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miércoles, 15 de diciembre de 2010

SOBRE EL SAHARA (IV)

Saharauis, dentro y fuera

La retirada de España de su provincia del Sahara a finales de 1975 fue el detonante de una guerra que el Frente Polisario (Frente Popular de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro) emprendió inmediatamente contra la ocupación de Marruecos por el norte y Mauritania por el sur, en virtud de “Los acuerdos de Madrid” suscritos con España en noviembre de 1975 por los cuales esta les cedía la administración del territorio, que no la soberanía, todavía hoy en el limbo de las cuestiones históricas no resueltas.
Fue una guerra heroica por parte de los polisarios, un reducido ejercito que, nunca superó los diez o doce mil hombres, contra un país de treinta y cinco millones de habitantes y otro, aunque mucho más pequeño cuyo ejército avanzaba por el sur. Si la guerra hubiera sido exclusivamente contra Mauritania, la habría ganado el Polisario rápidamente o se hubiera firmado la paz, porque era una guerra contra-natura: ambas etnias son bidani y tienen todo en común: historia, costumbres, formas de vida, etc. pero Mauritania se vio obligada a entrar en la guerra ante el temor de que Marruecos aprovechara la confusión para lograr sus viejas reivindicaciones territoriales invadiendo su espacio so capa de lucha contra el Polisario.
Sea como fuere, una vez que Mauritania se retiró del conflicto en agosto de 1979, la guerra se enquistó hasta que el Sr. Kisinger y los suyos dieron con la clave en forma de muro. Y se firmó el alto el fuego en septiembre de 1991.
Durante los dieciséis años que se sucedieron desde el abandono de España hasta el alto el fuego, los saharauis de las distintas tribus tomaron diversas posiciones: algunos se quedaron en la zona marroquí, plenamente integrados, incluso ocupando altos puestos en la administración, considerando que el rey era su rey y que su deber de buenos musulmanes era mantenerle el respeto debido como Emir al-miminin y la obediencia como leales súbditos a la que les obligaba la pleitesía otorgada. Otros se quedaron también en el territorio, pero sin tanto convencimiento ni integración. Confiaban en que algún día las cosas cambiarían (a mejor) y que los saharauis, mediante el procedimiento que fuera, podrían seguir habitando su tierra, con sus costumbres y forma de vida ancestrales. El tercer grupo de los que permanecieron en la zona marroquí, constituyeron lo que podría llamarse “la quinta columna”. Desde el principio estuvieron descontentos, participando en acciones de bajo perfil contra las fuerzas del orden y esperando algún prodigio por medio del cual, el FP. lograra por fin los objetivos que se habían perdido (o por lo menos aplazado sine die) en la guerra.
De los que partieron a Tinduf, de mejor o peor grado (porque los hubo llevados a la fuerza), algunos, con los años y sin ataduras, “retornaron” a la zona marroquí aburridos de la miseria de los campamentos y de las injusticias cometidas por la cúpula dirigente (que las hubo y muchas). Allí se integraron, según fuera su grado de compromiso con uno u otro de los grupos que hemos visto antes.
Otros permanecen todavía en los campamentos, bien porque sigan fieles a su ideario independentista, bien porque las ataduras familiares o de otro tipo les impiden salir de allí. A todos estos grupos hay que añadir los de la diáspora, salidos de una u otra parte, a través de Argelia, Marruecos o Mauritania y que se han establecido por toda Europa, en muchos casos sin intención de volver, porque sus hijos han nacido o se han criado en otro país, con otras costumbres y otras religiones, que acabaran absorbiéndolos; es cuestión de tiempo. En la diáspora viven, desde hace mucho tiempo, los principales dirigentes del Polisario, que emplean su tiempo en recaudar fondos para un pueblo que, por desdicha, se ha acomodado a vivir de los subsidios.
Cuanta gente pertenezca a cada uno de estos grupos, es cosa que dejo a la imaginación del lector, pues las estadísticas, de uno y otro lado son (desde mi punto de vista) poco fiables. En temas como este, nadie dice la verdad y todos señalan las cifras que les son más favorables.
Puede que en todo el territorio de Marruecos haya unos 350.000 saharauis de las distintas tribus, puede que en Tinduf queden entre 40-60.000 mil, puede que en la diáspora haya entre 10.000 y 20.000, puede que en Cuba queden un par de miles, puede, puede, puede…

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