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martes, 28 de abril de 2015

DEL PERIÓDICO

Dejó el Cacaseno sobre la mesa este recorte:
(el Cacaseno tiene la mala costumbre de recortar, a hurtadillas, los sueltos que le interesan de los periódicos en los bares).
—Ahí lo tienes, Juan, mira lo que dice tu presidente: que no conviene apretarle en lo de las incompatibilidades a los diputados, no vaya a ser que se espanten,  pierdan el interés en apacentar a sus electores y se dediquen a menesteres más productivos.
El Juan de la Cirila se amosca pronto con el Cacaseno.
—No me piques el billete, Cacaseno, te tengo dicho que no es mi presidente. Una cosa es que yo sea de derechas, y otra cosa es que sea acérrimo votante del PP. Te diré, para que lo sepas, que me estoy planteando seriamente no votarlos en las próximas elecciones.
—Otro que se pasa a Ciudadanos. ¿Pero no ves que son los mismos con collar diferente? Y a lo mejor, con el tiempo, derechean más que los otros…
—Yo no he dicho que vaya a votar a Ciudadanos, hay muchas otras opciones, por fortuna. Lo de los dos ‘grandes partidos’ parece que toca a su fin. Ya veremos lo que voto…o lo que no voto.
Fernández, el conciliador, interviene.
—Dejaros de piques. Lo que a mí sí me parece grave es que el presidente de la nación, el presidente de todos…
—El mío, no, salta el Cacaseno.
—El tuyo también, lo votaras o no lo votaras. Decía que me parece grave que el presidente de la nación haga unas manifestaciones como esas, de las que puede inferirse que a los diputados hay que mantenerles ciertas prebendas y dejar que hagan chanchullos o vendan información privilegiada para ‘redondear su sueldo’. Eso sí me parece una opinión que retrata la situación de deterioro moral y ético a la que estamos llegando. Y dicho por el presidente de la nación, patético. Es como invitar a la bajeza moral, legal pero bajeza.
—Te dije hace tiempo, Fernández, que habíamos puesto a las zorras a cuidar de las gallinas…
—Estamos en una democracia –salta el Dr. Mateo- y la voluntad del pueblo es soberana. Los pusimos libremente. Y los hemos seguido votando. En esta región desde 1995, Valcárcel ha sido el presidente de Comunidad más votado, por algo será.
—Sí, pero al pueblo se le manipula con facilidad.
—Eso no es culpa de la democracia, sino nuestra, que somos unos comodones y dejamos el trabajo de la política a otros, cuando ‘El fundamento básico del sistema democrático es la libertad y una característica de la libertad es gobernar y ser gobernado por turno’, como decía el maestro de Estagira.
—Leches Mateo, cuando sacas los latinajos, haces tabla rasa -apostilla Juan de la Cirila mordiéndole a su tostada.




martes, 21 de abril de 2015

LA SOLEDAD DEL MÁNAGER

Para María José, devota cinéfila.
Todos los años, cuando en esta tierra aprieta la calor la gente reacciona, poco más o menos, con los mismos comentarios: ‘este año hace más calor que nunca’, ‘hogaño la temperatura ha subido antes y con tiempo’, ‘nunca, antes, habían hecho estos calores’, etc. Luego, cuando se miran las estadísticas resulta que, grado arriba grado abajo, el asunto es muy parecido al de años anteriores, lo que pasa es que la memoria es frágil y uno recuerda con cierta dificultad los accidentes climáticos de tiempos pasados, aunque no estén todavía muy lejanos en el tiempo.
Lo cierto es que cuando aquí pega el sol, pega de veras y hay días, especialmente si sopla el endemoniado lebeche, que se asan hasta los pájaros y las ranas pasean con la cantimplora en bandolera. Solo las horas que siguen al fresco amanecer son aprovechables para dar mis largos paseos en bicicleta, reparadores por igual del cuerpo y del espíritu.
Los caminos rurales de mi zona, aunque en diferentes condiciones de conservación, y algunos en manifiesto estado de abandono, proporcionan el escenario adecuado para esas expansiones. La soledad, solo interrumpida de tarde en tarde por algún campesino que se dirige a sus tareas, caballero en una motillo cojitranca y asmática, más el silencio arañado suavemente por el son chicharrero de la cadena, son las únicas compañías que el excursionista encuentra a tan tempranas horas. Algún gazapillo, tímido, asustadizo y despistado, sale disparado  de vez en cuando entre las matas que bordean el camino, corriendo en zig-zag delante de la rueda a pique de provocar el atropello.
Esa soledad, buscada con cuidado y disfrutada con la avaricia de lo efímero, me recuerda en cada paseo a la del manager, que aparece en el relato de Vázquez Montalbán en un libro descubierto por casualidad en los años 80 del siglo pasado (dicho así, parece que fuera en la Prehistoria), durante un viaje en el Puente aéreo Madrid-Barcelona del que solo guardo memoria por el feliz hallazgo impreso. El resto de la misión debía carecer de importancia.
El grandísimo escritor que fue Manuel Vázquez Montalbán (hoy, por cierto, bastante olvidado), autor de la serie Carvalho pero también de otras muchas obras interesantes y de mayor calado, fue un descubrimiento que casi me hace caer del avión
como otros cayeron del caballo, deslumbrado por el rayo aparecido en mi vida de improviso. Y desde aquel momento, me convertí en un asiduo lector de sus obras hasta la última publicada (creo que a título póstumo) Milenio Carvalho.
Antes, en 1962, había debutado en las carteleras la película La soledad del corredor de fondo, dirigida por Tony Richardson, protagonizada por Tom Courtenay que encarnaba un personaje (Colin Smith) que, por circunstancias que no son ahora del caso, se ve abocado a la carrera de fondo, disciplina en la que acaba triunfando gracias a su perseverancia en el esfuerzo solitario. Luego, la de Tom Hakns, sobre el mismo tema, que nunca acabó de hacerme gracia.
Obras de tan distinto porte, amén de una descubierta con posterioridad del escritor japonés Haruki Murahami Autoportait de l’auteur en courreur de fond, tienen una temática común: historias concurrentes que han pasado a mis recuerdos seguramente deformadas por la distancia en el tiempo y la distorsión que la memoria introduce, inevitablemente, en nuestros archivos mentales. Sus recuerdos son mis compañeros de viaje mañanero, cuando las calores no han blincado todavía la llamada inversión térmica y el airecillo tenue de la mañana refresca las primeras gotas de sudor provocadas por el pedaleo. Los personajes de estos relatos, que tienen de común la soledad intensamente vivida en medio de una sociedad multitudinaria y agobiante, me siguen cada mañana en la mía, conscientemente buscada al menos durante el rato de las horas frescas, e intensamente disfrutada en su imaginaria compañía.




martes, 14 de abril de 2015

UNA DE CINE-POLITICA


A mi amigo Antonio Campillo, maestro cinéfilo, entre otras artes.
 Recuerdo cuando hace ya años, los jovenzuelos ávidos de las escasas emociones que podía  proporcionarnos el fin de semana, teníamos que conformarnos con largas sesiones de cine en technicolor. Eran, casi siempre, películas de vaqueros o romanos, intrascendentes historias nada atentatorias contra el sexto mandamiento. La iglesia católica, guardiana permanente de nuestra delicada moral era a las únicas que no les metía la tijera, y el Régimen, siempre protector de su institución hermana, autorizaba los cortes previniendo las perversas asechanzas judeo-masónicas.
Aquella censura, produce ahora una hilaridad incrédula a los pocos jóvenes que se toman la molestia de escuchar las batallitas de los fósiles que los antecedieron en el uso del espacio. Yo les aseguro que marcó de forma casi indeleble los primeros años de muchos de nosotros.
Un servidor quiso ser, sucesivamente, John Wayne, en ‘La diligencia’ conducida por John Ford, Clark Gable en ‘Lo que el viento se llevó’ y Kirk Douglas en ‘Espartaco’. Mi último héroe, que probablemente me acompañe al más allá, fue Clint Eastwood, al que adopté en ‘La muerte tenía un precio’, he seguido hasta ‘El gran Torino’ y no he abandonado todavía.
Todos ellos eran hombres fornidos, además de atractivos, y repartían unas castañas (síntoma inequívoco de envidiable virilidad) que dejaban fuera de combate a los numerosos villanos con los que, dada su azarosa vida, tarde o temprano se encontraban. Últimamente me he decantado por la suave inteligencia de Atticus Finch, y es probable que nunca mate a un ruiseñor.
Pero había uno de aquellos héroes (y a esto viene la historia), que a pesar de su incuestionable belleza rubia, siempre repeinado y compuesto, aun en los momentos más difíciles de los inolvidables ‘Horizontes de grandeza’, no daba la talla (física) de los anteriores. Era bajito, hasta para aquella época en que aún no se había producido el estirón de las poblaciones, que ha llenado nuestras ciudades de larguiruchos dos palmos más altos que nosotros y con pies como canoas. La carrera cinematográfica de aquel bajito, Alan Ladd, fue una dura competición para que no se notara lo exiguo de su estatura al lado de sus compañeros de reparto. Sus películas (que ahora repasamos con mirada quizás excesivamente crítica), constituyen un alambicado compendio de trucos y montajes para que no se percibiera esa diferencia. En muchas escenas aparecía sentado y en otras, de pie cuando los demás estaban sentados, y en cuanto la ocasión lo permitía, a caballo.
Se escogía con cuidado a sus compañeros/as de reparto en función de una estatura que no sobrepasara la suya, y cuando todos los trucos fallaban o se hacía difíciles de aplicar, la cámara recurría a movimientos extraños de manera que se le enfocara siempre desde abajo (contrapicado, dice mi amigo Antonio), dando cierta impresión de gigantismo.
Me vienen ahora a la memoria aquellos recuerdos de infancia, llena de una feliz austeridad que entonces no percibíamos, al contemplar, con manifiesto desánimo, las vergonzosas estaturas de una importante minoría de nuestros políticos, sean de la cuerda o tendencia que sean. Como Alan Laddens redivivos, la mayor y principal tarea de su cometido profesional (al que han logrado encaramarse sin escatimar medios ni procedimientos) consiste en procurar que no se perciba su escasa estatura rodeándose de gentes más cortas que ellos todavía. Y así, viene a suceder que la categoría de muchos de nuestros dirigentes (miembros y miembras) ha entrado en un proceso de enanismo intelectual, como pasaba en ‘El hombre menguante’. Lo vergonzosamente triste, por inmoral, es que se retiran, después de pocos años de oficio, con el riñón bien cubierto. Aguantan el chaparrón de las críticas con impertérrita sonrisa, cuando no en olor de multitudes. Sus menudos seguidores, en un desconcertante ejercicio de enanismo político, parecen considerarlos más cuanto mayor es el flagelo de la corrupción con que los han estafado.
Así nos va.







martes, 31 de marzo de 2015

FANATISMOS

Estamos en tiempos de procesiones y besapieses. Los periódicos vienen repletos de noticias sacras que dan un respiro después del aluvión de inauguraciones oportunistas, a la espera de la sangrienta campaña electoral que se nos viene encima. El Cacaseno, ateo practicante de toda la vida, ha estado esta mañana a punto de atragantarse con la tostada cuando ojeaba el periódico.
—Parece mentira, en los tiempos que estamos y todavía con estos oscurantismos medievales. Mira, mira, tú que dices que no sois idolatras –dirigiéndose al Juan de la Cirila- no sé cuantos miles de personas haciendo cola para besarle los pies a una estatua.
—No seas burro, Cacaseno, ni faltes al respeto a los demás, que a ti nadie te lo falta. Para los creyentes, eso no es una estatua, es la representación del Hijo de Dios, que dio su sangre por la redención de todos los humanos, incluido tú.
—Pues por mí, se podía haber ahorrado el trabajo.
—No blasfemes, so acémila.
—Tengamos la fiesta en paz –tercia Mateo a una señal de Fernández que, conociendo al personal, sabe que en esos temas no hay forma de llegar a acuerdo alguno- cada uno que siga con sus creencias o sin ellas, pero vamos a respetar las de unos y las de otros.
—No, si yo las respeto, pero me fastidia tanta ignorancia y fanatismo.
—Pues entonces no las respetas tanto, Cacaseno. Aplícate a la tostada que, por parecerme que viene a cuento, voy a relataros la anécdota sucedida a un amigo mío.
—Sea, dice el Cacaseno. Y Juan asiente. Fernández, socarrón, se alegra de haber metido al doctor Mateo en el lío, mientras él permanece al pairo.
—Pues veréis: viajaba este amigo mío por tierras de Mauritania, muy al sur, cerca de la frontera con Senegal con un objetivo que no hace al caso. Pararon unos días en una casa elemental, construida de bloques rudimentarios y desechos de todo tipo, pero con una magnifica televisión alimentada por una placa solar que cargaba una batería de coche. El dueño de la casa tenía como único trabajo dar las órdenes necesarias a sus dos o tres mujeres y a su caterva de hijos y sobrinos sobre la hora más conveniente para llevar a abrevar al ganado al pozo que correspondiera. El resto del tiempo lo empleaba en tomar té con sus invitados, rezar las cinco veces preceptivas mirando a la Meca y repasar continuamente su rosario de 99 cuentas con los nombres de Alá, el misericordioso. Durante varias veces al día, conectaba con una de las muchas emisoras religiosas para escuchar con aplicación las prédicas de los imanes que se emitían durante las veinticuatro horas.
Me contaba mi amigo que, en atención a sus visitantes, de vez en cuando, el huésped sintonizaba otra emisora de al-Jazira en la que daban documentales del mundo. En esa ocasión, se trataba de unos tibetanos que ascendían por un camino pedregoso y árido hasta llegar a la coronación de la montaña donde se guardaban unas reliquias en un templo que casi tocaba al cielo. Los peregrinos, en su avance, se tendían en el suelo cuan largos eran, luego se levantaban, andaban un paso y volvían a besar la tierra. La ascensión, a ese ritmo, duraba días mientras ellos, con caras sonrientes, entonaban cánticos propiciatorios.
—Qué barbaridad –dicen que dijo el anfitrión, mientras las cuentas de su rosario adquirían una velocidad inusitada, ¡cuanto fanatismo hay por el mundo!
Cuando terminó Mateo, los contertulios se miraron y pospusieron los comentarios para mejor ocasión.



martes, 17 de marzo de 2015

LIBROS, FRASES Y POLÍTICOS


 ‘Desde estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan’ parece que dijo Napoleón a sus tropas poco antes de emprender batalla contra el ejecito mameluco que mandaba Murad Bey. El general francés, luego emperador de medio mundo, será recordado por esa frase durante mucho tiempo.

‘Yo he venido a hablar de mi libro’, dijo el misterioso Umbral, y antes que por las brumas con que disfrazó su vida y de su magnífica obra, se ha instalado en el imaginario colectivo por ese exabrupto televisivo.

Fernán Gómez fue un hombre de cultura extraordinaria, pero será recordado por su ‘váyase a la mierda’ antes que por su magnífica labor como escritor, actor, excelente director de cine y de teatro.

A Camilo José Cela, antes que por su premio Nobel de literatura, lo identificaremos, seguramente, por sus siestas de ‘pijama y orinal’.
El presidente de Uruguay, cuyo mandato acaba de finalizar, antes que por su pasado guerrillero, será recordado por su austeridad personal y por su falta de ambición, extraordinaria por completo entre los gobernantes de nuestros días. Así pasan los seres humanos a la Historia, por una frase impactante o por unos hechos extraordinarios expresados en un instante que se convierte en oportuno.
Así pasarán a la historia (esta vez con minúscula) la extemporánea y maleducada Sra. Villalobos jugando con el artilugio a infantiles pasatiempos en un lugar tan digno y merecedor de respeto como el Congreso de los Diputados; el redactor del BOE que considera que el hombre necesita la intervención divina para alcanzar la felicidad; los destructores de las obras de arte del museo de Mosul por considerarlos atentatorios contra la doctrina del Profeta; el señor Maduro, que confundiendo el tono con el volumen -como afirma mi amigo Pepe Abellán-, grita al mundo entero sus paranoias golpistas; y todos los políticos que, como él, han hecho de su oficio una forma de vida que, lejos de dedicarlos al servicio al pueblo como prometieron antes de auparse al macho, solo pretendían que les proporcionara retiros dorados acunados en el seno de multinacionales energéticas.
Vivimos tiempos poco afortunados en los que la cultura está siendo estrangulada por la ramplonería cutre de nuestros gobernantes cuyo principal objetivo es lograr una masa ciudadana atenta solo al pan y circo, cada vez mas inculta y a ser posible, mediatizada por las creencias del carbonero.
Caminamos, como los cangrejos, hacia atrás. Hacia tiempos de creencias que se imponían a las conquistas ciudadanas como sucede en países vecinos –un poco más al sur-, en que las normas religiosas dirigen las vidas de los ciudadanos.
Es posible que la democracia sea el menos perfecto de los sistemas de gobierno de los que hemos experimentado hasta el momento y es probable que permita que el pueblo se gobierne a sí mismo poniendo a su frente a los mejores de entre ellos; es posible que en ese sistema, las creencias –siempre respetables- tengan su sitio y que las normas civiles –por encima de ellas- afecten a todos los ciudadanos sin distinción alguna. Pero no es ese el camino que llevamos.
Por fortuna tendremos pronto ocasión de revertir ese destino. Veremos si, en efecto, el pueblo es capaz de escoger a los que mejor pueden dirigirlo.






martes, 10 de marzo de 2015

DESFACHATEZ

Sin paliativos es la de los integrantes de la familia Pujol, especialmente la del ‘capo’ que amenaza con apagar el sonotone como si eso fuera a causarnos algún disgusto, y mayor –si es que en esto de la desfachatez hubieran gradaciones- la de su señora que, confundiendo el culo con las témporas, dice cuando se le pregunta por la fortuna de su familia que no tienen un duro y que ‘esto no se le hace a Cataluña’, como si Cataluña fuera ella y su familia; algo parecido a los tiempos en que el Rey Sol soñaba que el Estado era él. ¿Hasta qué grado de insensibilidad social, de arrogancia y de frescura han llegado estos personajes para creerse por encima del bien y del mal, y pensar que sus conciudadanos no son otra cosa que marionetas cuyos destinos deben dirigir y cuyos dineros deben administrar a su antojo -quedándose con un substancioso porcentaje- para engrosar sus cuentas de Andorra y otros paraísos fiscales?
Las comparecencias del Sr. Pujol –antes ‘molt honorable’- han sido vergonzosas y uno no se explica cómo los parlamentarios han permitido semejante muestra de desfachatez sin llamarle lo que está en la mente de todos: ‘fresco y sinvergüenza’, sencilla y llanamente.
Nos queda la esperanza –relativa- de que la justicia, más tarde que pronto como es habitual, acabe desenredando el entramado de corrupciones y sinvergonzonerías de la familia y poniéndolos donde les corresponda.
Pero, además de confiar en los mecanismos del Estado de Derecho en el que creemos vivir, el ciudadano medio, a pesar de su sensibilidad cauterizada por tantos casos de corrupción vistos en los últimos años, se queda perplejo preguntándose qué catadura moral será la de esos individuos capaces de permanecer al frente de un pueblo como el catalán, alardeando de bonhomía, acusando al resto del país de anti catalanista cuando se cuestionaban las acciones de Banca Catalana o los despropósitos del Palau, o tantos otros, mientras los miembros del clan viajaban al país vecino llevándose las bolsas de billetes de todos nosotros ante la total pasividad y el aplauso babeante de sus colaboradores.

Y el mismo ciudadano medio sigue cuestionándose si no es desfachatez de los políticos (de uno y otro lado, que en ciertas cuestiones están sospechosamente de acuerdo) que no se modifique la ley electoral para que podamos elegir en listas abiertas; que existan cinco circunscripciones electorales en nuestra región murciana, con lo que ello supone de pérdida de votos para los partidos minoritarios; que no se limiten los mandatos a dos legislaturas como en el resto del orbe civilizado; o que el presidente de Gobierno se permita afear a otros el incumplimiento de su programa electoral cuando el acusador tiene un brillante currículo en ese menester.
Quizás la desfachatez ha tomado el poder definitivamente, y no solo en Cataluña.




martes, 3 de marzo de 2015

TERTULIANOS Y ELECCIONES (II)

Tuvo que deshacerse la tertulia abruptamente el día anterior porque nos convocaron a junta para elección del presidente. En nuestro Hogar del Pensionista, las cosas se hacen democráticamente y sin más injerencias que las corrientes en estos casos: el concejal de la cosa procura apropiarse de los éxitos de la asociación y eludir los fracasos. Luego los capitaliza en las elecciones. Lo normal.
El Cacaseno atacó de nuevo cuando Pepito puso los desayunos sobre la mesa:
—¿Os habéis enterado de lo de Bárcenas? Ahora resulta que con 200.000 Euros de fianza, que para él es una minucia, lo dejan en libertad.
—No es que lo dejen ni no lo dejen, es que, según la ley, hay que hacerlo así –dice Mateo que sigue el caso desde el principio- la prisión preventiva no puede durar más. Otra cosa es que la Justicia fuera más rápida y no diera lugar a eso, pero tenemos lo que tenemos.
—Pues a este paso, cuando vayan a juzgarlo, o ha prescrito el asunto o le echan cuatro días y enseguida a la calle, a gastarse los cuartos que ha robado.
—Ojo, Cacaseno, hasta que el juez no lo diga, no se sabe si los ha robado o no. Él dice que los ha ganado haciendo negocios -templa Juan de la Cirila.
—Negocios sucios, serán porque no hay nadie en el mundo que haga tal cantidad de cuartos por lo legal -dice Fernández, entre bocado y bocado a su tostada.
—Yo lo que no me explico es como los del PP, que dicen que no sabían nada del embrollo, no se sienten estafados y no se querellan contra él. Y si la caja negra era suya, razón de más.
—Que inocente eres, Cacaseno. Ahí está pringado hasta el apuntador, han recibido perras desde siempre, con sobres o sin sobres y cuando saltó la liebre tuvieron que hacer lo del despido con indemnización en diferido. Que también vaya papelón el de aquella mujer, se cubrió de ridículo para los restos.
—Eso es lo de menos, Mateo, las tragaderas van en el sueldo, ya ves lo de la Mato, que no atinaba a ver los coches que tenía en el garaje ni quien pagaba las fiestas de los chiquillos. Y tan tranquila, con los demás frescos arropándola. Y no sigo con la infanta por no hacer la historia interminable, ¿no, Fernández?
-Sí, mejor que no sigas, por eso están como están los partidos, por eso les hemos perdido la confianza y por eso se augura un fracaso electoral para unos y para otros, porque no me digáis que lo de Andalucía no tiene guasa, se van a pasar el año votando, como los catalanes. A ver si espabilamos, ateneros a lo que dijo el tío Bamboso el otro día en este mismo blog.
—Lo malo de eso nos es que voten más o menos, es que mientras los políticos están pendientes de las campañas para asegurarse su modus vivendi, el barco funciona con el piloto automático y no sabemos a donde vamos a parar.
—Si lo sabemos, Mateo, a hacer puñetas.
Juan de la Cirila, que no es de muchas críticas, algo compungido, dio el último sorbo a su cortado antes de levantarse.
—Con Dios, señores. Hasta mañana.




martes, 24 de febrero de 2015

TERTULIANOS Y ELECCIONES

Los vientos de elecciones han llegado a la tertulia con el tiempo desapacible de borrascas que cada noche nos anuncia la tele. Los políticos aprestan sus armas, bizman las heridas de los últimos casos de corrupción y se aprestan a lanzarse a la arena, unos para morir matando, otros con la pretensión de colocar sobre sus sienes por primera vez la corona de laurel.
—Llegó la hora de expresarnos democráticamente y mandar a estos indeseables a donde les corresponde estar: en la cárcel o en el olvido -arranca el Cacaseno que viene caliente de escuchar a uno de sus líderes en la tertulia mañanera.
—Ya estamos con las generalizaciones, tú a lo mismo, cortar cabezas y tabla rasa, responde Juan de la Cirila.
—Es que los de siempre parece que están muertos, se han quedado obsoletos, unos y otros, siguen enviándonos los mismos mensajes de toda la vida: que si los corruptos no son de su partido, que son casos aislados, unos sinvergüenzas que pasaban por allí…
—Y se quedaron treinta años llenándose los bolsillos y llenándoselos a los demás para que callaran…
—Que si van a hacer una ley de transparencia..
—A buenas horas, mangas verdes
—Que si los malos son los otros…
—En eso ultimo si te doy la razón –irrumpe Mateo en el dialogo- estoy harto de que los unos me hablen de lo malos que son los otros y de las chapuzas que han hecho. Deben creer que somos tontos de más. Yo quiero que me presenten un programa serio…
—Para luego no cumplirlo
—Esa es otra, Cacaseno, en nosotros está saber a cual hemos de creer y cual nos ha defraudado. Iba a decir que por eso me gusta el muchachico ese catalán, que no se mete ni con unos ni con otros y habla solo de lo que su partido quiere hacer. Me parece más prudente y más elegante que los otros emergentes, aunque tampoco me fío, parece que son algo opacos.
—Pues yo creo que no es momento de aventuras, tal y como está el patio, con los millones de parados que hay, los separatistas dando guerra y los griegos a punto de tomar las de Villadiego.

—Juan, no me vengas con lo de la estabilidad, que los tuyos ya no tienen imaginación para recurrir más que al miedo. Que sepas que la gente ya lo ha perdido y que se va dando cuenta de que se ha convertido en un partido, carca, corrupto y en descomposición.
—¡Pos anda que el coletas!
—El fenómeno coletas se ha producido por culpa de los vuestros, de los tuyos y de los de enfrente, que habéis dado lugar a esta situación. El vapor de una olla cerrada, tiene que salir por algún sitio.
—Haya calma, muchachos, recuperemos nuestro espíritu ecuánime y democrático.
—No te pongas fino, Fernández, que cuando empiezas así es para soltar alguna de las tuyas ¿a que sí, Mateo?
—A mi no me metáis en líos que me sienta mal el carajillo. Yo lo que digo es que si los dos grandes partidos siguen empeñados en mantener campañas del mismo corte que siempre, con mensajes obsoletos, tirando piedras al aire cuando ambos tienen el techo de cristal, mal asunto. Los votantes ya somos mayores de edad, sabemos quién ha hecho las cosas mal, y ahora lo que necesitamos son mensajes de futuro que nos ilusionen después de la mala época que hemos pasado y que vamos a seguir pasando. Se les está escapando el agua entre los dedos de la mano abierta.




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