GABINO Y LAS MONJITAS
Su
padre consideró conveniente depositar, en una primera
instancia, la responsabilidad de su buena educación en las sabias y bondadosas
manos de las monjitas del Carmelo. Aquel colegio aún sobrevive convertido, por
el paso del tiempo, en Mayor. Gabino llegaba cada mañana –unas veces más
puntual y la mayoría menos- a una de las dos colas que se formaban a la puerta.
Se habilitaba una para niños y otra para niñas. Llegado su turno, restregaba
rápidamente las narices en el largo y negro escapulario de la hermana portera,
(que presentaba un sólido y añejo reguero de mocos infantiles), y entraba sin
demasiada premura al gran patio desde donde se accedía a las aulas.


Una maravilla el haberte hallado que la vida te siga dando besos
ResponderEliminarGracias, y a ti también.
EliminarPor suerte mi padre decidió que la educación de las monjas hacía a las niñas mojigatas.
ResponderEliminarTu padre, además de buen pintor, era una excelente persona, y encima listo.
ResponderEliminar