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lunes, 13 de diciembre de 2010

SOBRE EL SAHARA (II)

El pueblo saharaui
Con la que está cayendo estos días, en todos los medios de comunicación se escuchan de forma continuada las referencias al “pueblo saharaui” y en muchas ocasiones, los que a ello se refieren, no saben muy bien lo que quieren decir y hacen poco favor a lo que realmente deberían transmitir a la ciudadanía.
Sabido es que desde tiempos inmemoriales, los pescadores canarios, por su proximidad al rico banco pesquero de las costas africanas, que tienen a poco mas de 100 km. de las suyas, han mantenido cierta vinculación con ellas. En 1884, Bonelli estableció las primeras factorías españolas en Río de Oro, Sintra y Cabo Blanco. Y en el Congreso de Berlín de 1885 se adjudicó a España un pedazo de desierto en aquella zona, con más valor simbólico (lo de la geoestrategia era entonces algo nebuloso) que práctico. Cuando el gobierno español ocupó el territorio, se encontró con una inhóspita tierra poblada, escasa y circunstancialmente, por un conjunto de tribus hostiles que vivían en fiera libertad, con sus organizaciones administrativas peculiares y que nunca habían constituido un conjunto político ni jamás se habían considerado como un solo pueblo. Compartían usos y costumbres, formas de vida, religión, y nada más. En las épocas que majzen de Marruecos era fuerte, se veían obligados a pagar tributos; cuando no era así, se consideraban libres de obligaciones y seguían viviendo del pastoreo, recorriendo el desierto sin fronteras desde el ued Nun hasta el río Senegal y sin otra sujeción que la obediencia a sus jefes (Chiuj), libre y democráticamente escogidos.
Los españoles, cuando se instalaron en las costas, porque el interior resultaba inhóspito, hostil y poco interesante para cualquier intento de colonización, agruparon a aquellas gentes bajo el denominador común de “saharauis”, aún siendo conscientes de las diferencias entre Ergueibat, Ulad Delim, Ulad Bu Sbaa, Tekna, Ulad Tidrarin, Izarguien, y otras muchas tribus que lo poblaban, tan diferentes entre ellos que en muchos casos ni se mezclaban entre sí.
España fue una potencia colonizadora como todas, quizás un poco más benévola, vista nuestra desastrosa experiencia suramericana y nuestro carácter abierto y humanitario, pero colonizadores al fin. Cuando en 1955 España ingresa en Naciones Unidas y se somete a los principios del organismo en materia de descolonización, se hace un amago de considerar a los saharauis como ciudadanos españoles, creando la provincia nº 53 y proporcionándoles un DNI español, si bien de características especificas. Y a partir del abandono de 1975, los saharauis entraron en un periodo de destrucción de aquella identidad ficticia de que España les había dotado y que prometía cierto futuro, para entrar en la espiral de disolución que los amenaza desde entonces.
Después de la guerra con Marruecos, se produjeron una serie de bloques: unos huyeron a Tinduf, en tierras argelinas, otros (según las cifras, siempre especulativas, las dos terceras partes) se quedaron en el territorio que muchos llaman “ocupado”, con más o menos agrado, esperando una integración en Marruecos que les permitiera mantener sus costumbres y su formas de vida tradicionales. Otros, de una y otra parte, con diferentes ideologías, salieron a una diáspora que en muchos casos sería definitiva. Algunos optaran por recuperar la nacionalidad española que un día se les prometió a todos y viven, aquí o allí, amparados por ella.  De forma que cuando se habla del “pueblo saharaui” conviene especificar a qué parte nos referimos, pues esos distintos grupos que hemos mencionado tienen planteamientos y posiciones políticas radicalmente distintas.
Salvo en Tinduf, donde el sistema tribal se intentó laminar, aunque con escaso éxito, los antiguos habitantes del Sahara Occidental, siguen manteniéndolo de forma prioritaria. No es casual que la gran mayoría de la cúpula que dirige el Polisario desde hace más de treinta años, pertenezcan a la tribu más potente del territorio, los Ergueibat.
Todo este complejo entramado, con frecuencia mal conocido por los que vivimos en una sociedad radicalmente diferente hace que, a menudo, los conceptos se entremezclen en un “totum revolutum”, que más dificulta que ayuda a comprender el verdadero estado de la cuestión.

1 comentario:

  1. Bonito blog, Mariano. Y muy buenos tus textos sobre el Sahara, más claro agua.

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