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En cada una de las pestañas encontrareis una seccion diferente: en "Pagina principal", las entradas habituales. En "Trabajos y días", articulos de literatura e historia, "De mis lecturas" reúne notas, resumenes y opiniones sobre libros que me interesan y he leído en los últimos tiempos. En la pestaña "Desde el Asilo" (Libro), están todas las historias contenidas en ese libro, en cuyo inicio se explica el titulo de este blog. "Cuentos truculentos" reúne los comprendidos en el libro del mismo título. Cualquier texto que aqui se publica está a disposición del publico, naturalmente citando la fuente. Sírvase usted mismo.















martes, 27 de diciembre de 2011

UN AÑO

Mira tú por donde este blog, que empezó casi de broma, se ha ido solidificando hasta cumplir un año de publicaciones semanales, con lo que podríamos llamar discretamente cierto “éxito de crítica y público”. Han pasado por aquí más de 27.000 visitas de varios países. Jamás sospeché que tal cantidad de personas sintieran interés por mis escritos. El éxito de la “crítica” lo entiendo mejor: hay mucha buena gente por el mundo, no escasea tanto la buena educación como los “adultos” postulamos frecuentemente y muchos de los que pasan por aquí son amigos cuya categoría personal hace que lean mis palabras con más indulgencia que justicia. El “jaboncillo” que nos dispensamos entre “blogueros” no es más que una muestra de la cortesía que nos hermana.
He oído muchas veces preguntar a los escritores de oficio cual es la razón de su trabajo, pasión, necesidad, o como se quiera llamar a este ejercicio que, como dirá D. Quijote,  alcanzar alguno a ser eminente en las letras le cuesta tiempo, vigilias, hambre, desnudez, vagidos de cabeza, indigestiones de estomago y otras cosas a estas adherentes. Y todos, casi sin excepción, contestan de forma sesuda, profesional y a veces profunda aludiendo a “vocación irrefrenable”, “oficio pero también forma de vida”,  “necesidad imperiosa de volcar el interior” o “poner negro sobre blanco” algo que les bulle por dentro y a lo que tienen que dar salida sin remedio. Otros quizás tomen la pluma para confesarse y experimentarse verdaderos, como dice el Asklepios de Miguel Espinosa que ordenaba Demócrito: de los escritores, admiro la voluntad de concepto, la voluntad de estilo y la voluntad de síntesis o facultad de acuñar expresiones. Otros, como Plá, seran incapaces de resistir la pasión arrolladora de la escritura: es objetivamente desagradable no sentir ninguna ilusión, solo esta secreta y diabólica manía de escribir a la cual lo sacrifico todo, a la cual, probablemente, lo sacrificaré todo en la vida.
Con la libertad que me proporciona ser un “diletante” que nunca ha de abandonar esa categoría, os diré a la oreja que yo escribo, simplemente, porque me divierte y me relaja. Cada vez que acabo un relato, una historieta o un cuento, me siento bien. Generalmente me he divertido mucho durante su construcción o en el tiempo que me ha llevado investigar algunos detalles necesarios. Luego empieza la siguiente época de vacío, de sensación de inutilidad… hasta que aparece un nuevo motivo. Pero así es la vida del hombre: continuos periodos de fluctuación y altibajos entre los que hay que entresacar y aprovechar a fondo los buenos momentos, como si de días primaverales y soleados se tratara. Mi vecino del segundo, que ejerce de psicólogo, dice que esto de los blogs es una especie de catarsis que ha sustituido a los confesonarios y a las confidencias de puticlub. Sus razones tendrá.
Algunos colegas blogueros me han manifestado desencuentros por mor de lo abierto y accesible de esta plataforma a la que cualquiera puede llegar con mejores o peores intenciones. No es mi caso. Las pocas opiniones contrarias y aun disonantes que he recibido me han enriquecido antes que molestado y si alguien ha considerado interesante plagiar algo de lo que he escrito, solo me ha prestado un inmerecido tributo. Con saber quién es el verdadero padre de la criatura (aunque seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios), tengo bastante. Harta desdicha tiene quien se ve en la necesidad de vestirse con plumas ajenas; hágalo con algunas mías si es que le gustan y de salud que le sirva.
Con que lo dicho, amigos. Gracias a todos los que me hacen merced de sus visitas y aquí sigo para lo que gusten mandar.

martes, 20 de diciembre de 2011

COMPRANDO “AL FIADO”

El economista de nuestra tertulia es Cipriano “el sangres”, apodo ganado a lo largo de muchos años elaborando las mejores morcillas que nunca se comieron en este pueblo. Cipriano ha regentado, durante toda su vida la carnicería heredada de sus antepasados, y con ella el arte de navegar económicamente en épocas difíciles, donde se solía comprar “al fiado” y vender a lo mismo. El encaje de bolillos que había que hacer para obtener algo de evanescente liquidez, era primoroso.
A pesar de ello, “el sangres” ha culminado con éxito la historia sangrienta de su negocio y ha tenido la suerte de dejarlo, floreciente y prestigiado, en manos de sus descendientes.
Entre los contertulios, que recuerdan como si fuera ayer aquellos tiempos de penurias en los que muchas veces comieron unas costillas de cabrito (dicho sin mirar a nadie) o un arreglo de matanza gracias al crédito de Cipriano, goza de un aura de buen gestor. Por eso, cuando habla de economía, todos le escuchamos en silencio reverente.
-     Los políticos, ya se ve, son gente instruida, por lo menos, estudios deben tener. Yo sé las cuatro reglas escasamente y con ellas me he defendío regular. Me pueden contar lo que quieran, pero yo entiendo la economía como la regla de los dos bolsillos y siempre me ha ido bien: si en el bolsillo izquierdo metes lo que te pagan y del derecho sacas lo que tienes que pagar, el único truco es que el izquierdo tenga siempre una miaja mas de dinero que el derecho, así cuando este se quede falluto, siempre podrás echar mano del otro.
Eso del crédito que parece de actualidad, es un invento antiguo, ¿os acordáis de cuando se compraba al fiado y se llevaba la cuenta haciendo muescas en una caña?  Entonces la gente sabía lo que debía y cuando llegaba el final de mes, lo primero que se hacía era pagar a unos y otros y quedarse en paz. Ahora, resulta que todo el mundo debe más de lo que tiene. Las familias deben el piso, el coche, la casa de la playa y los estudios de la nena (que no daba talla para la pública), en la privada; los ayuntamientos no pagan la luz, ni a los proveedores; las Comunidades deben a las farmacias y el Estado tiene que subastar deuda cada dos por tres para que “los mercados” que nadie sabe lo que puñetas son, le exijan los intereses que quieran.
Y yo me hago una pregunta tonta: ¿por qué debemos dinero? Y sobre todo, ¿por qué deben dinero los estados? ¿No sería más práctico gastar solo lo que se tiene antes que estirar el brazo más que la manga y empeñarse en unas perras que no sabemos si se pueden pagar? La solución de las Comunidades es emitir más deuda para poder seguir gastando más. Y digo yo, ¿no sería más práctico, sobre todo, más ajustado a la realidad, adaptarse cada una a sus posibilidades y gastar lo que pueden, no “lo que necesitan”?
-     Hombre, Cipriano, tu entenderás mucho de administración y de cañas, pero cuando los economistas del mundo entero trabajan así, será por algo.
-     Será, pero yo no veo que el resultado sea bueno, sino todo lo contrario. Si no hay perras para un coche, pues no se compra y ya está, o se espera a ahorrar para comprarlo. Y esto vale para personas, Ayuntamientos, Comunidades o Estados Generales. ¿De qué nos sirve empuarse hasta las cejas y estar esperando a que el Fondo Monetario Internacional nos preste más perras y nos diga cómo gastarlas? Si hay cuartos para carreteras, se hacen y si no se espera a hacerlas más despacio o más pequeñas. No es ninguna vergüenza que cada uno se adapte a sus posibilidades y aceptar que unos países son más ricos y otros más pobres, como las personas. ¿De qué nos sirve que tengamos las mejores autopistas si ahora no tenemos perras para pagar los plazos del coche ni echarle gasolina, ni comer en un restaurante?
-     Eso es una miaja simple, no quiera tu entender también de macroeconomía. Todos los países de nuestro entorno están igual.
-     Pues mira, “mal de muchos…”

martes, 13 de diciembre de 2011

A HACER PUÑETAS

Vivíamos tan felices desde que, entrados de lleno en la democracia y rediseñados los reinos de taifas, descubrimos que nuestra situación era beatifica e inacabable. La bonanza económica se había instalado entre nosotros para siempre. No hacía falta que los jóvenes estudiaran ni se sometieran a esfuerzo alguno: bastaba con irse a una obra, emplear sus energías desbordantes en cualquier trabajo sin cualificación pero bien remunerado y hala, a comprarse un piso, tirar de cochazos, fiestas y rayuelas. Pero de pronto, la cruda realidad nos dio un soplamocos. Los bancos cerraron el grifo y decidieron que era mejor ir a los mercados especulativos de fácil y rápida respuesta que seguir invirtiendo en industrias de dudoso resultado ni en hipotecas basura que el ventilador americano había distribuido por el mundo entero.
Y nos encontramos con que no podíamos pagar las hipotecas sobredimensionadas, que los pisos que habíamos comprado sin necesidad no valían lo que nos habian dicho y que comenzábamos a quedarnos en el paro a velocidad alarmante. Las cajas descubrieron que tenían las arcas llenas de caca; los bancos, pobrecitos, dijeron que si nos los rescataban, no seguían en el juego, y los gobiernos con el pañal pegado, acudieron en su socorro con el inocente afán de que abrieran la espita y siguieran dando créditos (porque aquí todo el mundo vive del crédito: los particulares, las empresas, los ayuntamientos, las comunidades y los estados). Pero los bancos son empresas que se rigen por una ley implacable y universal: obtener el máximo beneficio. Compran dinero barato y lo venden caro (al doble, si pueden, y con ese 2%, van tirando). Y los gobiernos se encontraron con que tenían que recurrir a la banca para que les prestaran el mismo dinero que les habian dado, pero a un interés mayor, para que siguieran obteniendo beneficios y no se llevaran las perras a paraísos fiscales.
Y uno se pregunta: si, como dicen los expertos, para salir de esta crisis provocada por las hipotecas subprime al otro lado del charco hace falta, a) reducir el déficit y b) relanzar la economía estimulando el consumo y la contratación, ¿Quién le pone el cascabel al gato para que el crédito –la sangre fiduciaria- fluya, las empresas contraten, los trabajadores puedan consumir y la economía se relance? ¿Habremos aprendido la lección en este país al que, como más débil, el virus de la crisis se ha cebado en forma tan agresiva?
Uno, que no solamente no es economista sino que se va dejando entre los rastrojos del camino las pocas hebras de sentido común que le quedaban, oyendo tantos discursos que solo entiende a medias se pregunta si los políticos tienen verdadero interés en arreglar la situación; o si su miopía constitutiva les impide ver más allá de las míseras guerras partidarias, que los llevan a estar permanentemente enzarzados en el estéril dialogo de “ellos y nosotros” que tanta nausea provoca en el ciudadano de a pie.
“Ellos” son los de un partido y “nosotros” los del otro. “Ellos” son los del gobierno regional y “nosotros” los del autonómico o viceversa, “ellos” son los de una región y “nosotros” los de otra…
¿Hasta cuando hemos de soportar tanta estupidez? ¿No nos daremos cuenta nunca de que esta es una nación -un mundo– global, de que estamos todos metidos en la misma arca de Noé , unos animales y otros, y de que si esto no aterriza en el monte Ararat nos vamos, unos y otros, a hacer puñetas?

A hacer puñetas: frase usada cuando se quiere despedir a alguien con desprecio y sin consideración. Las puñetas son bocamangas realizadas con bordados y puntillas que adornaban togas de jueces y magistrados. Realizadas siempre a mano en labor primorosa de flores y figuras, requerían notoria habilidad y gran paciencia. En ocasiones eran realizadas por reclusas, lo que incrementa el tono despectivo de la frase.





martes, 6 de diciembre de 2011

AGUA PARA TODOS


Campea en la ilustre fachada de nuestro ayuntamiento murciano el letrero “Agua para todos” desde hace tanto tiempo que mucha gente cree que formaba parte de la decoración inicial. Usada como herramienta política, la guerra del agua nos ha perjudicado a todos sin excepción. “Los mercados”, asustados por la posible escasez de limones, buscaron hace ya tiempo nuevas fuentes de abastecimiento y ahora los que se compran en Murcia llegan de la Argentina con tan buena calidad y a mejor precio que los locales. La guerra del agua nos ha hecho perder la agricultura: la huerta retrocede y los bancales de limoneros y naranjos se abandonan a las culebras y las ratas. Los huertos acabarán alicatados.
Pero el “Agua para todos” de los que defendían el trasvase de Ebro y que ahora pasan sigilosamente por debajo del letrero, temerosos de que se desplome sobre sus cabezas, no es de ahora. Antonio Botías, en un delicioso libro, imprescindible para los amantes del terruño, (Murcia, secretos y leyendas, 2011) nos ilustra sobre los orígenes de la ingeniosa frase: el diario La Paz de Murcia publicaba el 19 de Septiembre de 1868 un artículo arremetiendo contra la Ley de aguas promulgada en 1866: “Haya agua para todos, que hubiera una distribución de aguas que matase el caciquismo de los pueblos […] pues lo que Dios ha concedido como bienes no son para determinada persona. Quisiera esta justa distribución desde el nacimiento de los ríos hasta los mares”.
Poco efecto debieron tener las palabras del ignorado articulista sobre los padres del agua porque el 13 de junio de 1912, la edición murciana de El Liberal madrileño, proclamaba: “¿Habrá “Agua para todos”? La llave de todos los manejos políticos está en el agua, las acequias y los riegos, siendo la agricultura la única riqueza de este pueblo”.
Como se ve, el asunto del agua viene de lejos y su utilización política y partidaria, también.
“Agua para todos” era el titulo de un suelto en el que El Semanario Murciano de marzo de 1973 recogía la visita a Murcia de autoridades almerienses  para agradecer a Octavio Carpena Artés, a la sazón gerente de la Comisión para el Desarrollo Social y Económico, el interés que había demostrado porque el agua del Tajo llegara, a través de Murcia, al valle del Almanzora.
En octubre de 1974, La Verdad de Murcia recogía unas declaraciones del subsecretario de Obras Publicas, Sr. Sánchez Terán (Subsecretario en época de Franco, ministro de Obras Publicas y Trabajo con Adolfo Suarez y Gobernador Civil de Barcelona en la democracia), impulsor del llamado “Plan Ebro”, en las que aseguraba que el cauce del Ebro tiene “Agua para todos”, y en la Hoja del Lunes de Murcia de 20 de Agosto de 1979 que por aquel entonces dirigía “en funciones” Ismael Galiana (padre), se ponía a grandes titulares la frase “Agua para todos” en boca del Gobernador Civil de Toledo, Ignacio López de Hierro (más tarde Gobernador civil de Toledo y en la actualidad esposo de la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha, Dª Dolores de Cospedal).
En 1993, editado por la Caja de Ahorros de Murcia, apareció el libro Agua para Todos  de Daniel Cremades Cerdán en el que sentaban las bases para una planificación hidrológica peninsular.
Unos apostaron por la desalación localizada, otros por los trasvases cuando eran herramienta arrojadiza para hacerse con el manubrio de gobernar. Don Mariano, desde Abanilla, comunicaba a La Verdad el 11 de julio de 2004: “Si volvemos a ganar, el trasvase del Ebro se va a construir porque la opción de las desaladoras no tiene ningún sentido. Contaminan y además tampoco se van a hacer”. Y ahora se queda tan pancho mirando para otro sitio cuando le preguntan por el asunto. ¿“Agua para todos”? ¿Qué nuevas milongas piensan contarnos ahora que tienen la sartén por el mango?
El fango político ha contaminado por igual el agua de las desaladoras y de los trasvases. Y el pueblo, a beber agua turbia.
Menos mal que, sin necesidad de vírgenes, procesiones ni rogativas, el agua del cielo se ha derramado en abundancia sobre nuestras cabezas este mes de noviembre. ¿Quizás D. Mariano, per se o a través de la conferencia episcopal, tiene más influencia en las alturas de la que le suponíamos?

martes, 29 de noviembre de 2011

OCRES JUMILLANOS


Dedicado al Club Thornton y muy especialmente a Mariano Feced.

Es probable que tengáis suerte y atesoréis, como yo, buenos amigos que un día os conviden a una excursión de objetivo fundamental: contemplar los ocres de las viñas jumillanas en el mes de noviembre.
Puede que la excursión incluya una visita al convento franciscano, joya del S.XVI escondida entre las fragosidades de la sierra de Santa Ana, abuela de la Virgen, a la que los jumillanos consideran como de la familia.
El convento, al que oiréis llamar erróneamente monasterio (sabido es que los franciscanos no son orden monástica), fue en sus inicios Colegio Seráfico y casa de noviciado. Hoy, reducido a parca comunidad, duerme su sueño de Fafner guardando multitud de reliquias: tallas de Salzillo, Roque López y Juan de Juanes, cuadros de Muñoz Barberán, el hermoso pozo del claustro que convida al silencio, el "Madroño de San Pascual" plantado a finales del siglo XVI y una nutrida biblioteca que cuidan con esmero los pocos frailes que los avatares de los tiempos modernos han respetado.
Se cuentan muchas leyendas, todas verdaderas, sobre cristos tiroteados e ilustres huéspedes que a lo largo de los siglos ha albergado el convento: San Pascual Bailón, los padres Juan Mancebón y Salmerón, el beato Andrés Ibernón, algunos escritores y artistas de no menor relevancia (José Martínez Ruiz Azorín, José Luis Castillo Puche), etc.
Llegado el mes de noviembre, el fresco aire serrano se percibe de forma cortante y los habitantes del llano que se acercan a la zona cautivados por los buenos vinos y unas exquisitas paletillas de cabrito al horno sienten, después del ágape mariano, inundado el corazón de la pax et bonum franciscanas y una ligera envidia (pasajera) por la bonhomía que aquellos santos varones esparcen a su alrededor.
Pero antes, una excursión a la fértil planicie permitirá que contempléis en arrobo silencioso, los hermosos tintes ocres que las viñas van trocando por el verde estival que enmascaraba, amoroso, los dulces granos negros y amarillos.
Mientras dejáis derramar la vista por el anchuroso valle repleto de colores cambiantes, algún cuñado próximo, de espíritu sensible, os hará reparar en “la hermosa simbiosis entre la viña y el olivo” y aprenderéis a mirar ese trozo de naturaleza con ojos nuevos, como sucede cuando alguien más entendido os muestra los misterios escondidos en “Las Meninas”.

Es posible que entonces, como yo, encontréis el autentico sentido a las palabras leídas hace tiempo:
Entre cosas, animales y hombres existe una fatal incomunicación. Nuestro sentir estético, atributo del espíritu, tiende a traer al mundo la continuidad del origen, pretendiendo hacer del universo un todo fluido y comunicado, una simpatía. Cuando esta tendencia encuentra un medio apropiado, el Espíritu realiza su vocación, y llega a comunicarse descaradamente con la materia y la humilde vida interior. (Asklepios, Miguel Espinosa)


martes, 22 de noviembre de 2011

¡HEMOS GANADO!


Dicen unos y otros, sin distinción de credos, tendencias o colores. Aquí, todas las elecciones las ganan todos. (El que no se consuela es porque no quiere). Los unos porque han sacado más escaños, los otros porque han obtenido más votos de los vaticinados por las encuestas, a los pequeños les ha llegado la alegría a casa del pobre; los demás porque el sistema proporcional los ha perjudicado, como siempre, reduciéndolos a simples figuras testimoniales; los que no tenían ningún diputado porque han pillado alguno, así todos.
Y ahora que ya tenemos a Periquito hecho un fraile merced al Beltrán Duguesclín  de la crisis, que ni pone ni quita rey, pero le ha dado la vuelta a la tortilla que se cocinaba tan plácidamente hasta el momento, es de esperar que los políticos de uno y otro bando, deglutido ya el dulce sabor de la victoria en un caso y el acíbar de la derrota en el otro, se pongan a trabajar codo con codo en la empresa común de sacarnos de este atolladero del que debemos hacerles responsables. No de haber provocado la crisis, dios nos libre, que es bien sabido lo de las hipotecas ninja que los malvados bancos americanos le han colado al sistema fiduciario internacional, pero sí de no haber reaccionado a tiempo los unos y de no haber colaborado con los que estaban entre las varas, los otros.
Ahora se han cambiado las tornas: a tirar de las varas, como potentes búrdeganos, hemos colocado a unos y a los otros les toca el papel de arrimar el hombro tirando a su vez, en la medida de sus posibilidades. Por qué caminos ha de conducirnos los que llevan ahora las ramaleras, es cosa que depende del famoso, indefinido y misterioso programa gallego y del mapa general de carreteras que la Unión Europea nos tiene asignado.
Cabe la posibilidad de que los “perdedores” se repantiguen encima del carro y solo sirvan de lastre, como tanto le hemos afeado en la etapa anterior a los actuales conductores. Ahora  es el momento de que se vea quien es quien y que las actuaciones de unos y otros sean registradas minuciosamente por la ciudadanía para tomar sus decisiones futuras.
Pero me lo fiais tan largo, Don Lope! Ya veremos en que acaba esto.


martes, 15 de noviembre de 2011

NO ME LLAMEN IDIOTA


Comenzamos (otra vez) la desesperada carrera hacia las urnas. A los disparates verbales, desencuentros, insultos y faltas de respeto habituales de los políticos en el escaparate que se ha convertido la televisión en sus muchas versiones y canales, se suman en estos días, el desenfrenado afán de descalificar al contrario con vistas a ocupar su poltrona. Y todo ello en la más absoluta ignorancia de que es o lo que quiere ese pueblo al que dicen dirigir sus esfuerzos. Los ciudadanos andamos preocupados por la avalancha de malas noticias que nos llueven en vez del agua de mayo a que estábamos acostumbrados. Hemos descubierto con estupor que unos chorizos encorbatados de Nueva York que concedían hipotecas a cascoporro a quienes no podían pagarlas, han arrasado con los beneficios de nuestros bancos, a los que el Estado (nuestro) tiene que enchufar a la corriente fiduciaria para que no se deshinchen y sigan ganando las mismas perras que antes, porque si no, no juegan; el paro no para de subir, sumiendo en la desesperación millones de familias; si los griegos, los italianos o los portugueses se constipan, a nosotros nos entra una calentura que nos postra en la cama a pique del infarto; unos entes misteriosos cuya existencia ni siquiera sospechábamos llamados mercados, son los que en realidad gobiernan los países y dirigen las erráticas decisiones de nuestros políticos; las bolsas nos producen sobresaltos un día si y el otro también con reacciones en cadena que empiezan en América o en Tokio con el Nikei arriba y abajo, acabando por arrastrar por el fango a nuestros escasos inversores; por si fuera poco, otra fantasma llegada de ultratumba, no una prima de Andorra, sino la prima de riesgo, parece ser la causa de todos los males que aquejan nuestra maltrecha economía. Y mientras, que si afligimos con el impuesto de sucesiones a los ricos, a los pobres o a todos por igual. Mira por donde, nuestra próxima esperanza son los chinos, aquellos a los que logramos sacar de la pobreza reciclando sellos de correos o recaudando perras gordas y papel de aluminio el día del Domund. A ver si, como dice el Evangelio, nos devuelven el ciento por uno y nos sacan del pozo al que no se le ve final.
En este maremágnum que está dejándome como única salida la de fraile mendicante, los que pusimos a dirigir el cotarro hace cuatro años (a unos en un lado y a otros en el otro), no hacen más que gastar las pocas energías que dedican al asunto en tirarse los trastos en la cabeza a ver si lo hacen todo un solar y entonces hay alguien que los interprete como redentores: un partido contra el otro, las autonomías contra el Estado central, como si ellas no fueran también (y mucho), Estado. Los que disfrutan de un idioma local, pretendiendo que sea universal y que se olvide el castellano, la perla que todos tenemos en común; un candidato diciéndonos lo malo que es el otro y viceversa; algún monaguillo mal encarado prometiendo tres millones y medio de empleos, como si nos hubiéramos vuelto todos gilipollas de golpe... Para qué seguir…
No sé a ciencia cierta a quien atribuir la culpa de todo este disparate. Cada vez me veo menos capaz de tomar decisiones medianamente lucidas con el cúmulo de elementos distorsionados de que dispongo y cada vez comprendo más a aquellos ácratas legendarios y utópicos evadiéndose de la ramplona realidad tras ilusorias banderas rojinegras. Tengo la sensación, cuando pongo la tele o escucho la radio, de que me están llamando idiota. (S/DRAE: Trastorno mental caracterizado por la falta congénita y completa de las facultades intelectuales).
Se avecinan tiempos peores que los pasados y no oigo, ni a unos ni a otros, plantearse un pacto capaz de hacerle frente a una situación que rebasa los límites políticos. Si los “mercados” ponen y quitan presidentes y primeros ministros, ¿a que esperamos para darles la batalla en su terreno en vez de seguir enzarzados en guerrillas domesticas?  
Sigan, señores políticos, a su bola alejada de los problemas de las gentes de a pie. Sigan medrando los más corruptos amparados por los más cobardes, sigan contándonos milongas. Solo me queda apelar al resto de caballerosidad que les supongo: ¡Por favor, no me llamen idiota!

martes, 8 de noviembre de 2011

ANOCHE, MIENTRAS DORMÍA (En vísperas de elecciones)


Anoche, mientras dormía –después de leer la novela de Saramago “Ensayos sobre la lucidez”- soñé, bendita ilusión, que se habían celebrado elecciones generales y había sucedido un hecho sorprendente, inaudito, jamás pensado. La ciudadanía, todavía aterrorizada y sorprendida ante lo insólito del acontecimiento (por más que hubiera sido conscientemente provocado y desencadenado por un aluvión de sms que volaban desde algunos días antes), permanecía en un letargo ansioso, con el temor del que da un golpe de fuerza largamente meditado y luego espera temeroso los resultados de su osadía, sospechando haber provocado consecuencias imprevisibles.
Llegado el momento de las votaciones, desde que se abrieron los colegios electorales, la jerarquía –alertada por los rumores- había permanecido expectante y representantes de “los medios” galopaban de uno a otro lugar tras los rumores del inusual acontecimiento. A medida que avanzaba el día, las noticias corrían cada vez más de prisa y en las sedes de los partidos, los movilizados se cargaban de nerviosismo: la afluencia a los lugares de votación era nula o al menos irrelevante: solo algunos –pocos- compromisarios habían acudido a depositar su voto a la vista de la ausencia de “población normal”. Los teléfonos echaban fuego animando a la comparecencia, pero no había posibilidad de atajar aquella resistencia pasiva que parecía bien organizada. A pesar de las llamadas y los mensajes angustiosos, al cierre de los colegios (hecha de forma reglamentaria), solo unos pocos votantes en todo el país, habían ejercido su derecho. No llegaba al 1% del censo.
Los telediarios de la noche competían en editar sus reportajes mostrando los lugares de votación desiertos a distintas horas del día y se empeñaban en obtener declaraciones de los líderes políticos que permanecían agazapados en sus respectivas sedes negándose a cualquier comentario. Muchos de ellos, temiendo males mayores, aprestaban maletas, recogían bienes y encargaban billetes con vistas a un inmediato éxodo recordando tiempos pasados; se habían quedado sin su principal herramienta: los votos del otrora manipulable ciudadano. El político había perdido su razón de ser.
Pasaron unos días de comentarios y zozobras, pero el país siguió funcionando con normalidad. El presidente del Gobierno hizo unas sentidas –lacrimógenas- declaraciones en las que reconocía (solo en parte) la responsabilidad de su equipo en lo sucedido y anunciaba la formación de un gabinete de crisis para estudiar el asunto (lo mejor para quitarse un muerto de encima es nombrar un comité, una comisión o un gabinete). El jefe de la oposición responsabilizaba al gobierno de todos los males pasados, presentes y futuros, y los cabecillas de los partidos minoritarios echaban la culpa a los grandes por su empecinamiento fratricida.
Y entonces, en los pueblos, en los barrios de las ciudades y en las pedanías, comenzaron a formarse asambleas que escogieron a representantes para formar directorios sin connotaciones de ningún tipo, ni políticas, ni religiosas, ni económicas, ni de sexo o cualquier otra condición. El poder, comenzó a establecerse de abajo arriba, como había pasado muchos años antes, durante la ocupación napoleónica, solo que ahora la rapidez y universalidad de los medios de comunicación ponía a las personas de acuerdo en unas pocas horas. La red y los móviles no se daban tregua.
Los políticos, perdida su función, dimitieron a regañadientes y se reintegraron a sus labores anteriores (el que las tenía) y el gobierno de la nación fue asumido por una asamblea de hombres ecuánimes, juramentados para perseverar en un solo objetivo: la buena gestión de la cosa pública, con exclusión de cualquier otro. Se mantenía la libertad de asociación, de prensa, etc. pero se eliminaba cualquier forma de acceder al poder que no fuera la asamblearia instituida y se prohibía, taxativamente, hacer bandera de creencia o condición alguna a los representantes elegidos por el  pueblo.
Naturalmente, fui escogido como asambleario y cuando estaba dando mi primer discurso, (por cierto de brillantez extraordinaria), ante los miembros de la pedanía a que pertenezco, el estridente canto de un gallo “americano” al que el día menos pensado pienso estirarle el cuello, me sacó del dulce sueño.
Sic transit gloria mundi.

martes, 1 de noviembre de 2011

POLITICA


Fernández, que me aventaja en prudencia como en tantas otras cosas, me recomienda con frecuencia que no toque asuntos de política, que siga la estela del menudo gallego cuyas recomendaciones iban en el mismo sentido, y mientras vivió, le fue la mar de bien. Seguro que la razón asiste a Fernández y al difunto del norte, pero me pilla viejo para consejos y sigo empecinado en proporcionar opiniones que a pocos importan.
Si, como decía aquel hombre nacido en Estagira en el año 384 aC., el hombre, por naturaleza, es un animal social (o político, tradujeron muchos) no tiene nada de raro que este animal político que les escribe quiera meter la cuchara en ese caldo.
Cada persona es un mundo, llega a sus conclusiones como puede y tiene la natural intención de que los demás las compartan para reforzarlas. Es absolutamente humano. Hasta a mi me pasa. Los catalanes lo dicen con gracia (a veces la tienen): Cuan mes serém, mes riurém  (Cuantos más seamos, más reiremos). Conviene que seamos muchos diciendo la misma cosa para que se convierta en verdad, es cuestión de Teología, y los teólogos, como es bien sabido, nunca se equivocan.
Es imprescindible hacer un esfuerzo por digerir lo que opinan los demás. Puede que la razón no esté absolutamente de nuestra parte, si no que tenga múltiples aristas.
Algún sabio de esos que todo el mundo cita y nadie conoce, parece que recomendaba incidir en lo que nos une y obviar (en lo posible) lo que nos separa. Puedo garantizar que, en las escasas ocasiones que he reunido la templanza suficiente para seguir el consejo, he obtenido resultados sorprendentes y acabé comprobando, no sin cierto estupor, que estaba más de acuerdo con mis contrincantes dialecticos de lo que había imaginado.
Me detesto cuando asumo el papel de agorero, pero se avecinan peores tiempos, que ya es decir. Desde fuera nos indican (eso sí, finamente) cuantos agujeros del cinturón nos hemos de apretar porque esto se ha complicado, somos una gran familia y cuando uno estornuda a los otros les entra cagalera. Y eso va a pasar con estos, con aquellos y con los de más allá.
Desde dentro, en vez de llegar a razonables acuerdos por el bien de la Feliz Gobernación, los mandarines se tiran los trastos a la cabeza y sacan a pasear las reliquias enfajadas con una vergonzosa escasez de imaginación. Los ancianos y venerables demiurgos cesantes de una y otra banda, hacen lo que les toca para seguir cobrando pingues estipendios y no descender del atril que les ha de encaramar directamente a la eternidad.
Parece como si en cada periodo de elecciones se bajara un escalón en la categoría de los ponentes y tuviéramos que echar mano de figuras ya periclitadas que son las únicas que suscitan cierto respeto entre sus respectivas mesnadas. La momia de Ramsés II parece condenada a no consolidar nunca su triunfo en la batalla de Kadesh.
El espectáculo de consignas, mítines y abrazos que nos proporcionan cada uno en “sus feudos”, sería bochornoso si al pueblo le quedara capacidad de sonrojo. Pero debemos estar inmunizados contra tonterías y despropósitos. Resulta sospechosamente actual la frase de Miguel Espinosa: “Porque el pueblo, como los dioses, carece de demiurgos, está fuera de la Historia; los sucesos solo ocurren a la clase gobernante” (Escuela de Mandarines, 1974.)
No sé si me explico.

martes, 25 de octubre de 2011

¿ZORRA?



Hace poco una sentencia del juez Del Olmo, en Murcia, tomaba la palabra “zorra”, aplicada a una mujer en trámites de separación, en una acepción que me parece pintoresca.
*
¿Zorra dice que la llamé señoría? ¿Yo? A esa santa, ¿a la madre de mis hijos? Seguro que se confunde o que oyó mal. Cierto que a veces se me ha ido la mano y le he dado algún sopapo, poca cosa, como se le da un capón a un niño desobediente o como nos tiraban de las orejas los buenos frailes en el colegio, por nuestro bien. Puede que se me haya escapado algún grito cuando se lo ha merecido, pero siempre por mantener la paz en el hogar, para que sepa quién manda en casa, porque alguien tiene que mandar, vamos digo yo. Así ha sido siempre y así ha de ser, por el bien de todos. Si no ¿Qué ejemplo íbamos a dar a los hijos, cuando en una casa no hay disciplina ni respeto?

¿Que la llamé zorra dice? Pues mire, ahora mismo no recuerdo, pero si lo hice, sería más en tono de admiración que de otra cosa. Nunca con intención de insultar. ¿Habrá animal más astuto e inteligente que la vulpes vulpes, protagonista de tantas fabulas desde Esopo a Iriarte y Samaniego? Y así considero yo a mi esposa, una mujer inteligente y astuta, como las zorras; a la que respeto como respeté a mi madre que en gloria esté. En ese sentido debí decírselo, señoría. Sin ánimo de ofender. Otra cosa es que la hubiera llamado suripanta, pongo por caso, pero zorra no es ningún insulto. Al contrario.

Ni que fuera yo como el imán de no sé qué mezquita que hizo un libro explicando donde había que pegarle a las mujeres para no dejarles señales. Eso sí que es ser un bárbaro. Yo, en la vida.

Sí que tengo antecedentes, pero también fue una exageración. Se pasan mucho los jueces. Treinta días de trabajos en beneficio de la comunidad y orden de alejamiento por malos tratos. Yo creo que no era para tanto.

¿Lo del pijama de pino que le iba a poner? Pues otra broma sin mala intención. La prueba es que le di el recado al chiquillo, ya ve Ud., bromas que se gastan en los matrimonios, cosas en las que no deben meterse los extraños que solo buscan meter cizaña y separar a las parejas.

Me alegra, señoría, que Ud. me haya comprendido, seguro que el suyo también es un hogar organizado y en paz, como Dios manda, como ha sido toda la vida, donde cada uno sabe el lugar que le corresponde. Las mujeres son como son y hay que enseñarles quien manda en casa, por su bien. Gracias por su ecuanimidad, señor juez.


martes, 18 de octubre de 2011

EL PILAR, LOS DESFILES Y UNAMUNO.


Tomó pesambre Fernández con lo del Pilar y el desfile de las fuerzas armadas. Republicano de toda la vida, ácrata y descreído, esas manifestaciones de patriotismo que huelen a otros tiempos, según él, proporcionan sabroso material para la tertulia, centrada en los últimos tiempos en la angustiosa situación de la economía que nos proporciona disgustos un día sí y otro también.
-     Digo yo que en los tiempos que estamos y con la que está cayendo, bien podríamos ahorrarnos esos fastos militares que solo sirven para que la gente se ocupe de cómo ha desfilado la cabra de la legión y para que cuatro nostálgicos se regodeen con la fallida ilusión de lo importante que somos en el concierto mundial, donde solo tocamos el triangulo cuando dice la partitura, o sea, muy de tarde en tarde.
-     Ya estamos con la intolerancia, tío Fernández. Hay mucha gente a la que le gustan esas demostraciones llamadas patrióticas y que se siente segura con un ejército capaz de defender al país. En lo de la cabra no me meto. Eso es parte del folklore, heredado del tipo aquel tuerto y medio desmantelado que decía estupideces en la universidad de Salamanca en épocas más convulsas. Por fortuna, la historia pone a cada uno en su sitio sin demasiada tardanza.
-     No me refiero yo a eso, estoy más bien por la parte práctica: si estamos en una crisis que no se la salta un galgo bien entrenado ¿a qué vienen esas demostraciones militares en una época en que los ejércitos tienen misiones humanitarias, según se dice? ¿No sería más práctico reducirlos a una cosa testimonial, como la guardia suiza, pongo por caso, que amén de vistosa es mucho más barata y encima da prestigio? Si el ejército se dedica a labores humanitarias, ¿que hacen armados hasta los dientes con los elementos más sofisticados y caros en países lejanos donde nadie los ha llamado? Podrían convertirse en ONGS, saldrían más barato y quedaría dinero para ayudarnos a salir de la crisis, que buena falta nos hace. Japón estuvo sin ejército durante muchos años años después de la II Guerra Mundial y no solo no pasó nada, sino que el ahorro en armamento fue seguramente una de las causas de que se pusieran a la cabeza de las naciones más adelantadas del mundo. En la actualidad, su Constitución limita el gasto armamentístico al 1% del PIB. España es el segundo país del mundo que menos porcentaje del PIB dedica a la I+D básica pero también el segundo que más recursos dedica a la investigación militar. Paradojas.
-     Pero bueno, ¿es que también eres anti-militarista?
-     No soy anti nada, pero procuro reflexionar y haceros reflexionar a vosotros sobre tanto disparate a los que estamos asistiendo en los últimos tiempos. Noto como una especie de falta de criterio general en el que estamos sumergidos la mar de contentos, como las ranas en su charca, nombrando rey al leño arrastrado por las aguas.
-     Adiós mis pavos, Fernández, no te pongas literario.
-     Tomároslo a broma, pero esto se va al garete y, menos los indignados y otros pocos, nadie reacciona.
-     Si reaccionan, si. La prueba es el cambio de gobierno que se avecina. Todo el mundo está convencido de que en cuanto gane el PP, esto se arregla en cuatro días.
-     Todo el mundo no, solo los más ilusos. ¡Angélicos! Como si las decisiones económicas (que son las que mandan por encima de las políticas en estos tiempos) se tomaran en cada país con independencia de los demás. Nosotros haremos lo que manden desde Europa y santas pascuas. Lo mismo con unos que con otros. Y saldremos de la crisis (si salimos) cuando nos toque.
-     Bueno, siempre nos quedarán los moros y cristianos, los cartagineses y romanos, la legión con o sin cabra y los toros embolados. Con una miaja de pan para acompañar.
-     Y Unamuno en vez del tuerti-manco.
-     También. 

sábado, 8 de octubre de 2011

¿HASTA CUANDO?


¿Hasta cuando, José María, abusarás de nuestra paciencia?

Pasaron hace ya tiempo los ocho años que el pueblo te concedió para que dirigieras los destinos de la nación. Terminó tu mandato y, lejos de volver a la honorable actividad de la que te había sacado el ejercicio de la política, has seguido, a contracorriente en muchas ocasiones, inmiscuyéndote en los asuntos del país, con más daño que provecho.
Tuviste la desdichada idea de acogerte a la perversa amistad de los dirigentes de naciones al otro lado del mar, con los cuales poca o ninguna ligazón de intereses nos unía, dejando de lado a nuestros vecinos; optaste por defender los de aquellos y comprometiste a nuestro país en una absurda guerra cuyas consecuencias fatales aún sufrimos.
Razón tenías, sin embargo el día en que proclamaste ante el pueblo tu libertad para beber lo que se te antojara. Y sospecho, a juzgar por tus hechos más recientes, que en más de una ocasión ha sido el áspero vino de irisados tonos quien encamina tus pasos, más que la cordura de que hiciste gala en lejanos tiempos. Y no vino mezclado con agua, especias y miel en la crátera de muchas asas, como ha sido norma de buen gusto y legado de nuestros maestros griegos, sino el duro vinazo sin rebajar de tus estepas natales.
No sentiste empacho alguno en mentir a toda la ciudadanía desde el ágora señalando culpables fingidos cuando sabías a ciencia cierta que los terribles atentados del transporte eran obra de enemigos foráneos. Y mantuviste la falacia junto con tus seguidores, más domesticados que dignos, hasta que el pueblo sabio te descabalgó del poder tan arteramente detentado. Las consecuencias de aquellas mentiras alimentan todavía rescoldos vergonzosos, en cenáculos mínimos de nostálgicas lenguas envenenadas.
Y, ya rondando la ancianidad, en lugar de retirarte a los honorables predios, fruto seguramente digno de tu larga carrera política, a vigilar el estado de tus cuentas, la salud de tus deudos y el recuento feliz de tus cosechas abundosas, sigues afanado en la necia prédica estéril, denostando a los gobernantes de tu patria, incluidos los de tu propio partido, que con mayor o menor acierto cumplen, hasta que su mandato expire, la misión que democráticamente les encomendó la ciudadanía.
Escucha, ¡Oh José Mari!, esta voz que con otras muchas se levanta para rogarte que recapacites y, en compañía de tu buena esposa cuyo buen hacer se demostró de forma palpable distinguiendo con claridad entre peras o manzanas y arropando en amoroso arrullo  a la tigresa del Manzanares, dejes sin tardanza el sendero espinoso de la crítica acerva, con frecuencia envenenada; abandones el ejercicio de la política a los que el pueblo ha encomendado tal menester, deseches para siempre el rictus de permanente enojo, el pelucón trasnochado y la forzada sonrisa chaplinesca, ora con bigote, ora sin él, para retirarte al sosegado reposo de los campos que antes te recomendaba, a ver crecer los alegres nietecillos disfrutando del abuelo bonancible y cariñoso que merecen. Allí podrás seguir cultivando sin empacho el gallardo cuerpo que la extenuante práctica de la gimnasia te ha deparado.
Si así lo haces, la Historia y tu nación te lo agradecerán; si no, acabarás convertido en el monigote de guiñol cuya trasmutación iniciaste hace ya tiempo.

martes, 4 de octubre de 2011

LIMONEROS MUERTOS


He oído decir que la Comunidad de Murcia es la que mejor gestiona el agua de toda España, tanto en la forma de los regadíos, que utilizan las técnicas más novedosas de goteo, como en la recuperación de aguas residuales, depuración, etc. Y debe ser verdad, porque ni los políticos mienten ni los periodistas reflejan en sus escritos otra cosa que no sea la realidad. Yo, seguramente debo ver visiones porque en la zona del pantano de Santomera donde vivo, se sigue, en buena medida, regando a manta (cuando llega el agua, negra, salitrosa y pestilente) por canales de ladrillo y argamasa construidos hace más de cuarenta años de los que escapa a borbotones a la más mínima ocasión. Y encima es cara. Dicen que hay un proyecto para instalar el riego por goteo en toda esta Vega Media. Seguro que lo hay.
Las parcelas son pequeñas, entre 5 y 20 o 25 tahúllas, la gran mayoría cultivadas directamente por sus propietarios que las compraron con penas y fatigas en los años 70-80 haciendo realidad el sueño campesino de “tener un roalico de tierra”. Se plantaron limoneros, cultivo para el que esta zona resulta extraordinariamente benigna y a base de trabajo incesante, riegos y escardas, les sacaron algunos años sus buenas perricas.
Pero cambiaron las cosas. Empezó a escasear el  agua y más que faltar, cundió  el pánico de que faltara gracias a las campañas en que se enzarzaron los políticos, tirando cada uno para su lado. El caso es que el limón empezó a tener menos salida en los mercados internacionales que buscaron otras alternativas ante el temor de la escasez, los precios a bajar... y llegó la crisis general, que aquí se hizo particular. Los huertos que habían empezado a abandonarse ante las expectativas de los “resorts” que iban a pagar la tierra a millón, fueron la punta de lanza a los que han seguido muchos más, que sus propietarios han dejado de  cultivar por falta de medios.
El limonero no es como el pino o la olivera, que sin riego pueden sobrevivir muchos años aprovechando las lluvias por escasas que sean. El limonero, es un árbol “artificial” como un niño al que no se desteta jamás; si se deja abandonado a su suerte, en un año el deterioro es irreversible y poco después se seca por completo. Y cuando el huerto deja de producir para pagarse los gastos necesarios un año tras otro, el agricultor no tiene más remedio que restringirle los cuidados (riego, abono, escarda, etc.), con lo que se entra en un círculo vicioso: a menos cuidaos menor producción, a menor producción, menos cuidados, etc. El final está próximo.
A este ritmo, más que faltar, sobrará agua para todos, al menos en esta zona. Basta pasear por los huertos para ver las plantaciones abandonadas, la cosecha de limones en el suelo, esparciendo su olor acido de podredumbre donde antes se olía a azahar. Y los arboles secándose lentamente, convertidos en montones de roña entre los que resulta imposible transitar.
Las malas hierbas se han ido adueñando de los huertos dejados a su suerte (la naturaleza no tarda en volver por sus fueros) y en verano lo que era frondosa huerta, se convierte en una especie de sabana africana poblada por arboles espectrales y hierbas secas, paraíso de roedores y culebras. Y nadie hace ni dice nada. Seguimos oyendo discursos sobre el agua y su aprovechamiento que suenan como si se refirieran a otro país situado no se sabe dónde, mientras aquí la huerta va desapareciendo sin que se vislumbre alternativa alguna para las tierras que ya han quedado yermas. El estúpido cartel de “Agua para todos” sigue desprestigiando de forma vergonzosa la digna fachada del ayuntamiento de Murcia, que es de todos, no solo de los políticos sectarios.
Cuando se echa la vista atrás y se advierte como ya a principios del siglo pasado, Vicente Medina reflejaba en “La cansera” una triste situación de abandono que nos parece estar reviviendo ahora, el desencanto hace que uno se pregunte, en que otras cosas habremos avanzado, porque en esto de la tierra, no.

martes, 27 de septiembre de 2011

BONOBOS

Fernández, el autodidacta con veleidades de científico, suele leer mis artículos con espíritu demasiadamente critico (algunas veces sospecho que envidia la  facundia que en ellos hago gala  y la versatilidad alígera de mi pluma). No pierde ocasión de corregirme cuando logra encontrar terreno abonado (lo que, por otra parte, no resulta difícil).
Después de leer mi escrito sobre los monos aulladores en el que citaba de forma muy colateral a los bonobos (de los que confieso no tener más que referencias superficiales), se lanzó a mi chepa como águila perdicera sobre desprevenida avecilla:
-     No me sorprende que trates a esa especie tan interesante, por cierto antepasados nuestros de la misma línea que chimpancés, orangutanes o gorilas –con permiso de los Testigos de Jehová-, con la frivolidad que te caracteriza. Sepas que, según noticias fidedignas de mi amigo John, que es un autentico experto en ellos, los bonobos (Pan panisus), con una población de unos 10.000 especímenes siempre en descenso, viven exclusivamente en la zona comprendida entre el rio Congo y el Kasai, uno de sus afluentes, en el parque natural de Salonga. Los pobres lo tienen muy crudo porque constituyen un bocado exquisito para las poblaciones de la zona, que los tienen al borde de la extinción.
Eran una especie prácticamente desconocida hasta 1928 en que fueron descubiertos por Harold Coolilidge, que en principio pensó que eran chimpancés poco desarrollados. En los años 80 fueron estudiados por Nancy Thompson-Handler en el Zaire: andan erguidos el 25% del tiempo que pasan en el suelo y comparten el 98 % del ADN con nuestra propia especie, de manera que somos más que primos hermanos suyos. Se caracterizan por haber logrado un sistema de integración social en el cual las relaciones sexuales juegan un papel preponderante, ya que las usan para todo: como saludo, como método de resolución de conflictos, de reconciliación tras los mismos y como forma de pago por la comida, tanto entre machos como entre hembras. Son los únicos primates (aparte de los humanos) que han sido observados realizando toda clase de actividades sexuales: sexo genital cara a cara, (hembra-hembra, hembra-macho, macho-macho), besos con lengua y sexo oral entre machos y entre hembras. Estas actividades tienen lugar tanto en la familia inmediata como entre los miembros periféricos del grupo, sin que se formen relaciones estables con parejas individuales. La única excepción, parece ser el de las madres con hijos ya adultos, por lo que algunos observadores han llegado a la conclusión de la existencia de ciertos tabúes entre ellos.
A pesar de la enorme frecuencia de la actividad sexual de forma indiscriminada, su tasa de reproducción no es mayor que la de los chimpancés comunes. Las madres cuidan de sus crías y las alimentan durante cinco años, lo que fija la cadencia del periodo de reproducción, pero recuperan la capacidad de relación sexual después del parto y practican el sexo sin finalidad reproductora (única especie que comparte esa característica con los humanos). Incluso cuando los animales son estériles o demasiado viejos para la tarea reproductiva, continúan practicando sexo con asiduidad, lo que parece redundar en su buen estado de salud.
Las hembras tienen un tamaño mucho más pequeño que los machos (claro dimorfismo sexual), pero un estatus mucho mayor. Los encuentros agresivos entre machos y hembras son raros y estos se muestran tolerantes con las crías de cualquier edad. El estatus que un macho tiene en la tribu es el heredado de su madre y su vínculo con ella se mantiene toda la vida. Existen jerarquías sociales, pero el rango de cada individuo no le concede a este un lugar preponderante en el grupo.
Es una de las especies más pacificas y no agresivas de mamíferos que viven en la tierra: han desarrollado vías para reducir la violencia que abarcan toda su sociedad y demuestran que la razón violenta de la evolución no es inevitable. Son el autentico ejemplo práctico del famoso dicho “hagamos el amor y no la guerra” que podría traducirse por “seamos bonobos”.
-     Caramba, Fernández, no acabas nunca de sorprenderme. Eso sí que son buenas relaciones sociales, y no las que tenemos nosotros. Me dan envidia esos animalicos que no lo parecen. Imagínate lo bien que nos podría ir si convenciéramos a nuestros políticos (miembros y miembras) para que en vez de pasarse la vida en estériles peleas, se pusieran a hacer el bonobo, todos entre sí, sin mirarse el carnet siquiera.
-     ¡Imposible es y me da alegría pensarlo!
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