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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 24 de abril de 2012

SEÑOR PRESIDENTE (II)

Tengo por cierto, Sr. Presidente, que habrá Ud. leído mi primera (ver entrada de este blog correspondiente al martes 28.02.2012: SEÑOR PRESIDENTE) con la atención que se merece y que, me consta, suele conceder a los asuntos de importancia. No soy yo de los que creen que sus habituales silencios en temas de capital relevancia respondan a ese mal entendido galleguismo del laissez faire, laissez passer que los malintencionados le atribuyen. Muy al contrario, creo que son producto del carácter meditativo y discreto de que, afortunadamente, está Ud. bien dotado.
El motivo de la presente es comunicarle -por si hubiera quedado inquieto o desasosegado debido a las razones que le exponía en mi anterior-, que he hallado la solución a buena parte de los males que nos afligen en estos delicados momentos. Y puesto que el destino en forma de urnas le ha puesto a Ud. al timón de la patria, se los brindo con el desinterés que caracteriza a un buen patriota.
En otra entrada de este blog (cuya lectura le recomiendo encarecidamente) ya enumeraba, con mi perspicacia habitual, los elementos a conjugar para acabar con la dichosa crisis. (ver entrada correspondiente al 30.12.2010, VENTUROSO 2011). Ahora abundo en la misma dirección recomendándole la atenta lectura del anuncio que aparece en un periódico de mi localidad estos últimos días. En él encontrará Ud. un remedio para cada una de las desdichas que nos afligen en la actualidad:
Para causas perdidas y asuntos desesperados: encomendarse a San judas Tadeo.
Para grandes milagros, no hay como San Vicente Ferrer.
Para enfermedades de garganta: San Blas.
San Isidro proporciona buenas cosechas, que falta nos hacen, y San Felipe Neri puede resultarle eficaz remedio contra la depresión, cuya afilada garra estoy seguro debe acecharle en algunas ocasiones.
En caso de que decida Ud. atacar el drama del paro que amenaza con sumir a una gran parte de este país en la más negra desesperación, nada tan fácil como encomendarse a San Pancracio, cuya influencia en el sector es bien conocida por cualquiera que haya visitado ciertos locales que abundan al borde de las carreteras de nuestro país. Más si, oportunamente dispuesto en cualquier repisilla de su despacho, le coloca Ud. o alguno de sus ayudantes, con frecuencia semanal, un ramito de perejil. Le garantizo que es mano de santo.
Santa Ana, patrona de las embarazadas, puede ayudarle en el asunto de la modificación de la ley del aborto y aminorar los disparates de la “violencia estructural” del Sr. Ruiz Gallardón; y San Antonio de Padua (especialista en la búsqueda de objetos perdidos) le resultará eficaz ayuda para encontrar el rumbo (hoy perdido) de la nave que pilota. Puede quitarse el problemón de la hipotecas ninja, recomendando a los sufrientes que se coloquen bajo el mando protector de San Onofre, que se dedica a proporcionar casa propia.
En mi tierra, estamos acostumbrados desde hace muchos años a sufrir inclemencias políticas y sequías pertinaces. A las primeras no hemos podido todavía encontrar remedio, pero contra las segundas hemos luchado (y triunfado) en numerosas ocasiones con las rogativas de nuestra patrona y la intercesión de S. Elías, santo hidráulico y muy milagrero. Ya ve, Sr. Presidente, que todo tiene solución en esta vida, y que encomendándose a las alturas de forma conveniente, podremos salir adelante. Con lo demás, es cuestión de seguir recortando a troche-moche hasta que no quede ni el famoso Tato.
Por mi parte, con la que está cayendo y temiendo que pueda venir más gorda todavía, me coloco bajo la égida protectora de Santa Bárbara, eficaz remedio contra las tormentas, como de todos es sabido.
Mis saludos respetuosos, señor Presidente.

martes, 17 de abril de 2012

DE REYES Y ELEFANTES

                                                                                                                                                                                                                                                       
Con el debido respeto, Majestad, me permito dirigirle la presente a fin de expresarle mis mejores deseos para su persona y Casa Real, y desearle una pronta recuperación en el doloroso trance a que lo ha abocado su afición cinegético-proboscidica.
He oído decir (a las malas lenguas) que ese viaje, secreto y financiado por no se sabe qué oscuras fuentes o institutos ni con qué tenebrosos intereses, ha sido una insensatez impropia de una monarquía transparente como la que disfrutamos, y de unos tiempos en que a los ciudadanos de a pie se nos retiran, no ya diversiones y escarceos, sino las más imprescindibles prestaciones para sanidad, dependencia, educación, vivienda etc.
Y quiero comunicarle mi absoluta discrepancia con los que así opinan alegremente, sin pararse a considerar el arduo trabajo que a la abnegada monarquía encomendamos en la Constitución de 1978. No saben, o no quieren saber esos tales (de lenguas bífidas y maledicentes), el trabajo incansable y el peso que sobre sus reales espaldas gravita de forma permanente, (quizás porque SM. lo lleva de forma tan elegante y paso firme que más parece áleve plumón de garza pinturera que agotador peñasco sisifiano y recurrente), ni los onerosos dispendios en viajes, palacios, veraneos y regatas, a los que la monarquía se encuentra abocada y que mantienen sus arcas exhaustas en contra de la opinión de esos malintencionados que le atribuyen, sin más fundamento que taimados rumores, una de las mayores fortunas de este país llamado (no sabemos por cuanto tiempo todavía) España.
¡Qué menos que regalarse, de vez en cuando, con una discreta salida para propiciar el turismo en alguno de esos países del tercer o cuarto mundo que tanto lo necesitan! Y una vez en él, ¿habrá cosa más lógica que matar unos cuantos elefantes de los que allí sobran, con cuya carne regalar a unas gentes siempre hambrientas y prestas a la revuelta? O ¿que quieren, que se dedique SM. a la caza de vulgares pardalillos? ¡Insensatos! Yo encuentro la actitud de SM. de lo más natural, hasta diría que encomiable.
¿Que el viaje era secreto?, ¿Que quien lo acompañaba y por qué? ¿Que valía una pasta? ¿Que los revoltosos ecologistas pondrán el grito en el cielo? ¿Y qué? Bien merecido  lo tiene SM. después de  las extenuantes obligaciones que lo tiene sometido el desempeño de sus  reales tareas. Todos le hemos visto en interminables reuniones, comidas y cenas de gala, vestido de incomodos uniformes medalleros, dándole coba a personajes con aspecto de ser muy pesados, teniendo que pronunciar esos farragosos discursos para los que, afortunadamente, tan bien dotado está. Sabemos de primera mano lo difícil que le resulta conciliar el descanso al pensar en los muchos jóvenes que se han quedado sin trabajo (y en los que se van a quedar). Estoy seguro de que en ese lejano país de África, después de una buena cacería y unas copichuelas para celebrarla, recuperará SM. el dulce sueño reparador y obtendrá un merecido descanso, como sin duda le ha recomendado su médico de la Seguridad Social en vez de recetarle cualquier barbitúrico para pensionistas, de los llamados genéricos.
Eso sí, me atrevería a recomendar a SM. que se cuide de las armas de fuego, largas y cortas, como de los idus de Marzo. Y no digo más sobre este tema, que ni mi habitual prudencia lo permite, ni la conocida perspicacia y memoria de SM. lo requieren. Y al chiquillo escopetero, ni nombrarlo, que se las carga el demonio. 
Deseando verle cuanto antes de nuevo al frente de sus ocupaciones, aprovecho la ocasión para saludarle, junto a lo que quede a esas alturas de la real familia, muy atentamente.
                                                                    
                                                                                                                                                                                  
                    ¿Reacción en cadena?

lunes, 9 de abril de 2012

UN SAN JUAN ZURDO

En mi pueblo se vive la semana santa, como en muchos de la región, con una mezcla de fervor religioso, tradición, pinceladas folklóricas, y muchas ganas de fiesta; cada uno se los administra en la proporción que considera más oportuna. Quizás ahí radique el éxito de nuestras famosas procesiones: unas están llenas de recogimiento, oración y silencio; otras de arte imaginero; las de más allá de juguesca bullanguera y colorista; muchas de caramelos, monas con huevo y habas; y todas de una tradición de años (a veces siglos) que parece haberlas asentado per in saecula saeculorum. Cada uno de los que van a presenciar los desfiles juega, con toda la libertad de que hoy gozamos, al palo que más se adapta a sus creencias y gustos.
Es condición de todas sacar en ”desfile procesional” a las representaciones de santos y divinidades que en cada parroquia existen, las unas más afamadas y meritorias, de autores consagrados, las otras más discretas de artesanos poco o nada conocidos, algunas francamente horrorosas y sangrientas.
Las procesiones de mi pueblo son poco más o menos como las de otros lugares, en ellas figuran algunas tallas conocidas, esperadas con expectación, caso de “la cama” (un cristo yacente de hermosa factura dentro de una urna profusamente adornada con “alarises”), y otras que cumplen su cometido con mayor discreción, aunque suscitando el mismo empeño y devoción de sus fieles. Sobresaliendo entre estas últimas, se encuentra una de San Juan que tiene cierta peculiaridad: sabido es que en los tiempos bíblicos, el porcentaje de diestros era notablemente superior al de zurdos y había muy pocas personas que supieran escribir con la mano izquierda. Cuando se quería representar algún santo en actitud de trabajo o prédica (que solía ser el suyo), se hacía siempre con la mano derecha, incluido el caso de San Juan, al que se suele presentar con un dedo señalando las alturas (de ahí el conocido dicho de “hasta que San Juan baje el dedo” cuando se quiere dilatar alguna cosa ad calendas graecas). Pues bien, el San Juan de mi pueblo, una talla más que discreta (restaurada con poco acierto para más INRI), a diferencia de toda la imaginería conocida, mantiene erguido y señalando al cielo el brazo izquierdo (quizás recomendándolo como lugar de accésit y objetivo final del devoto, o señalando a María el camino a recorrer, aseguran otros), lo que podrá apreciar con claridad el que llegare, paciente, hasta el final de este escrito.
¿Y a qué se debe este hecho peculiar? Se preguntará más de uno de mis sufridos lectores. Ahí ya tengo poca cosa que añadir, pues no he encontrado otra cosa en mis archivos que rumores, habladurías y consejas sobre tan enigmático caso.
Que si se fabricó en época republicana por un artífice de esa cuerda; que si el tallista erró el brazo derecho y prefirió subirle el otro; que si el hombre estaba fuera de sus cabales y quiso hacer burla de la imaginería anterior… Ya digo, rumores y consejas, pero ahí está el San Juan de mi pueblo, con su brazo izquierdo señalando las virtuosas alturas.

Helo:

Se me habia olvidado. La fotografía de "La cama" es de Ismael Mateo. A cada santo, su peana.




miércoles, 4 de abril de 2012

LOS SALZILLOS

Uno tuvo infancia, como casi todo el mundo, y pasó por los mismos cauces que los niños de su edad y condición pasaban en aquella Murcia ignorante y plácida de mitad del siglo pasado. Uno fue, como algunos de sus amigos y compañeros de colegio, mayordomo de la Cofradía de Jesús y desfiló, durante muchos años, con sus zapatillas blancas de cabritilla hechas a medida, chorreras de puntillas y báculo en ristre, la mañana del Viernes Santo, ejerciendo la infantil ficción de mantener el orden de la procesión. Luego las cosas cambiaron, uno se hizo adulto y arrancó a pensar por su cuenta, adoptó otros pagos, otras costumbres y otras creencias, pero como todas las cosas de la infancia, quedaron impresos en el corazón para siempre el canto de los Auroros ante la iglesia de Jesús, los amaneceres del Viernes Santo, el bullir de las túnicas moradas y las medias de repizco, los pies descalzos de anónimos juanetes, la salida de la Dolorosa con los primeros rayos de sol y los churros con chocolate de la Aduana.
Por encima del fenómeno religioso, quedó el amor a las cosas de la tierra, el olor del azahar en primavera, las migas en los días lluviosos del invierno, el calor inclemente del verano y el acento sincopado, de vocales largas e indefinidas del habla murciana. ¡Cosas de la naturaleza humana!
Y ahora resulta que el Obispado de Cartagena con D. José Manuel Lorca Planes a la cabeza, y la Cofradía de Jesús, con D. Rafael Cebrián a la suya, andan a la greña por la propiedad de las bellísimas estatuas del taller de Salzillo. Según manifiesta el señor Soubrier, don Federico, expulsado de la cofradía [a decir de La Opinión de Murcia de 2011.10.26], hace años, esos bienes fueron donados a la Cofradía por familias pudientes de la localidad entre las que se contaba la suya, por lo que, en caso de litigio, podrían ser reclamados por los descendientes de aquellos si los hubiere. Y si no, la sociedad murciana en su conjunto.
Cuesta trabajo imaginar a una organización generosa y desprendida como la Iglesia Católica metiendo baza en asunto tan material. No se entiende esa avidez por los bienes terrenos en quienes predican con tanto ahínco el desprendimiento de lo perecedero. Si quien mantiene el Museo de Salzillo es la Comunidad Autónoma (al fin y al cabo los murcianos), por más que no muestre demasiada diligencia en los pagos según manifestaciones del tesorero de la Cofradía Sr. Moya-Angeler, sorprende que el Obispado de Cartagena (al fin y al cabo la Iglesia Católica) quiera lucrarse de un bien cuyo mantenimiento y sustento cede tan generosamente a la comunidad civil.
Uno que ya no está en el ajo, pero que continúa manteniéndose murciano probablemente hasta sus postrimerías, siente su poquito de vergüenza cuando ve estas “movidas” y piensa para su íntimo caletre que todos esos bienes culturales, sean de índole religiosa o de cualquiera otra, deben pertenecer al Estado, que en definitiva es el pueblo. Como las catedrales y otros asuntos por el estilo.
Dicho todo esto sin ánimo de ofender a nadie y menos a cualquier iglesia ni dios alguno.
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