlo, que para eso estamos en un país libre (no confesional, dicen). No sé a qué viene esa necesidad de intentar convencer a los demás de verdades que pueden servirnos a nosotros pero no a ellos. Habrá quien razone de forma diferente, sin que por ello tenga que estar equivocado. A lo mejor, si lo está pero déjalo que vaya a su infierno. No lo condenes al tuyo.
- Eso no es argumento. Los que creen que están en el verdadero camino de la verdad piensan: “¿no advertirías a una persona si supieras que está en peligro de caer a un pozo?”
 - Hombre, una cosa es advertir de un peligro y otra insistir machaconamente en una cuestión que depende exclusivamente de la fe que uno le ponga al asunto. Creo que el proselitismo (si tu religión lo exige) debe limitarse a una cortés y breve exposición (si te dan pié) que permita al interlocutor manifestar su interés por el tema. Más allá de eso, se entra en el territorio de la pesadez agobiante practicada por esos que van en parejas los domingos llamando a las puertas de las casas y soltando unos rollos soporíferos a los que se ven obligados, por una mal entendida educación, a soportarlos agarrados a la manija de la puerta para no caer desvanecidos.
 - En eso si que estoy de acuerdo, pero el caso es que las prácticas religiosas públicas, de una forma u otra nos afectan a todos los que hemos de sufrirlas, pertenezcamos o no a ese credo.
- Bueno, eso forma parte de la cortesía ciudadana y del respeto que nos debemos unos a otros. Hay que mirarlo de forma positiva y pensar que todos tenemos razón, la nuestra, sin que eso nos haga pensar que los demás están equivocados.
 - Si tú lo dices...  

lunes, 29 de agosto de 2011

DE VUELTA

Después de casi dos meses, henos de nuevo. Ha sido un verano caliente, tanto por el clima cuanto por los despropósitos políticos que se han hecho habituales, las agresiones de los mercados, los problemas de los griegos, los disparates de Gadafi y otros líderes del norte de África, las hambrunas recurrentes de Zambia, Nigeria y Etiopia, etc. El mundo sigue exactamente igual que antes de las vacaciones. La mitad de la humanidad se gasta una pasta gansa para que no le alimente lo que come y la otra media padece tal hambre crónica que lleva a la muerte muchos de ellos. Sin embargo, se producen en el mundo alimentos suficientes para abastecer a toda la población, pero los vaivenes de la economía hacen que se tengan que destruir una parte para mantener el equilibrio. ¡Échame cartas! Con una pequeña fracción de lo que se gasta en armamento habría para dar de comer a todas esas personas condenadas irremisiblemente a la muerte por inanición. Y, como desde el principio de la humanidad, a los que tienen (tenemos) les (nos) importa un bledo la situación de los que no tienen, pero seguimos con la falacia de la solidaridad y todas esas monsergas. Solo unas pocas almas llenas de candidez humanitaria dedican su tiempo a la ayuda desde distintos credos y posiciones ideológicas, todas encomiables sin excepción.
Los amigos musulmanes han terminado un año más su Ramadán con éxito y harira final. Ellos lo organizan mejor, comen de noche y ayunan de día; según parece, les va la mar de bien. “Cada uno con su gusto va bien servido”, me decía una sabia antepasada.
Los de la Noria siguen girando a lo tonto, Matamoros & company con sus vulgaridades de entrepierna, el Gobierno dando palos de tuerto y la oposición empujando para que cuanto peor, mejor; a ver si de una vez gobiernan para hacer más o menos lo mismo que los otros.
Mourinho continúa en su línea: haciendo las chorradas de siempre. Y el papa se ha dado un baño de multitudes juveniles. Hacía años que no se veían manifestaciones tan gordas en la Plaza de Oriente. Los jóvenes se han ido luego, mojados, confesados y alegres, a seguir con sus botellones. No hay cosa mejor que cada uno haga lo que le acomode sin molestar a los que piensan de forma diferente. El asunto de los gastos papales, dará para tertulias unos días más. Aun ha sido bastante prudente, no conviene morder la mano que te proporciona el bocadillo, así que todos contentos y engañados. Como decimos por esta tierra, que cada perrico se lama su p… y el que la pesque pa el. Si el hombre se ha salido un poco de madre dando consejos a quien no se los pide y queriendo gobernar con su manual a los que ya disponen de otro, tampoco es para atufarse, que a todo el mundo se le va un poco el frasco cuando se ve en loor de multitudes. Algunos ayuntamientos, como el de mi pueblo, han considerado adecuado hacer propaganda de la visita papal a pesar de que este sea un país no confesional (véase la foto). ¡Angelicos! Corramos un tupido velo y pelillos a la mar. Y puestos a refranes, al que dios se la dé, san Pedro se la bendiga.
Iniciemos la temporada con ánimo renovado, espíritu ligero y corazón sensible, que nunca es tarde si la dicha es buena y a buen entendedor, pocas palabras bastan.

Bienvenidos a casa, amigos.

miércoles, 29 de junio de 2011

CERRADO POR VACACIONES




Para descansar del estrés acumulado durante todo el año haciendo de forma concienzuda lo que me da la gana, parto de vacaciones durante el mes de julio. Pensamos recorrer Italia, bajando por el Adriático y subiendo por el Mediterráneo, o viceversa; nunca conviene planificar demasiado, ahí tienes a Ulises, que salió para un sitio y llegó a otros varios. Cuando se comienza la ruta, nunca se sabe. La caravana camina en una dirección, pero nada más.
Por fortuna, llevamos la casa a cuestas, como Cesar Cascabel, de manera que viajamos mientras tenemos gana, comemos cuando el hambre aprieta y paramos cuando y donde se nos antoja.
Puede que volvamos a primeros de Agosto. Gracias a todas las personas que habéis tenido la amabilidad de pasar por aquí. Me habéis hecho cerca de 17.000 visitas desde que este blog se abrió el 12 de diciembre de 2010, mas de 2.000 mensuales. Es muy reconfortante que tantos amigos se interesen por lo que uno pueda dar de sí escribiendo.
Mil gracias a todos y os espero a la vuelta.

martes, 21 de junio de 2011

ORGULLO GAY


No hace tantos años que los maricones corrientes ascendieron al estatus de gay (palabro que, curiosamente, teniendo el mismo significado, no se considera peyorativo); denominación que nos llegó de otras tierras más avanzadas en la gestión de las libertades sociales. Durante toda mi etapa de formación, y hasta bastantes años más tarde, toda la información que recibí sobre la homosexualidad, que me llegaba de una forma vergonzante, a menudo soto voce, y siempre con ribetes de menosprecio y rechazo, era que se trataba de una especie de enfermedad o malformación que afectaba a unos seres extraños, perversos y desde luego absolutamente rechazables por la población “normal”. A menudo esa “malformación” se intentaba curar a palos, muchas veces en las propias familias donde aparecía, con frecuencia por padres que eran “muy machos”. Mujereta, era un insulto de menor cuantía con el que se designaba entre los grupos juveniles a los que mostraban una especial sensibilidad feminoide o se manifestaban demasiado “tiernos” en los bruscos juegos que entre los chicos se potenciaban. Es muy probable que la iglesia católica, de tan importante como perniciosa influencia en nuestra formación adolescente, tuviera mucho que ver con ello, ya que “el pecado nefando” se nos definía como una suma perversión que, por el hermético significado de que lo rodeaban, fascinaba al personal juvenil haciéndolo terrible por su oculta e irreductible maldad que conducía de forma inmisericorde a las temibles llamas sempiternas.
Lo de las mujeres resultaba un poco más lejano, al menos para los chicos, que vivíamos por completo ajenos al sexo opuesto, solamente imaginado. Sabíamos que había “bolleras” y “marimachos” a las que se referían los ortodoxos dispensadores de formación con el mismo desprecio y afán de marginación que en el caso de los hombres.
Por fortuna, como dice el refrán, no hay mal que cien años dure (ni cuerpo que lo resista) y los tiempos nuevos nos proporcionaron una óptica más equilibrada y real sobre este y otros muchos asuntos, tantos años sometidos a las ideas retrogradas de instituciones ancladas en un pasado incapaz de evolucionar, víctima de su propia idiosincrasia. En el camino, y esa es la desgracia irrecuperable, quedaron innumerables historias de represión e incluso cárcel, sexo de marginación y desdicha, depresiones y sufrimiento para los que no tenían más desgracia que la de manifestar y practicar una opción sexual diferente, pero tan licita como la del resto de ciudadanos.
Dicen los entendidos que los movimientos históricos tienen cierta tendencia a manifestarse de forma pendular; ahora hemos pasado al otro extremo: es preciso hacer manifestación ostensible de la existencia de colectivos homosexuales, una muestra de lo cual es la celebración del día del orgullo gay. Y para mí, que comparto con ese y con el resto de colectivos el carácter de ciudadano con iguales derechos y obligaciones, me resulta síntoma de que algo no se ha digerido todavía por completo en nuestra sociedad; porque si se considerara la opción sexual una cuestión de carácter tan intimo, respetable y perteneciente al ámbito personal como la adscripción a un credo religioso, una opción política, un club de futbol o una afición fetichista, no veo la necesidad de reivindicación alguna. Se reivindica lo que es difícil de alcanzar porque lo niega una parte de la sociedad a la otra, y la opción sexual me parece que a estas alturas debería estar por completo ajena a ese debate, de la misma manera que no se concibe la implantación del día del heterosexual, del comedor de herbívoros o del practicante de pádel.
Me parece que la opción sexual, como otras, pertenece al ámbito discreto de la intimidad personal y no es preciso, ni hacer ostentación manifiesta de ella, ni reprimirla por ningún imperativo social, siempre que se manifieste en las normales condiciones que la Constitución ampara para todos, “…iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión, o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”, como reza el art. 14 de la Constitución en vigor.



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