Cuatro años a nuestra edad son
muchos años, tantos que en cada periodo electoral uno piensa, inevitablemente,
si será la última ocasión en que pueda participar. Cuando se avecinan
elecciones, aunque sean europeas, la tertulia del Hogar del Pensionista se pone
que arde.
–Tanto que hemos peleado para
poder votar y ahora se me han quitado las ganas, dice el Cacaseno, siempre
ácrata. No tengo ganas de dar mi voto, que es lo único que tengo, a ninguno de
esta pandilla de flojos aprovechados que solo quieren tocar teta europea para
poder exprimirla.
–Pero hombre, tío Cacaseno
–tercia Fernández- la única forma de hacernos visibles, en democracia, es
participando, manifestando nuestra postura, haciendo que se nos oiga.
–Mira que eres infeliz, Fernández,
a estas alturas aún no te has dado cuenta de que se ríen de ti y de tu voto.
¿Sabes a lo único que colaboras con él? Pues a que les den el dinero
correspondiente al partido que votes. Por cada voto, perras son, como en San
Antón. ¿Para qué sirven los programas electorales de unos y otros? ¿Has visto a
alguno que los cumpla una vez que se han alzado con el mochuelo? Lo que hacen
es lo mismo que hacíamos nosotros de mozos, prometer hasta meter y una vez que
se ha metido, olvidar lo prometido.
–Como va a ser eso así, -dice el
tío Juan de la Cirila que cojea del pié derecho- gana el que tiene que ganar,
la mayoría moderada, los que no queremos desordenes ni algaradas callejeras,
los que queremos que nos gobiernen como Dios manda. Yo sí que pienso votar, y
ya sabéis a quien.
Lo de las algaradas nos ha dejado
fuera de juego, así es que, porque haya paz, rebajamos el tono de la
conversación, que nos estaba subiendo el colesterol.
–Bueno, pues yo pienso votar
cuando me toque, aunque sea en blanco, pero votar, voto.
–Pues mira lo que te digo,
Cacaseno, he defendido a capa y espada esa opción, porque me parece que es una
ocasión sagrada de manifestarme como ciudadano de pleno derecho e indicar que
no me gustan ni unos ni otros, pero tal como están las cosas, estoy planteándome
seriamente no acudir a votar.
–Yo prefiero antes que eso, poner
en mi papeleta “chorisossssss”.
–Pues que sepas que eso es un
voto nulo y de tu “chorisosssssss” no se va a enterar nadie. Mejor dejar las
urnas desiertas, como recomendaba Saramago. Que se gobiernen a sí mismos,
nosotros ya nos apañaremos. Volvamos a la época de la guerra contra los
franceses en la que cada alcalde decidía como si fuera el jefe de la nación.
–¡Leches!, pues estamos
atrapados.
–Ya te digo.
Pues sí, Mariano, las urnas deberían quedar sin una sola papeleta. Claro, que la explicación inmediata sería que hemos provocado una algarada, que somos unos antidemócratas (esto lo dirían con la boca bien abierta la panda neofascista que nos tiene acojonaos con sus famosas, inútiles y retrógradas soluciones a la famosa "crisis"), que es una oportunidad perdida... etc. No, no sería ni revolucionario, ni antidemócrata, ni se perderían oportunidades. Quienes únicamente perderían poder calentar nuestro sillón de cuero serían quienes piensan en retirarse de la política en un despacho europeo con secretaria. Viajes pagados y dietas a porrón, como nuestro ex ilustrísimo inepto que, tras veinte años de gobierno, nos deja en la más asquerosa y mísera Comunidad uniprovincial. Increíble que todavía tengan la poca vergüenza de expresar, el cabeza de lista, cerrada claro, del partido gobernante, que votar a partidos pequeños es inútil porque quienes detentan el poder son los fuertes y grandes. ¡Vaya Vd. con el diablo a pasar buenas siestas en Europa!
ResponderEliminarUn abrazo, Mariano.
Efestivi, Antonio, el miedo y la desvergüenza como bien reflejas en tu ultima entrada. Lastima que nos pille ya macocos para tirarnos al monte, ya no nos tiramos ná. un abrazo.
EliminarLa propuesta de Saramago me parece la más acertada. "NO con mi voto".
ResponderEliminarEso tendremos que hacer, aunque da coraje que tambien lo manipulen. Es época de catetos, veremos si llegamos a ver la de las hipotenusas.
Eliminar"Tu vota y calla"
ResponderEliminarPues va a ser que no, Santiago. Abrazos para todos.
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