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martes, 1 de agosto de 2023

LA RESACA ELECTORAL

El Cacaseno se había adelantado para coger el periódico. Es de los que parece que más que leerlo se lo estudian.

—¿Que miras con tanto afán?, dice María “La Tutuvía” acercándose a la mesa mientras le hace una seña a la amable camarera para que le sirva “lo suyo”.

—Na, siempre lo mismo: la fiscalía le pide 13 años al expresidente Pedro Antonio Sánchez y 11 a Valcárcel. A buenas horas mangas verdes, la corrupción andando y la gente votando a los corruptos. Ahora recursos, dilaciones indebidas y trucos legales. Si alguna vez van al trullo ya no me va a dar tiempo de verlo.

—Nada de trucos, Cacaseno —dice el tío Juan de la Cirila que acaba de llegar con Fernández—, son maniobras perfectamente legales que preservan el principio de la presunción de inocencia vigente en cualquier país democrático.

—¡Anda leches, ahora me sale éste legalista!

—Ni legalista ni ná, ¿no queremos democracia y derechos, pues ahí los tienes. ¿A que sí, Fernández?

—Desde luego, pero con matices. Una justicia lenta acaba siendo inoperante y poco ejemplificadora.

—Y que no sirve pa ná. Mira el del flequillo, siete años dándose la gran vida en Bruselas riéndose de las euroórdenes. Y ahora resulta que tiene la llave para que bailemos todos al son que toque. Y el del caballo aplaudiendo y queriendo incendiar Cataluña.

—No exageres, Cacaseno, se han cumplido los procedimientos, y las normas europeas son las que son. Otra cosa es que las circunstancias hayan puesto las cosas de esa forma.

—Eso, más gobiernos Frankenstein.

—Pues que sepas, Juan, que los gobiernos Frankenstein como tú les llamas, son los que vamos a tener en el futuro. Son el reflejo de lo que es verdaderamente este país: múltiple y variopinto, donde han de caber todas las ideas. Se acabaron las mayorías absolutas, los políticos, de uno y otro signo tendrán que acostumbrarse a pactos y consensos, para eso les pagamos, para que hagan bien su trabajo, nos representen a todos con nuestras diferencias y respeten todas las ideas, siempre que estén dentro de la Constitución que nos ampara.

—Bien dicho, Fernández, y el que no tanga con quien pactar, que se lo haga mirar, señal de que no va por buen camino. La soledad del manager en el verano azul. Y con el aliento de la otra en el cogote.

—Si lo decís por los míos, sí que tienen con quien pactar, la prueba es que ya dominan 12 Comunidades Autónomas. Y con las competencias que tienen, son las que verdaderamente van a gobernar. El gobierno central ya puede dictar leyes que si las Comunidades Autónomas no las cumplen, tururú.

—Eso, a ver si volvemos al yugo y las flechas de los Reyes Católicos, Juan, y a la una grande y libre. El machismo no existe, el cambio climático tampoco y la cultura es un mal que hay que erradicar, ¿no te parece un disparate, María?

—Bien dicho, Cacaseno. Cuando oigo estas cosas, me pongo mala, no sé ni cómo hablo contigo, Juan. Si no fuera porque te conozco desde que eras un chiquillo… no sé quién te han podido meter esas ideas en la cabeza. No hay cosa más tonta que un obrero de derechas. Tú que has estado explotado en el campo por señoritos y caciques, ¿quieres que vuelvan esos tiempos? ¿Qué te suban la pensión un 0,25% como en los tiempos de Rajoy y no un 8,5 % como este año, subida por cierto a la que se opusieron los tuyos en los Presupuestos Generales? ¿Qué le pongan un impuesto al sol y no te dejen colocar placas solares como las que ahora tienes para estar bien fresquito en estos días infernales?

—Coñe, María, como te has empoderado…

—Esa suerte tenemos las mujeres hoy día. Y lo que nos falta.

 

 

 

martes, 25 de julio de 2023

¡GANAMOS LAS ELECCIONES!

Dijo el tío Juan de la Cirila, que llegaba el último al desayuno. Los demás se habían adelantado, con la resaca de una fecha de nervios y de los muchos comentarios alrededor de los varios colegios electorales en un día de calor sahariano.

—¡Y nosotros también! —saltó el Cacaseno.

—Las elecciones las gana todo el mundo —dijo Fernández—, nadie se resigna a ser catalogado de perdedor y las cifras se retuercen como limones hasta que quedan exhaustas.

—Menos Sumar, que ni sube ni baja porque es la primera vez que se presenta. Nosotras sí hemos ganado.

—Tienes razón, María, pero vuestras expectativas eran más altas. Tu jefa y sus equipos se han reventado haciendo campaña.

—Desde luego Fernández, hubiéramos querido quedar los terceros en vez de los cuartos, pero los resultados son los que son y la gente vota lo que vota. Vox ha perdido 19 escaños y eso sí que no puede catalogarse de triunfo, no les hemos adelantado por un pelo.

—Lo que sí puede catalogarse de triunfo, “Tutuvía”, son los 47 que sube el PP, eso no me lo puedes negar.

—Desde luego, Juan, como no te niego mi perplejidad. Que suba de esa forma un partido a cuyo líder hemos visto navegando con narcotraficantes durante años, mintiendo con la mayor desfachatez ante las cámaras sin que se le mueva un cabello cuando se lo afean, y metiendo en sus gobiernos locales con calzador a miembros de un partido retrogrado que lo lleva por el ronzal, me deja con la boca abierta. ¿Eso es un partido de derecha europeo?

El tío Juan de la Cirila guarda un prudente silencio.

—La mejor noticia es que la izquierda, de una vez por todas, se haya unido a pesar de las relaciones tóxicas que ha tenido que ir extirpando.

—Ahí le has dado, Cacaseno, ese ha sido el triunfo de estas elecciones, ¿no, Fernández?

—Sí, María, ese y el que el PSOE haya resistido a la campaña de acoso y derribo del PP, a pesar de la buena gestión que ha hecho con la pandemia, la guerra de Ucrania y las demás desdichas a que se ha enfrentado entre las que no es menor una oposición desde el minuto cero de su mandato, inmisericorde y dañina. Y que nos subiera las pensiones un 8,5%, que quitara el impuesto al sol y tantas otras cosas, no lo olvidemos.

—Pero no me negarás que el debate con mi jefe lo perdió de todas todas.

—No te lo niego, Juan. A mí, un energúmeno que vocifera y miente, también me gana. A lo mejor si tu jefe se hubiera presentado al debate a cuatro no hubiera sido lo mismo, pero se arrugó.

—Pues Sánchez debía haber ido más preparado, que tiempo tuvo. Son estrategas electorales, y mira si le han dado resultado a Feijóo.

—Eso es lo triste, que frente a esas estrategias se olviden las muchas leyes progresistas aprobadas con arduas negociaciones y pactos. Lo penoso, y eso ya no tiene remedio hasta las próximas elecciones, es que en muchas comunidades autónomas está VOX recortando derechos a troche y moche, especialmente a las mujeres.

—Muy de acuerdo, María, pero mi pregunta es: ¿cómo es posible que, a estas alturas de la película, con lo que hemos vivido los que ya tenemos una edad, muchos de nuestros colegas voten a partidos que pretenden volver a aquellos tiempos de oscurantismo, de falta de libertades, de machismo estúpido, de negacionismos medioambiental y de censura indiscriminada, de fascismo, en definitiva?

—Para eso, Fernández, tengo más lagrimas que respuestas.

 

miércoles, 28 de junio de 2023

YOLANDA SUMA

Hoy se nos adelantó “La Tutuvía”. Cuando llegamos al bar del Hogar del pensionista, ya había terminado de leer el periódico local (la hoja dominical, le llama ella) y estaba enredada con el sudoku.

—¿No has llevado los chiquillos al cole?

—Anoche les tocaba dormir en casa del padre y me imagino que los habrá llevado él, aunque ese tipo…

María y su ex yerno no se llevan demasiado bien, así es que Fernández, el diplomático, imprime otro rumbo a la conversación.

—¿Y qué hay de nuevo en la política?

—Eso éste, que seguro estuvo ayer en lo de Yolanda —dice María señalando al Cacaseno.

—Pues sí señor, estuve en el Templete del Cuartel de Artillería y tengo que decir que no cabía un alfiler.

—Menos lobos, Caperucita —salta Juan de la Cirila— allí caben cuatro gatos.

—Pues que sepas que habían más de ciento cincuenta personas y fue un acto precioso y emotivo. Toda la izquierda de Murcia y pedanías a una. Unidos por primera vez en la historia. Algo insólito que vimos hecho realidad.

—En el PP eso no es ninguna novedad, llevamos unidos desde hace mucho.

—Pues ahora os ha salido el ala derecha respondona y os ha sacado de los raíles. Tú que presumías de pertenecer a un partido de centro derecha europeo, ahora resulta que a tu jefe lo llevan del morro los del águila imperial que nos quieren volver a los tiempos del fascio de Mussolini.

—Y menudo retroceso para las mujeres y las libertades de los colectivos con los que ellos no comulgan —tercia María.

—Ojo, no me confundáis con Vox, yo estoy muy lejos de sus postulados, en eso coincido con vosotros.

—Entonces, no me negarás que lo que está haciendo tu jefe de filas va contra la esencia del PP que tú siempre has defendido.

—Yo estaba con María Guardiola, la extremeña.

—¿La que decía “No puedo dejar entrar en mi gobierno a los que niegan la violencia machista y si hay que ir a elecciones, ¿se va” y ahora se la ha envainado con la mayor naturalidad y donde dijo digo dice Diego? Pues vaya una gente de palabra.

—Hombre en política, ya se sabe…

—No, tío Juan, en política, como en cualquier otro asunto hay cuestiones que se llaman dignidad y principios que en este momento están en serio peligro de desaparecer, gracias a los que sustentan a “ese partido del que usted me habla”, carca y retrogrado hasta decir basta. Si no fuera porque es un disparate, te diría que el único efecto positivo que ha tenido su aparición es que, gracias a una señora con un par, ha logrado que toda la izquierda se una. Ella sabrá lo que le ha costado, porque…

—Vamos a dejar eso, Cacaseno, lo pasado pasado está, ahora mirar hacia el futuro, a ver si aprendemos de una vez que ir cada uno por su cuenta no sirve más que para atomizar el voto y que por la puñetera ley del Dont ese, la mitad de los votos se vayan por el sumidero.

—Tienes razón, María, vamos a dejarnos de leches de pava y a arropar a Yolanda, que es lo mejor que nos ha pasado en los últimos tiempos.

Juan de la Cirila se levanta con la poca rapidez que le permiten las maltrechas articulaciones, requiere el bastón y se dirige a la salida cariacontecido. Ya en la puerta se gira:

—Lo que es menester es que de estas próximas elecciones salga lo mejor para todos.

—Sí, tío Juan, un gobierno progresista que sea capaz de igualar, y en su caso mejorar, al que hemos tenido en estos últimos años.

 

                                      Antonio Campillo, futuro senador por Murcia
 

 

miércoles, 7 de junio de 2023

De visita a la ciudad

 

Hace tiempo que no voy a la ciudad. No es sitio de mi gusto. La gente vive en palomares, unos encima de otros. El terreno es caro y se hacen las viviendas hacia arriba en vez de en horizontal. Son escasos los arboles frondosos, las plazas se han convertido en espacios hueros de verdor que se han sustituido por terrazas donde los ciudadanos acuden a disfrutar de un refrigerio y del escaso aire limpio que queda. Los pocos animales que se ven son “mascotas” atrailladas y con frecuencia provistas de atuendos ridículos. A los animales les está vedado vagar libremente. Las gentes caminan presurosas, como si fuera el día del fin del mundo.

Decido, a pesar de todo, ir a la ciudad. Tengo una buena excusa: la presentación del libro de un amigo en el que se sacude el polvo de los zapatos. Se compone de una serie de artículos publicados en un diario de la localidad a lo largo de tres años y lo presenta el director de ese periódico que no se deja arrinconar por la reciente jubilación. Procuro no llegar tarde a ningún sitio, me tomo el tiempo necesario para acudir al “evento” y decido viajar en tranvía, atemorizado por las dificultades de aparcamiento. La tarde es templada y agradable, ha llovido —de forma siempre insuficiente—, eso basta para que los arboles reverdezcan y la gente se lance a la calle que hierve de bullicio. El paseo desde el tranvía al centro es una marea cantarina de transeúnte que discurren —hoy sí— de forma mesurada, quizás esta sea la mejor obra de la alcaldía anterior que sigue el criterio de las más modernas ciudades europeas: peatonalizar el centro de la villa alejando los coches. Lástima que las calles de Trapería y Platería no estén en su mejor momento. El comercio tradicional ha sido fagocitado por las grandes superficies y las tiendas de antaño se han visto en la necesidad de fraccionarse en pequeños cubículos que sobreviven difícilmente a base de productos novedosos de vida efímera. El paisaje cambia con frecuencia y me entretengo a cada nueva visita explorando las novedades de un comercio en permanente cambio.

Me detengo en Drexco y pido un asiático. Es bebida típica de Cartagena, más concretamente del Albujon, donde nació el invento, en el Bar Pedrín, en los tiempos en que la carretera discurría junto a su puerta y el local era parada obligatoria para cualquiera que hiciera el camino en una u otra dirección. El asiático del Drexco está bueno, aunque no lo sirvan como el genuino, con sus tres o cuatro capas de componentes claramente diferenciados. Nada es como antes, tampoco el Drexco estuvo siempre ahí. Lo recuerdo en su lugar originario, más arriba, en dirección a la Catedral, con sus camareros de blancos mandiles y los dos orondos hermanos de ojo atento controlando a la clientela.

La tarde y el buen sabor del asiático invitan al paseo relajado y aprovecho la tempranera para dar un paseo por la Platería hasta la Plaza de las Flores y de allí, pasando por la Calle del Pilar, hasta la vecindad de la iglesia de san Antolín, donde según noticias fidedignas fui bautizado en los años posteriores a la guerra una vez reconstruida la iglesia que había sido reducida a un montón de cascotes. La calle del Pilar siempre me pareció un espacio mágico, con una vida y un paisanaje bien diferente del de las Cuatro Esquinas que fue el asiento de mi niñez. La pajarería, que aún existe, era un toque exótico y variopinto en una Murcia provinciana y monótona. Aquellos paseos me parecían prodigiosas aventuras.

Dudo si escoger para el refrigerio el Guinea o Luis de la Viuda, un poco más lejos. Escojo este último reservando el Guinea para ágapes de mayor consistencia. No me atrevo con el vermut por traicionero y opto por el vino negro y áspero de la tierra ayudado con una anchoa a caballo sobre cebolla en vinagre, la pareja me trae a la memoria lejanas barrabasadas de estudiante. Paréceme que he vuelto a aquellos tiempos y con el corazón más alegre deshago lo andado para sumergirme en el mundo de las letras, se va acercando la hora.

La presentación es en un elegante espacio vecino a la catedral. La sala es espaciosa, quizás demasiado para el público que los eventos literarios atraen. Dicen los que saben que mejor una sala pequeña que se llene a rebosar. Sea como fuere, el acto es brillante. El periodista que la dirige tiene tablas y las emplea con habilidad, la presentación es larga, prolija pero no hasta el punto de hacerse cargante. Montiel tiene un discurso desenfadado y ameno. Domina la situación con soltura. El autor solo tiene de adusto el gesto, es hombre afable, educado y a juzgar por su obra, de una fecundidad floreciente. Lo descubrí en el Imperio de Yegorov y me hice con casi todo el resto de sus obras. Aunque lamento no ser adicto a la prensa diaria, celebro la circunstancia de que los artículos publicados en el periódico vean la luz ahora en forma de libro.

En el tranvía que me devuelve al retiro campesino, aprovecho para echarle un vistazo a la obra, editada por Menoscuarto de Palencia, y a la dedicatoria del autor que tanto agradezco.

Se trata de un diario que abarca el periodo 2018-2020 que comienza, curiosamente, con una referencia a Marrakech, la ciudad de un país —con Mauritania y Senegal—por los que he viajado a lo largo de muchos años. Las casualidades forman parte de las circunstancias más agradables de la vida. Más adelante, el autor relata peripecias diarias de su trabajo de funcionario con otras referidas a viajes por diversos lugares de este país y de otros, sus encuentros literarios con personajes de relevancia, habla con soltura de música, de gastronomía sencilla y popular, de cine y de un sinfín de temas que hacen del libro una lectura amena, divertida e instructiva, además de un referente de personajes murcianos que ha dejado fijados para siempre.

Se escuda Moyano en la necesidad de cumplir un compromiso periodístico para encadenarse a escribir. Sospecho que no se ajusta por completo a la verdad: de sus líneas se desprende una fluidez literaria tan natural que parece constituir su manera de ser.

Moyano en estado puro.

Ha sido una tarde provechosa.

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