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jueves, 16 de diciembre de 2010

SOBRE EL SAHARA (V)

Las tribus del Sahara

Los más antiguos relatos que poseemos sobre los pobladores del Sahara Occidental datan de cuando algunos intrépidos aventureros se adentraron en sus arenas, hacia el S.XIX; hablan de unas gentes rudas, semisalvajes, nómadas alimentados de carne y leche que cultivaban esporádicamente graras de cebada o trigo y con los que no era fácil relacionarse, renuentes siempre al trato con los infieles “que salían del mar”. Sin demasiado contacto con el mundo exterior, eran crueles con los marinos canarios que naufragaban en sus costas, en los que solo percibían la posibilidad de buenos rescates negociados a través de las gentes del norte. Marraquech era su referencia más cercana de la civilización.
En 1860, por el Tratado de Tetuán, el sultán Muhammad ibn al-Raman, había cedido al gobierno de España un territorio costero denominado “Santa Cruz de Mar pequeña”, probablemente en los alrededores de la Actual Sidi Ifni, donde ya se habían instalado unos primeros aventureros en 1476, estableciendo una rudimentaria factoría pesquera. La ocupación efectiva de Sidi Ifni, no se realizaría hasta 1934.
Cuando en 1884, Bonelli realizó el primer intento serio de establecer factorías en la costa atlántica africana, contaba probablemente con la postura hostil de los nativos, aunque los suyos eran propósitos comerciales, alejados de cualquier veleidad colonizadora. En la misma línea, le seguiría en 1877 otro aventurero, Donald Mackenzie, un inglés que había obtenido autorización para instalar una factoría comercial en Tarfaya, la “Casa Mar”. Sus ruinas aun pueden contemplarse en la playa, frente al modesto monumento de un avioncito de metal que recuerda a Antoine de St. Exiupery, autor del “Pequeño príncipe”. Poco después, miembros de los Ulad Delim, la tribu más numerosa de la zona de Dajla (la Villacisneros española) atacó las factorías de Bonelli y pasó a cuchillo a sus moradores.
Pero los Ulad Delim no era la única tribu de los contornos, en realidad nunca se estaba seguro del todo de quienes ocupaban el territorio y quiénes no. Para el beduino, la tierra es de Dios y los hombres solo la utilizan, siempre que no haya sido ocupada por otros. Todas las tribus del Sahara de la época eran nómadas, aunque con características ligeramente diferentes. Algunos, como los pertenecientes a la Confederación Tecna (Ayt Ymel, Ayt Lahsen, Iaggut, Izarguien, etc.), ocupaban la zona norte, en el Ued Nun, tendiendo al sedentarismo. Otros, como los Ulad Tidrarín se situaban más al sur y poseían innumerables rebaños de camellos y cabras. Casi todos reclamaban su origen árabe, llegados a la zona en sucesivas oleadas a partir del S.XIV y muchos de ellos remontaban su origen al Profeta (Chorfa). Los Ergueibat, la tribu más numerosa y potente de todo el territorio eran los más abiertos. Bajo su manto democrático cabían todos aquellos que no encontraban acomodo en otras tribus y que acababan diciéndose Ergueibat a los pocos años. Otras tribus, como los Ulad Bu Sbaa o los Tajakant se dedicaron al comercio y establecieron largas rutas caravaneras que llegaban desde Tombuctú hasta oriente. Algunas tribus pequeñas (Tubalt, Filala), sin más afán de conquista que la religiosa, se convirtieron en maestros (taleb), alojados entre las grandes tribus, al igual que los majarreros, casi siempre de origen judío, que vivían entre ellos ocupándose de los atalajes de las bestias y de la artesanía y enseres necesarios para las actividades beduinas. Las últimas tribus, como los Chej Ma el Ainín, aparecieron ya en los finales del S.XIX.
A todos era común la posesión de esclavos, generalmente negros cazados o comprados en las riveras del Senegal. Estos se ocupaban de las faenas más penosas y acababan más o menos integrados entre las pertenencias de la familia.
Entre las gentes del Sahara, el sentimiento tribal, hasta épocas muy recientes (y sospecho que en muchos casos hasta hoy día), es muy superior al de estado. Las tribus nunca se consideraron como una unidad política. Si acaso, en tiempos de tribulación se anudaban alianzas de unos contra otros, o de todos contra todos, pues una característica común era su fiera defensa de sus tierras y sus derechos. Alianzas que después fueron contra el peligro exterior y que tuvieron su culmen cuando los extranjeros comenzaron a invadirlos: en 1909 los franceses ocuparon El Adrar, avanzando desde sus bases en el Senegal y haciendo pinza con los españoles que habían ocupado antes la zona a la que llamaron Sahara Occidental en un tardío sueño colonial que no reportó más que desdichas para ocupantes y ocupados.

1 comentario:

  1. muy buena la publicacion ,una hitoria muy interesante gracias mariano

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